Sucedió el pasado viernes 30 de octubre, en la cumbre o Alianza por Santander, que sentó a dos ministros de Estado: Elsa Noguera, de Transporte, y Jaime Andrés Beltrán, de Vivienda, frente a la dirigencia más representativa de nuestro departamento de Santander. Mientras adentro se debatía el futuro, afuera, en una sencilla sala de diálogo informal, un paisano advierte sin ambages que nos debatíamos en silencio, porque nadie habla de una “Alianza por Bucaramanga”. Así empezó lo que sería un diálogo más serio, pausado y amable, que sin cita fue creciendo en audiencia, hasta que se acabaron las sillas, pero no el interés, por aquello que ya está sobre-diagnosticado.
Se nos fueron las horas, varios sorbos de café, de agua pura y hasta un recreo sin agenda; parecíamos parientes afuera de una sala de espera, atentos a saber si era hombre o mujer la nueva criatura. Aunque la cita era específica, guardábamos la esperanza de poder ser notificados por nuestro alcalde Cristian Portilla, si la bonita ya había entrado a “trabajo de parto”. ¡Qué paridera!
Nadie en la tertulia sabía que el alcalde no había asistido a la cumbre. Un chismoso con camiseta de nuestro amado leopardo se acercó y lanzó la granada sin seguro.
Entonces, todos en una sola voz recordamos al genial Roberto Gómez Bolaños… “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”. Que alguien se ponga el disfraz de alcalde (aunque la fiesta es mañana), fue la otra voz. La incertidumbre se apoderó de todos nosotros y ya las sillas no las ocupaba nadie; de pie, nerviosos, desalentados, desandábamos el pasillo, porque el doliente natural de nuestros padecimientos urbanos estaba ausente del diálogo ciudadano con dos ministros de Estado, con los cuales era urgente hablar sobre agua, urbanismo, vivienda, movilidad, conectividad, etc. (Santo Dios).
Al instante, pensamos en instalar un dron, que no es otra cosa que un chismoso mudo, o acudir a la inteligencia artificial para clonar un alcalde, porque el disfraz y el Chapulín “no dieron pie con bola”.
La verdad, necesitábamos un doliente de carne y hueso, no una caricatura ni un icono de televisión dominguera. Adentro estaba el director ejecutivo de Prosantander, Juan Pablo Remolina, y decidí escribirle al WhatsApp.
Estimado lector: Por unas horas, Bucaramanga tuvo un alcalde de arraigo empresarial que pidió la palabra, se puso de pie y habló sin pausa, con cifras, con autoridad, sobre el futuro de la bonita, frente a los ministros de Vivienda y Transporte. ¿Será esto una premonición?
Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.












