Publicado por: Cesar Gonzalez Muñoz
Causaré indignación en ciertas almas patrióticas: yo sí creo que la justicia y la libertad han tenido un avance cierto con los últimos acontecimientos en el trámite del TLC con Estados Unidos. Después de siete años de ires y venires, silencios y dilaciones, ahora parece que el nudo se desata mediante un "programa conjunto" de rescate y promoción de la decencia en el régimen laboral y en la protección de los derechos sindicales en Colombia.
Afortunada paradoja: el TLC ha producido un resultado positivo concreto para un sector social radicalmente opuesto a este acuerdo llamado de libre comercio. Los compromisos que adquirió el gobierno en materia laboral y de protección a los derechos básicos podrían ser más importantes para Colombia que la gran mayoría de las cláusulas del Tratado. Si se aprueba finalmente en Washington, el TLC le va a doler a la sociedad colombiana en muchos puntos sensibles. Pero los dolores podrían compensarse en buena medida mediante una mejora notable en la calidad de la vida laboral. Esta es una excelente noticia, en una historia cubierta de ultrajes y de indiferencia en el ánimo de buena parte de la comunidad colombiana. Han de estar de plácemes los líderes de las precarias organizaciones de trabajadores. Y han de estar preparándose también para asumir la conducción seria y ponderada del movimiento social.
Los devotos del TLC se torcían de indignación ante el continuo desdén de la contraparte. Ahora otros comentaristas ven ultrajada la dignidad nacional por cuenta de la manera como el gobierno de Estados Unidos "le impone" estos compromisos al gobierno colombiano a guisa de "si quieres marrones, aguanta tirones". Esta indignación es prueba de la liviandad con que la cúpula social observa el mundo sindical, sus agobios y tragedias. ¡Qué va! La dignidad nacional ha sido largamente ofendida, a la vista del mundo, por la violencia de la vida en Colombia. Venga de donde venga el impulso, lo que importa es que Colombia introduzca factores de respeto y compasión por su gente. Es cierto que el telón de fondo de este "programa conjunto" es la disputa política interna de los gringos. Pero si aquí no ha habido suficiente poder ciudadano y sindical para poner las cosas en orden, pues bienvenida la intervención desde afuera. Fernando Pessoa dijo, mi patria es la lengua portuguesa. Digamos también que la dignidad humana no tiene bandera. Para que nadie se sienta tratado como un lacayo, hay que cultivar la auténtica dignidad nacional: La que proviene de vivir en un país apacible.
Ahora es más probable que el TLC pase por el aro de fuego del Congreso de Estados Unidos. Vamos a ver. Hay que repetirlo: no será una panacea, ni la roca que empuje al abismo a la economía nacional.










