Columna de opinión de Johanna Cárdenas
El reciente Índice de Competitividad de Ciudades 2024 reveló una realidad desafiante para Bucaramanga Área Metropolitana (AM): no solo no mejoramos nuestra posición en el ranking nacional, manteniéndonos en el sexto lugar detrás de Bogotá, Medellín AM, Tunja, Cali AM y Manizales AM, sino que, además, bajo la nueva actualización metodológica nuestra puntuación pasó de 6,31 a 6,11 puntos sobre 10; lo que no es menor considerando que el actual gobierno municipal se comprometió a mejorar esta calificación y llevarla a los 6,47 puntos para 2027.
Este panorama deja claro que, si queremos avanzar en el desarrollo competitivo de nuestra región, debemos abordar dos aspectos críticos que hasta ahora hemos descuidado: la institucionalidad y la articulación regional.
Más allá de lo que refleje un índice, lo que realmente necesitamos es un liderazgo institucional capaz de consolidar una visión estratégica de desarrollo económico a largo plazo. Todas las ciudades que nos superan en el ranking han apostado por una institucionalidad sólida, a través de secretarías de desarrollo económico que no solo promueven políticas estructurales dirigidas a incrementar el crecimiento, la productividad y la competitividad, sino que también generan empleo de calidad, fortalecen el tejido empresarial y fomentan la innovación; a la vez que mejoran estos indicadores. Bucaramanga no puede quedarse atrás. Contar con una entidad dedicada a liderar estos esfuerzos y que establezca conexiones sólidas con el sector privado y académico, permitirá coordinar recursos, construir políticas inclusivas y realizar un seguimiento riguroso al desarrollo económico de la región. En la ciudad la falta de una secretaría de este tipo genera un vacío evidente, y sin este liderazgo claro, los esfuerzos se dispersan en agendas sin un enfoque estratégico.
El segundo gran desafío es la articulación regional, un concepto del que se ha hablado mucho, pero que aún no se refleja en metas concretas. Mientras Bucaramanga se ha propuesto mejorar su competitividad, Floridablanca, Girón y Piedecuesta no han asumido el mismo compromiso en sus planes de desarrollo. Esto limita gravemente nuestro potencial, ya que el índice evalúa a Bucaramanga como un área integrada a estos municipios.
Es urgente que todos los municipios trabajen en una estrategia conjunta. No podemos seguir avanzando como entes separados si queremos competir a nivel nacional. Es necesario trazar un plan común con metas compartidas y compromisos formales. Esta articulación debe ir más allá de declaraciones retóricas. El área metropolitana de Bucaramanga tiene el potencial para estar entre las ciudades más competitivas del país. Para lograrlo, debemos transformar nuestra visión y forma de abordar el desarrollo económico, impulsando cambios fundamentales en nuestra forma de organizarnos.












