Y lo que sí no le podemos perdonar al presidente es que la crisis en la que nos encontramos es una situación autoinducida por él mismo, en la medida en que deliberadamente paró en seco la posibilidad de explorar y explotar nuevos yacimientos de petróleo y gas.

Han sido motivo de burla durante las últimas dos semanas las declaraciones que dio el presidente Petro ordenando al ministro de Minas que Ecopetrol importara gas de Panamá a través de la red eléctrica.
Considero que siempre debemos procurar ser justos. Por lo tanto, debo decir que, aunque creo el presidente usó una sintaxis confusa, yo sí le entendí que no se trataba de importar gas vía cables eléctricos, sino que la intención sería transformar el gas en energía en Panamá para luego traerla a través de las redes eléctricas.
Sin embargo, aun comprendiendo el enredado mensaje de Petro, creo que se equivoca. Su ignorancia respecto a cómo funciona el sector productivo y el energético en general, le impide entender que las industrias y hogares que demandan gas, necesitan gas, no energía eléctrica. Hacer el tránsito tecnológico del uso de una fuente de energía a otra es extremadamente costoso y toma tiempo, haciéndolo en muchos casos inviable.
Y lo que sí no le podemos perdonar al presidente es que la crisis en la que nos encontramos es una situación autoinducida por él mismo, en la medida en que deliberadamente paró en seco la posibilidad de explorar y explotar nuevos yacimientos de petróleo y gas.
Renunciar a la seguridad y autosuficiencia energética con el argumento de salvar el planeta es una consigna populista, falaz y absurda, no sólo porque Colombia contribuye apenas con el 0,6% de las emisiones de carbono del mundo y tiene una de las matrices energéticas más limpias, sino porque para alcanzar la meta global de cero emisiones netas de carbono para 2050, ningún país de la tierra ha renunciado de tajo a sus fuentes contaminantes de generación de energía. En cambio, estimulan vigorosamente nuevas fuentes de generación de energía limpia y renovable que vayan aumentando progresivamente su participación en la matriz energética, al tiempo que promueven la reducción de emisiones asociadas a los combustibles fósiles mediante tecnologías de captura de carbono, reconversión industrial y medidas de compensación ambiental. Este modelo permite avanzar hacia un sistema sostenible sin comprometer la seguridad energética ni provocar crisis en sectores altamente dependientes del gas o el petróleo.
Lo anterior no implica perpetuar lo contaminante, sino usarlo como puente hacia un sistema más limpio, con reglas estrictas, límites temporales y metas claras.

Alcanzar la neutralidad en carbono no es un acto de fe ni puede seguir siendo un eslogan para hacer proselitismo político: es una tarea técnica, económica y social de largo aliento.
Mucho daño hace el socialismo disfrazado de progresismo al politizar temas que no deben estar contaminados por ideologías políticas, pues son de interés general y necesarios para nuestra supervivencia en el planeta, como también para nuestra subsistencia como Nación.











