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Desde el año 2000, las cifras muestran que la abstención en la elección presidencial en Colombia ha permanecido en niveles elevados. En las elecciones de 2002, en las que fue elegido Álvaro Uribe Vélez, la abstención alcanzó el 53,53 %, lo que significó que más de la mitad del censo electoral no participó en la jornada. La situación se mantuvo en 2006, cuando la cifra aumentó levemente hasta el 54,95 %, en una elección en la que Uribe fue reelegido para un segundo mandato.
En 2010, la abstención se redujo al 50,7 %, en unas elecciones que llevaron a la Presidencia a Juan Manuel Santos, mostrando señales de una mayor movilización electoral. En 2014, la abstención volvió a incrementarse hasta el 59,9 %, año en el que Santos obtuvo la reelección, convirtiéndose en una de las cifras más altas de los últimos años.
A partir de 2018 comenzó una transformación importante. En esa elección presidencial, en la que resultó elegido Iván Duque Márquez, la abstención descendió al 46,1 %, mientras que en 2022 volvió a reducirse hasta el 45,1 %, proceso en el que fue elegido Gustavo Petro. Estas cifras permiten identificar una tendencia hacia una mayor participación ciudadana, posiblemente impulsada por la polarización electoral y la percepción de que las decisiones en las urnas tienen un impacto directo sobre el rumbo del país.
En las tres elecciones presidenciales más recientes en Colombia se ha observado una reducción gradual de la abstención electoral, lo que refleja un incremento en la participación ciudadana. Mientras durante años la abstención ha sido una característica constante del panorama político colombiano, las cifras recientes muestran una tendencia hacia un mayor interés de los ciudadanos por acudir a las urnas.
La abstención electoral ha sido una de las características más persistentes de la democracia colombiana durante las últimas décadas. Aunque el país ha realizado elecciones periódicas y ha mantenido la estabilidad institucional, una parte considerable de los ciudadanos habilitados para votar históricamente ha decidido mantenerse al margen de las urnas. Este fenómeno ha sido objeto de análisis por parte de expertos y organizaciones electorales, debido a su impacto sobre la representatividad y la legitimidad de los procesos democráticos.
Este recuento lo hago porque aquellos que no van a las urnas son responsables de que las maquinarias se impongan en el Ejecutivo y en el Legislativo, perdiendo así el derecho a la crítica por no cumplir con los deberes ciudadanos. Son quienes permiten que el país se tuerza.
Y algo que también se refleja es que el doctor Álvaro Uribe Vélez no ha logrado el respaldo de las mayorías. Tiene una importante aceptación, especialmente en lo que los expertos definen como voto de opinión. El país no olvida que, durante sus dos periodos, recuperó el orden y la seguridad. Hoy necesitamos definir si se quiere más de lo mismo o si redireccionamos al país para salir de este laberinto. Usted decide.










