Cuando Petro se exhibe en una tarima con capos y asesinos condenados “en rehabilitación”, explica que él está al lado del pueblo. ¿Son los malandros iconos de los hijos del pueblo?

El presidente Petro ama repetir que él está con el pueblo, y viceversa; que él representa a este pueblo sagrado que lo eligió y le concedió su poder.
Nada sorprendente si recordamos que Colombia es una democracia, o sea un “sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes”. La nuestra es una democracia representativa “que se ejerce a través de representantes elegidos libremente por los ciudadanos de forma periódica” e implica tres instancias de poder separadas.
Pero, “resulta y pasa” que el pueblo que ama y defiende Petro como presidente de Colombia, no es el “conjunto de personas de un lugar, región o país” sino exclusivamente el de la siguiente aceptación del diccionario: “gente común y humilde de una población.”

No hay ninguna duda acerca de los siglos de injusticia y desigualdad existentes entre los/as colombianos/as y en el mundo entero. Si bien suena un tanto populista, mamerto y simplista seguir hablando con un lenguaje dualista e incendiario de lucha de clases entre ricos y pobres; es cierto que el concepto de desarrollo socio económico actual y de siempre no favorece la equidad y menos la igualdad; además de ser fatal para el mundo y la humanidad.
Es obvio que se requieren cambios profundos y, como nadie deja sus privilegios “porque sí”, toca “presionar tantico”: con espadas, fusiles, bombas y drones, o con leyes y reformas.
Pero, el presidente que tanto habla del pueblo que ama y defiende no parece valorarlo tanto.

Según él, es un pueblo que no aprende y si quiere treparse al nivel de los ricos, es menester bajar las exigencias. Así para acceder al servicio diplomático o consular en el exterior, para democratizar los cargos, el presidente pretende reducir los criterios de selección: ni segundo idioma (tal vez porque cuando Colombia sea el Centro del mundo, el español será el idioma universal), ni estudios superiores (de dudosa autenticidad). Así que, un hijo de obrero sería incapaz de aprender inglés (que tampoco aprendieron el presidente y su primer ministro).
Cuando Petro se exhibe en una tarima con capos y asesinos condenados “en rehabilitación”, explica que él está al lado del pueblo. ¿Son los malandros iconos de los hijos del pueblo?
Amar y defender al pueblo y sus hijos es asegurar la educación, gratuita, pero también de calidad y competitiva para la educación superior y el trabajo. Que el ICETEX permita democratizar el acceso a los claustros universitarios “de los ricos”. Es ofrecer trabajos justamente remunerados, tiempo para disfrutar la vida y formarse para mejorar sus condiciones. Una reforma laboral sensata y aplicable y una cualificación de la enseñanza pública pueden más que envenenados discursos populistas y clasistas.











