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Donaldo Ortiz Latorre
Lunes 30 de diciembre de 2013 - 12:01 AM

El Arzobispo

Publicado por: Donaldo Ortiz Latorre

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Monseñor Ismael Rueda Sierra es un señor arzobispo que jamás sale de su curia, aquella que con tanto lujo arregló otro monseñor polémico cuando pasó por aquí, Darío Castrillón Hoyos.

El señor arzobispo Ismael Rueda, a diferencia del Papa Francisco, no sale a visitar a nadie, ni a los enfermos, ni a los presos, ni a los niños, ni a sus feligreses y sacerdotes, a los que tampoco recibe cuando lo desean visitar. El arzobispo no tiene tiempo y solo da órdenes encerrado en su torre de lujo, mientras la historia y la vida pasan por la ciudad llena de problemas humanos y no humanos.

A monseñor los sacerdotes no le tienen confianza y por eso no lo invitan a sus parroquias, además del hecho de que con todo aquel que no lo adula mantiene pésima o nula comunicación.

Lejos está monseñor Ismael Rueda de este Papa nuevo que se llama Francisco, cuando dice: “Hay que anunciar el Evangelio en cada calle, en cada rincón, llevar la palabra a los desconsolados”. ¿El arzobispo habrá alzado un niño enfermo? ¿Conoce el hospital y a esos enfermos llenos de úlceras y dolor? ¿Saldrá a visitar los ancianatos donde los viejos mueren en soledad y tristeza? Ojalá, y ojalá también no busque siempre los caminos disciplinarias ni la “seguridad” doctrinal como solución a los múltiples problemas del hombre moderno. Esa recomendación de alejarse del autoritarismo la hace el papa Francisco que aconseja escuchar las voces de los feligreses y de los sacerdotes que están muchas veces acongojados y aislados en su trabajo.

El arzobispo y muchos sacerdotes deberían asomarse, siguiendo las recomendaciones del Papa, a los problemas del ciudadano: los servicios públicos, la valorización que golpea a 128 mil ciudadanos (de paso, tampoco se ha escuchado la voz de la Sociedad de Ingenieros ni de la Sociedad de Arquitectos sobre el valor de las obras que se piensan construir y cómo hacerlas, y si esa “contribución” es la única vía), la indigencia, los problemas del día a día, la violencia intrafamiliar y a la pobreza que ronda esta ciudad a la que solo maquillan con “campañitas” para que se porte bien.

El nuevo aire del Papa para una iglesia cansada y cuestionada y llena de acusaciones sobre pedofilia y carteles de beneficios no alcanza a llegar a este país ni a esta ciudad a la que llaman “ciudad bonita”.

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