Publicidad

Donaldo Ortiz Latorre
Lunes 16 de junio de 2025 - 01:00 AM

“Brotan sueños...”

Recupere, alcalde, esa plaza y su laguna, y haga un gran parque. Sale más económico y mejor, después de tantos intentos fracasados de planificación.

Compartir

De vez en cuando los domingos, voy a las plazas de mercado de la ciudad y las paseo porque siempre alegra ver tanta abundancia y también tanta autenticidad en medio de frutas, verduras, flores, monedas viejas, variedades de ajíes, desde el rocoto hasta el “pajarito” (lo comen los pájaros, y de ahí su bello plumaje), así como un montón de plantas medicinales (la hierba que acerca el amor o lo aleja), que la gente utiliza para tratar esa condición de todo ser viviente: la enfermedad.

Hay en nuestras plazas tubérculos y aguacates inmensos, cebollas, ajos, canastos, hamacas, variedad de papas, frutas y el olor no solo de la guayaba, del cacao, de la panela y de las mieles, sino de toda la riqueza que nos da esta tierra, que por lo mismo nos da alegría y jovialidad. Uno se siente invadido de esas ganas de vivir que se encuentran en las plazas, donde la gente está dispuesta a servir y encontrar una solución a las necesidades del visitante.

Los vestidos son domingueros, son de colores intensos, y los peinados de todo tipo, como los zapatos. Unas mujeres se engalanan bellamente, y ríen, aceptan el piropo y el elogio. Miran con picardía y se alejan.

Encuentra uno de todo, desde la última moneda del Estado Soberano de Santander hasta una morrocota de oro. Cucharas de madera (ese noble material), tejidos, todo limpio y en orden. Y también ve uno la gente desayunando inmensos platos y variedad de caldos “levanta muertos”. Yo voy por mi cordero, pero no hay, y sigo con hambre.

La vida, señores y señoras, se regocija, se levanta, coge fuerzas entre esa riqueza de comida que allí se prepara, al punto que dan ganas de gritar: “¡Viva la vida!”, contrariando al general Millán Astray, que gritó en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, delante de doña Carmen Polo de Franco y contra Unamuno, su rector en 1936: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”

Pero sigamos mirando la vida y también mirando la olvidada Casa de Mercado San Mateo, incendiada en 1978 cuando estallaron 20 cilindros de gas. Fue la primera plaza cubierta del país, que funcionaba desde 1895. ¡Afortunada Bucaramanga! Pero hoy, a su alrededor y desde esa época, vive abandonada y sucia. También hay que hablar de ello. Ventas ambulantes de todo tipo y basuras.

Recupere, alcalde, esa plaza y su laguna, y haga un gran parque. Sale más económico y mejor, después de tantos intentos fracasados de planificación.

Mientras recorro las plazas, pienso en la frase de Kazantzakis: “Al hombre le damos pescado, pan, vino, queso y de él brotan sueños, poesía, risa y llanto”. Ojalá haya más y mejores plazas para eso.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día