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Luis Ernesto Ruíz
Miércoles 04 de febrero de 2026 - 05:53 PM

Los excesos y estilos de la discursiva presidencial generan recuerdos

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Para los jóvenes de hoy, muy seguramente no recuerdan viejas historias que bien vale la pena recordar, cuando se pueden ir tejiendo puntas de recientes discursos de nuestro presidente Petro y se pueden lograr buenas cobijas que pueden arropar las facultades que dice tener nuestro mandatario en la cama.

Empiezo por contar la visita del presidente Gustavo Petro a Ecuador, con ocasión de la posesión del nuevo mandatario Daniel Noboa, la que terminó convertida en un episodio incómodo que aún hoy genera más interpretaciones que explicaciones. Tras asistir al acto oficial en Quito, el jefe de Estado colombiano se desplazó a Manta, ciudad costera que no figuraba en la agenda pública y donde permaneció un par de días en una residencia privada. La falta de información clara fue el primer detonante de la controversia.

El asunto tomó mayor dimensión cuando su excanciller Álvaro Leyva Durán hizo referencias públicas al viaje. Leyva habló de un comportamiento “dudoso” y de un episodio que, en su criterio, fue deliberadamente minimizado por el Gobierno. Sus palabras no esclarecieron los hechos, pero sí reforzaron la idea de que Manta no fue una simple escala casual ni un descanso improvisado.

En Ecuador, la visita tampoco cayó bien. El presidente Daniel Noboa expresó molestias y reconoció que no tenía claridad sobre los movimientos de Petro durante su estadía en Manta, una ciudad marcada por la violencia del narcotráfico. En ese contexto comenzaron a circular versiones que mencionaban incluso al narcotraficante alias “Fito”, insinuaciones que Petro negó de manera tajante, pero que encontraron eco en redes sociales y columnas de opinión.

Las especulaciones de lo que aconteció en su inexplicable viaje se refieren a que hubo de hacer un aseo personal y de su lecho con manguera. No hay, desde luego, registros de prueba de los acontecimientos, pero cuando el río suena, propiamente no es porque se ahogó la orquesta.

Este episodio renace a raíz del pasado discurso del presidente. Petro no es ajeno a la provocación retórica: desde su conocida puesta en escena casi de bailarín, hasta declaraciones personales que él mismo ha usado para desafiar a sus críticos, como cuando aludió —con tono burlón— a su desempeño íntimo en la cama, mezclando lo político con lo personal.

No faltaron, además, las malas lenguas que volvieron a mencionar su supuesto aprecio por los narcóticos, un señalamiento recurrente en la historia política de Petro, siempre negado por él. Sin embargo, el viaje a Manta ofreció un nuevo escenario para que viejos rumores reaparecieran con fuerza renovada.

Al final, más allá de lo que realmente ocurrió en Manta, el episodio deja una lección conocida: un presidente no solo gobierna con discursos y símbolos, sino también con explicaciones. Cuando estas no llegan, incluso el silencio más breve puede convertirse en un escándalo prolongado.

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