
Publicado por: Gonzalo Gallo
Jalal al Din Rumi fue un gran místico musulmán del siglo XIII y fundador de una cofradía de derviches en Persia.
En esa cultura el derviche es quien vive una pobreza mendicante y ascética, desapegado de lo material.
Fue un inspirado poeta y un maestro sufi centrado en vivir y predicar la unidad con Dios, el Amado.
Más conocido como Rumi decía que la mayoría de las almas están dormidas y que el papel de un Maestro es despertarlas.
“En el mundo sólo hay una cosa que no se puede olvidar: Crecer en el amor”, dice en uno de sus manuscritos.
Hablando en nombre de Dios el Amado decía: “He creado las cosas para ti y a ti te he creado para Mí”.
Y Agregaba: “A donde quiera que vuelvas el rostro, allí están la Faz y el amor de Dios.
Quien se enamora de Dios vence todas las dudas y se vuelve humilde, bondadoso y paciente”.
Según un cuento egipcio un ataúd examina su realidad y después de pensar mucho habla así:
“Quien me hace, me abandona; quien me compra, no me usa; quien me usa no me ve ni me valora”.
Hace años entré por un rato a un ataúd para tener una sensación inesperada, La verdad, no lo recomiendo.
Es que me gusta vivir experiencias que se salen de lo común y que siempre te dejan valiosas lecciones.
Es bueno tomar la vida como una aventura en la que exploras cosas nuevas y te atreves a hacer lo que a otros les da miedo.
De niño arreglaba las flores en las tumbas altas de un cementerio y ayudaba al sepulturero a sacar los huesos de ataúdes podridos.
Eso me ayudó a no tenerle miedo a la muerte y a verla como un simple paso entre vidas.
Recuerdo al sabio amigo Álvaro Pío Valencia de Popayán a quien le pregunté ya anciano.
- ¿Y cuándo llegue la muerte que hará?
- Sacarla a bailar, fue su hermosa respuesta.












