Dice la canción que Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía. Pues en Santander y en Bucaramanga, tenemos un general en la gobernación y nuestro propio “Bukele” en la alcaldía, pero la seguridad va de mal en peor.
Y para ser justos, probablemente la proliferación de bandas criminales entre las que se destacan “Los del Sur” o “Los de San Rafa”; el aumento de la extorsión y el sicariato, está relacionado con una nueva fase del conflicto en el país caracterizada por una mayor urbanización de la violencia; fragmentación de las organizaciones y un mayor peso de estructuras criminales transnacionales como Tren de Aragua o los AK-47.
De acuerdo con un informe divulgado por la corporación Compromiso, en 2024 hubo un total de 235 homicidios en la modalidad de sicariato de los cuales 110 ocurrieron en el área metropolitana y 65 en Bucaramanga. Al tiempo que en el primer trimestre de este año ya vamos en cerca de 30 casos de sicariato en la capital santandereana.
Detrás de este inédito patrón de violencia en la ciudad está seguramente, la disputa entre las estructuras del hampa local por el control del microtráfico en el área metropolitana que se agudiza con las amenazas en septiembre pasado de alias “Manchado” ex cabecilla de “Los Manchados” grupo delictivo desarticulado en 2021.
Además, para la delincuencia organizada y los grupos criminales transnacionales, Bucaramanga resulta estratégica en cuanto conexión entre la zona de frontera, el centro y el norte del país. Al tiempo que sobre el área metropolitana gravita el peso de las disputas entre Clan del Golfo, disidencias de la FARC y el ELN por la coca del Catatumbo y el Sur de Bolívar.
Frente a esta consolidación de la amenaza del crimen organizado en lo regional y local preocupan los pocos resultados del Plan Candado, la demagogia del alcalde Beltrán con el tema de la seguridad y la estrategia de “seguridad multidimensional” del gobernador cuyo único resultado tangible por lo visto, ha sido un improvisado tributo cuyo precario fundamento legal es directamente proporcional a su inconveniencia.
Ojalá el gobernador que ahora anda en taxi y el alcalde Beltrán, dejen el performance y entiendan que deben ponerse a trabajar con los instrumentos legales a su alcance y los recursos del FONSET al tiempo que coordinar acciones con el gobierno nacional, porque la amenaza que se está tomando a Bucaramanga y al departamento no da espera.












