Publicado por: Gonzalo Gallo
Mateo nació en un hogar de bajos recursos y allí creció con su madre Stella, su hermanita menor y la abuela materna.
El padre abandonó el hogar muy pronto y ya de 11 años, el niño quería darle a su madre un regalo en Navidad, pero no tenía dinero.
Entonces decidió regalarle algo mejor que un objeto y le envió este escrito en un sobre que adornó con lindos colores:
“Mami, me dijeron que tu nombre significa estrella y te amo, porque eso es lo que eres para mí y mi hermanita: una luz hermosa.
Mi aguinaldo es decirte que te quiero con todo mi corazón y portarme bien como me lo has enseñado.
Un día tuve la tentación de hacer algo malo para que fuéramos ricos, pero un angelito me dijo esto en un sueño:
‘Ustedes son ricos, porque se aman y se tienen el uno al otro’. Mami, nuestra casita estrecha es un pesebre.
Un lugarcito humilde, pero tan acogedor como el de Jesús, porque está lleno de amor, paz y luz. Te amo.
Cuando la madre leyó esto lloró y dijo: Es mi mejor Navidad.
Hace muchos años en una iglesia el sacerdote decidió dar una lección inolvidable a sus fieles.
El 24 de diciembre, cuando las personas fueron al templo, se sorprendieron ante lo que vieron en el pesebre.
Al lado de la cunita para el Niño Jesús se veía otra y en ella reposaban varios billetes y unas monedas.
Surgieron variados comentarios y también voces airadas de los que vieron eso como una falta de respeto.
En la misa nocturna todos estaban expectantes para ver que decía el padre, pero este hablo sereno y llamó a varios niños.
Les habló con amor y les dijo: “Dios habla a través de ustedes, piensen que significa lo que ven en el pesebre”.
Entonces Angélica de 6 años habló delante de todos en el templo y dijo con seguridad y con amor:
“El padre nos está diciendo que para muchos su Dios no es Jesús sino el dinero y lo material, y yo creo que tiene la razón”.













