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Miércoles 20 de mayo de 2026 - 01:00 AM

El álbum vacío

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Cada cuatro años, el álbum del Mundial vuelve a convertirse en un ritual familiar. Los niños abren sobres con emoción, buscan jugadores difíciles de conseguir, intercambian láminas repetidas y convierten cualquier recreo en una auténtica mesa de negociación. Sin embargo, algo está cambiando: cada vez más niños reciben cajas completas de láminas desde el primer día.

Y aunque parezca un gesto de amor, comodidad o incluso estatus, vale la pena preguntarnos qué estamos quitándoles cuando les evitamos el proceso.

Porque el álbum nunca ha sido solamente un producto. Ha sido, durante generaciones, una pequeña escuela de vida. La magia nunca estuvo en tenerlo lleno, sino en todo lo que ocurría mientras se llenaba.

Cuando un niño recibe cientos de láminas de una sola vez, desaparece la expectativa de abrir un sobre y descubrir qué salió. Se pierde la emoción de esperar el siguiente paquete, la frustración de que vuelva a salir la misma repetida y la satisfacción de encontrar finalmente la que faltaba. Y con eso también se reducen oportunidades fundamentales para desarrollar paciencia, tolerancia a la frustración, autocontrol y habilidades sociales.

Porque el corazón del álbum siempre ha estado en el intercambio.

Negociar una repetida por una difícil enseña mucho más que comercio. Enseña conversación, empatía, capacidad de llegar a acuerdos y manejo de la decepción. Obliga a los niños a acercarse a otros, a preguntar, a esperar turnos y a entender que no siempre se obtiene lo que se quiere inmediatamente.

Pero pareciera que hoy los adultos estamos obsesionados con eliminar cualquier incomodidad del camino de nuestros hijos. Les resolvemos antes de que necesiten intentar. Les damos antes de que aprendan a esperar. Les completamos el álbum antes de que descubran cómo construirlo.

Y ahí está la verdadera reflexión.

En Colombia, el álbum del Mundial 2026 ya mueve cifras enormes. La edición tendrá 980 láminas y 48 selecciones participantes. Cada sobre cuesta alrededor de $5.000 pesos y completar el álbum podría costar hasta $1.800.000 pesos.

Pero quizá la cifra más preocupante no está en el dinero, sino en lo que estamos dejando de formar.

Hoy vemos niños que ya no necesitan hablar con otros porque “ya tienen todo”. Niños que completan el álbum en una semana, pero se pierden semanas enteras de conversaciones, negociación y juego compartido. Y en una generación que ya enfrenta enormes dificultades para tolerar la espera y manejar la frustración, deberíamos preguntarnos si realmente necesitamos acelerar también esto.

Tal vez el verdadero regalo no sea comprar la caja completa.

Tal vez sea permitirles descubrir que algunas cosas valiosas toman tiempo, esfuerzo y contacto humano.

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