Sin embargo, continúa la “sistemática” improvisación: en el transporte, en la cultura ciudadana, en el manejo de su patrimonio cultural e histórico, en el manejo de recursos, en el manejo de la seguridad.
Donaldo Ortiz L.

La Asociación Cívica El Solar, con la presidencia de Óscar Martínez, la vicepresidencia de Erwin Ortiz Latorre y el apoyo del alcalde de la época, Carlos Ibáñez Muñoz, realizó en el Pasaje España seis Festivales del Arte y la Cultura por el Reencuentro Ciudadano, cada mes, con orquestas, ofertas gastronómicas, mercado de las pulgas y presentación de artistas callejeros, en uno de los mejores escenarios para el encuentro de ciudad. “…Porque la ciudad somos todos…” y Bucaramanga se “halla en ruta de borrarse a sí misma, de alejarse de toda identidad, de tachar su rostro humano”.
Tristemente ha pasado que ese rostro humano se desdibujó de la ciudad: se endurecieron los parques y se talaron, como si fueran enemigos, muchos árboles. Hay pocas ciudades que pierden el sol, que pierden el aire, que enturbian y acaban el agua, que es “Dios corriendo”, y Bucaramanga parece ser una de ellas. Ciudades que han perdido las estrellas (nadie mira ya al cielo).

Ojalá no sea demasiado tarde, pero ese sueño de la Asociación de hacer una ciudad digna y mejor para todos parece perdido. La manera de formar ciudad y recrearnos en ella es así: celebrando y engrandeciéndonos culturalmente.
Queremos una ciudad donde la imaginación vuelva a soñar, una ciudad pacífica, tranquila, donde podamos caminar, una ciudad ayudada por sus habitantes. Añoramos una ciudad acogedora, donde la noche no sea el escenario de la violencia. Una ciudad que no arrase su follaje, “derribando sus gorriones con sus salvas diarias de veneno”.
Sin embargo, continúa la “sistemática” improvisación: en el transporte, en la cultura ciudadana, en el manejo de su patrimonio cultural e histórico, en el manejo de recursos, en el manejo de la seguridad.

Seguimos con una municipalidad que no define, tampoco defiende ni difunde reglas que involucren a la comunidad en la preservación del patrimonio. El despojo es paulatino y constante, con la complicidad del municipio, que no da soluciones sociales. La comunidad tampoco busca soluciones para su entorno, para su barrio.
Necesitamos debates serios sobre la ciudad, sobre sus alternativas, sobre su necesidad de formar ciudadanos sabios. No sigamos dejando un testamento de aire sucio, sin cielo, sin flores, con ruido, con motociclistas que andan como Pedro por su casa.
Alcalde, el “Pasaje España” fue diseñado para esos encuentros humanos y lúdicos, y llevamos desde el improvisador alcalde Cárdenas hasta la fecha sin poder disfrutar de ese espacio peatonal, donde podrían desarrollarse cafés, librerías (aunque aquí no las valoren), música, sin terminar como “Cuadra Picha”. Del Parque de los Niños al MAB, allí terminaba con una exposición.
La ciudad no necesita grandes obras, sino pequeños gestos que sumen sentido. Un pasaje recuperado, una esquina habitada por la palabra, una noche sin ruido, una mañana con gorriones. La ciudad, como la memoria, también puede florecer.










