Trump asumió un riesgo excesivo porque pese a su poder no puede tener certeza si Irán, lejos de renunciar a la posibilidad de utilizar el uranio enriquecido, que al parecer posee, para fines bélicos podría más bien, acelerar el desarrollo de armas nucleares como un medio de disuasión frente a Washington y Jerusalén.

Antes de los 15 días que dijo se tomaría para decidir la entrada de Estados Unidos en el conflicto entre Irán e Israel, Trump ordenó atacar a Irán. Con esto el presidente republicano no solo incumplió una de sus promesas de campaña sino abrió una verdadera caja de pandora.
Su ataque sobre las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahan usando las poderosas bombas ‘bunker buster’ con el que secundó la ofensiva de Israel, son una evidencia del abrumador poder militar estadounidense al tiempo que ejemplifican lo que Clausewitz llama fog of war o niebla de la guerra.
Esta niebla no solo muestra lo difícil de tomar decisiones racionales ante la incertidumbre, la imprevisibilidad y la información insuficiente sobre las intenciones del adversario en medio de un conflicto militar, como lo muestra el documental de Errol Morris sobre la crisis de los misiles en Cuba. También, revela que, en la guerra, la verdad es la primera víctima; pues todo indica que como en la invasión a Irak en 2003, esta vez tampoco había pruebas de que Irán estuviera cerca de tener una bomba nuclear, como lo ha venido sosteniendo Netanyahu desde 2012.
Como cabeza de la primera potencia militar global Trump ordenó un ataque sin saber con claridad en qué estado estaba el programa nuclear iraní, contrariando incluso las informaciones de inteligencia estadounidense que hasta el mes pasado no encontraron evidencia de un proyecto activo para construir una bomba atómica. El presidente norteamericano atacó sin saber cuál sería el impacto real de sus bombarderos B-2 sobre las instalaciones nucleares iranies y aunque afirmó haberlas “destruido totalmente” hoy se sabe por informes de prensa que no es así.
Trump asumió un riesgo excesivo porque pese a su poder no puede tener certeza si Irán, lejos de renunciar a la posibilidad de utilizar el uranio enriquecido, que al parecer posee, para fines bélicos podría más bien, acelerar el desarrollo de armas nucleares como un medio de disuasión frente a Washington y Jerusalén. Ni siquiera Trump puede controlar en este contexto los próximos movimientos de su aliado Israel.
Después de su ataque del sábado el futuro de este conflicto ya no está solo en manos de Trump pues este depende de factores y actores que no controla porque en la “niebla de la guerra” el poder de un presidente es limitado; incluso si se trata del gobernante de la principal potencia militar del mundo.












