La noche en que el “pinochetista” Kast ganó las elecciones en Chile, un eufórico Milei publicó en sus redes un mapa en el que aparecían Brasil y los demás países suramericanos gobernados por líderes progresistas como una gran favela. Mientras Argentina y las otras naciones con presidentes de derecha, eran representadas con ciudades futuristas.
En algo el mapa de Milei tiene razón; hay dos Américas. Una gobernada por líderes como él, Trump y Novoa que pese a tres décadas de fracaso, insisten en ver la economía desde la “teoría del goteo”. Es decir, gobiernan para los ultrarricos esperando que unas gotas de la riqueza que concentran, terminarán derramándose hacia los más pobres.
En la otra América, lo que vemos hoy no es un desbordamiento de la pobreza y la desocupación, sino crecimiento económico; control de la inflación y creación de empleo resultado de la aplicación de políticas de corte keynesiano.

A diferencia de Milei, presidentes como Lula, Sheinbaum y Petro, ven a los pobres no como problema sino como parte de la solución. De esta manera sus políticas públicas se orientan a incentivar la demanda permitiendo que los sectores populares tengan capacidad de compra y al aumentar su consumo impulsen la productividad y el empleo.
Es así como en Brasil, México y Colombia se observan esfuerzos significativos por mejorar el salario mínimo. En el caso mexicano el incremento durante los años 2020, 2022 y 2023 fue en promedio del 20% y de modo similar a López Obrador, la presidenta Sheinbaum ha mantenido un aumento de dos dígitos. Desafiando los dogmas de la Escuela de Chicago, rabiosamente defendidos por los “libertarios” y las tensiones comerciales con Estados Unidos, la mexicana es una de las economías con menor desempleo a nivel mundial. En Brasil, el desempleo está en mínimos históricos del 5,2%.
Colombia la otra economía importante de la América keynesiana, tuvo según el ranking de The Economist, el cuarto mejor desempeño a nivel mundial en 2025. Y es lógico que el gobierno mantenga su política de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores con un aumento acumulado del 60% como una de las herramientas para combatir la desigualdad e impulsar la economía. Pese al escenario de desastre que pintan muchos medios de comunicación, políticos y líderes gremiales, la evidencia de los últimos años en México, Brasil, Colombia e incluso en España, le está dando la razón a Keynes no a Friedman.









