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Miércoles 20 de mayo de 2026 - 01:00 AM

“Pensar para sanar: el poder de las emociones”

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Hace algún tiempo tuve la fortuna de asistir a un curso sobre medicinas tradicionales coreanas. La principal enseñanza que recibí allí fue su concepción de la enfermedad: para ellos, Enfermarse siempre nace de colocar una emoción inadecuada en la vida. Una emoción que dura más de lo necesario se convierte en un sentimiento que moldea nuestro carácter y conducta, y este puede ser el origen de muchas enfermedades.

Por ejemplo, un ejecutivo con grandes responsabilidades puede instalar en su vida la emoción de ansiedad o estrés de manera desproporcionada. Tarde o temprano, esa carga termina manifestándose en su cuerpo: una úlcera, un infarto agudo… el precio de haber sostenido demasiado tiempo una emoción desbordada.

Hoy solemos pensar que la alimentación es la raíz de casi todo lo bueno o lo malo que ocurre en nuestro organismo. Sin embargo, creo que es igualmente importante retomar el manejo de las emociones como una forma de permanecer sanos. Para ello debemos preguntarnos: ¿cómo podemos modular nuestras emociones?

La respuesta comienza en los pensamientos. Toda emoción está precedida por un pensamiento, y la mayoría de ellos son modulables. Por ejemplo, la ira suele surgir de la idea de que alguien está traspasando nuestros límites. Si ese pensamiento persiste, la emoción se convierte en un sentimiento permanente, capaz de alterar nuestra conducta y nuestro carácter y originar múltiples enfermedades.

Los pensamientos son modulables, aunque a veces muy persistentes. En estos tiempos, además, estamos bombardeados por redes sociales que nos encasillan en ciertos tipos de pensamiento, generando una sensación de injusticia . Así, los pensamientos se convierten en emociones casi permanentes, y estas, tarde o temprano, en enfermedad.

También nos han vendido la idea de que existen emociones buenas y malas. No es cierto: cada emoción cumple una función. La tristeza nos invita a la introspección, la ira marca límites, y hasta la felicidad en exceso puede derivar en manía o malas decisiones.

En conclusión, el control de nuestros pensamientos está realmente en nuestras manos. Si logramos modularlos, podremos también regular nuestras emociones, moldear nuestros hábitos y conductas, y así contribuir a mantener nuestro cuerpo sano.

“La mente tiene gran influencia sobre la salud del cuerpo, y las enfermedades se originan más en los pensamientos que en la materia.” — Hipócrates

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