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Carlos de Hart
Domingo 17 de noviembre de 2024 - 01:59 AM

Progresismo decadente

Dicha agenda es la ‘progresista’ o ‘woke’ que terminó permeando las toldas demócratas y que ha tomado control de su discurso.

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En el pasado reciente he dedicado varias columnas a los falsos dilemas y debates que ha venido planteando el extremismo progresista -camuflado dentro de la izquierda democrática- en Colombia y en el mundo entero, y que tanta división y odio ha generado en la sociedad.

Argumentaba también que de seguir así y no entender las verdaderas necesidades y reclamos de las mayorías, la izquierda seguiría transitando un camino que la podría llevar a su autodestrucción.

Pues bien; la contundente victoria del Partido Republicano (PR) en las pasadas elecciones del 5 de noviembre en USA, después de que se pensaba que iban a estar muy reñidas e, incluso, que Kamala Harris ganaría, refuerzan esa hipótesis. El triunfo de Trump en términos de votos ciudadanos fue holgado (ganando terreno en todos los grupos demográficos, excepto en el de las mujeres afroamericanas) y en términos de votos electorales, aplastante. Además, el PR se quedó con las dos cámaras del Congreso, las mayorías en la Corte Suprema de Justicia y gran parte de las gobernaciones de los 50 estados que componen la unión americana.

Estoy seguro de que muchos de los votantes de Trump no gustan de él. Pero si eso es así, ¿entonces por qué escogieron a ese candidato? Sencillamente porque sentían que no estaban eligiendo entre dos personas, sino entre dos visiones del mundo y de la sociedad completamente diferentes.

La gente se cansó de que unas minorías que reclaman unos derechos, pretendan reivindicarlos a costa y en contra de lo que la mayoría cree. Se hastiaron de que además intenten imponer sus ideas a la fuerza y que quieran doblegar a los demás a adoptar lo que muchos califican como una agenda absurda que va contra los valores tradicionales.

Dicha agenda es la ‘progresista’ o ‘woke’ que terminó permeando las toldas demócratas y que ha tomado control de su discurso.

El Partido Demócrata (PD) ha permitido que ese extremismo los aleje de las verdaderas necesidades y reclamos del pueblo, que prioriza su empleo, su estabilidad económica, su salud, su educación, la propiedad privada, la familia y la libertad. Y esto, a costa de ofrecer cosas que no demanda la mayoría, como el culto a la diversidad de géneros, el cambio de sexo de niños, el feminismo extremo, el “Affirmative Action” y el desdén por la propiedad privada.

Si el ya decadente PD no comprende eso y corrige su rumbo urgentemente, seguirá transitando hacia su autodestrucción.

Lo mismo sucederá en Colombia y en todos aquellos países en los que la izquierda democrática se ha dejado secuestrar por grupos radicales que pretenden imponer sus ideas a la brava y a través de un discurso populista-maniqueísta de odio y división.

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