Columna de opinión de Alberto Montoya Puyana
Esta es la insólita historia de un proyecto que nació hace un lustro, con el objeto de potenciar el desarrollo de Lebrija, limitado por falta de disponibilidad de servicio de acueducto y deficiencias en la prestación del mismo.
Veamos: en el año 2017 se celebró un convenio entre Findeter, Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, ESANT y el municipio de Lebrija para ejecutar el proyecto: “Optimización del acueducto de Lebrija” que, en esencia, es un convenio para que la empresa de acueducto de Bucaramanga suministre a Lebrija 150 litros por segundo de agua. El Departamento aportó $21 mil millones provenientes de Isagen. Eran los tiempos del Gobernador Didier Tavera y el Gobierno Nacional quiso que el proyecto lo liderara Findeter. Los diseños fueron elaborados por el ingeniero Mario Torres Macías, prenda de garantía por su especialidad en este campo.
En el 2019, Findeter adjudicó la obra por $18.400 millones y la interventoría por $1.200 millones, otorgando 2 años de plazo para su ejecución. Apenas inició la obra, el contratista solicitó el primer rediseño y Findeter, sin consultar al ingeniero Torres, contrató este rediseño que obligó a la primera suspensión del contrato. Una vez aprobado el rediseño, se amplió el plazo en cinco meses y el valor en $500 millones. Meses después se solicitó otro rediseño que, en esencia, consistió en cambiar las especificaciones de la tubería de conducción. Se cambió de tubería metálica (hierro dúctil) a fibra de vidrio (GRP). Ya estábamos en el 2022 y, para la fecha, encontraron que la empresa que les iba a vender el agua no estaba en el convenio y tampoco la empresa que la recibiría, EMPULEBRIJA. Se modificó el convenio y las vincularon. El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga pidió revisar los rediseños y conceptuó que por ningún motivo aceptaba la tubería en fibra de vidrio y que debía colocarse la originalmente especificada en hierro dúctil, además, rediseñar nuevamente. Para esa fecha, 2023, ya iban tres rediseños, cuatro suspensiones y la necesidad de $5 mil millones adicionales.
Por fin, con nuevos miembros del convenio y líos técnicos superados, llegó el año 2024 y para construir la nueva conducción que va desde el tanque ubicado en La Rosita con 22, baja por la calle 45 hasta el barrio Campohermoso, y como se requiere el permiso de rotura de pavimento, arrancó un nuevo calvario. Con Gobernador empujando y Alcalde autorizando, van seis meses y no ha sido posible que mandos medios del municipio otorguen el permiso de rotura de pavimento. Lo fácil lo han vuelto tan difícil que parece imposible lograrlo y, con su indolente conducta, no les importa quien pierde. A hoy, el proyecto necesitará $15 mil millones adicionales.
Hmmmmmm QUEDAMOS EXPECTANTES.











