jueves 29 de octubre de 2020 - 12:00 AM

El ejemplo chileno

Los chilenos salieron a las calles para gritar que una sociedad en donde la salud, la educación y las pensiones son un negocio privado no puede ser viable.
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La sangrienta dictadura del general Pinochet, apoyada por las élites nacionales y Washington, e inaugurada el 11 de septiembre de 1973 sobre las cenizas del demencial bombardeo de los militares chilenos a un presidente electo democráticamente, buscó instaurar el neoliberalismo en Chile y en Latinoamérica.

Durante más de cuatro décadas, el país estuvo a la sombra del tirano, mientras los jóvenes chilenos adinerados que pasaron por la Universidad de Chicago en los sesenta aplicaron a sus anchas la versión más radical del libre mercado, fue vendido internacionalmente como la “tierra prometida” para las naciones que abrazaran el dogma, según el cual “el mercado siempre acierta”.

Hasta que hace justamente un año, los chilenos salieron a las calles para gritarle de una vez por todas a Piñera y al mundo que Friedman y sus “Chigago boys” estaban rotundamente equivocados; que una sociedad en donde la salud, la educación y las pensiones son un lucrativo negocio privado no puede ser viable.

Esa misma sociedad cansada de la injusticia, pese a la pandemia, fue el domingo pasado a las urnas para poner fin a la Constitución del dictador, la misma que había convertido a su país en el único en el mundo donde las aguas son propiedad de empresarios millonarios y transnacionales; que dejó sin derechos a los niños, a los trabajadores y a los mapuches.

La gente eligió construir un nuevo pacto político mediante una asamblea que será elegida popularmente en su totalidad dentro de seis meses y estará integrada con paridad de género. Ese Chile que hoy ha conquistado la gran oportunidad de dejar atrás un modelo egoísta, debe inspirar a las fuerzas sociales y políticas que en Colombia también abogan por una transformación verdaderamente incluyente y democrática que permita la construcción de la paz. En Chile y en Latinoamérica retumban hoy las últimas palabras de Allende: “Mucho más temprano que tarde de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Al fin y al cabo, como lo demuestran el despertar chileno y boliviano, los procesos sociales no se pueden atajar ni con el crimen ni con la fuerza.

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