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Luis Ernesto Ruíz
Martes 02 de junio de 2026 - 01:00 AM

Pusimos una raya al Tigre

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Entramos en la etapa del reconteo. El Tigre inicia ahora un nuevo recorrido hacia la segunda vuelta. Muchos teníamos la esperanza de alcanzar la victoria en la primera, como en efecto ocurrió en Santander, pero las fuerzas no llegaron de manera oportuna. Hubo demasiada dispersión entre candidaturas que finalmente no alcanzaron siquiera el umbral. Sin embargo, estamos preparados para lo que viene en este tramo, no solo decisivo, sino complejo.

Una recomendación para el Tigre. En sus primeras declaraciones se mostró furibundo y cayó en el juego que le propuso Iván Cepeda durante su intervención. Cepeda logró sacarlo de casillas, tal como esperaba. En estas semanas la posición debe ser otra: la mesura.

Es tiempo de que el Tigre deje a un lado el rugido y se muestre sereno, cercano y dispuesto a conquistar nuevos apoyos. El voto femenino será determinante. Esa paloma que debe llegar a sus brazos puede convertirse en la llave del triunfo. A ello se sumarán los votos de varios candidatos que no lograron superar el umbral y cuyos electores buscarán una alternativa para la segunda vuelta.

Sabemos que tenemos un hombre de carácter fuerte, una condición necesaria para el momento que vive el país. Necesitamos autoridad para poner en cintura a los corruptos y llevarlos ante la justicia; para reconstruir un sistema de salud donde hoy muchos enfermos mueren a las puertas de los hospitales; para recuperar la seguridad en los campos y devolverles la tranquilidad a los campesinos que durante décadas alimentaron a Colombia y exportaron sus excedentes a otros países. Para reparar las vías rurales y evitar que el campesino siga enfrentando el barro hasta las rodillas para sacar sus cosechas. La tarea es larga y exigente.

Los colombianos ya conocemos al Tigre: un líder de garras firmes, dispuesto a enfrentar la intolerancia y los obstáculos. Pero el camino de esta etapa debe ser distinto. Es hora de recorrer la provincia, escuchar las necesidades de la gente y recoger las esperanzas de quienes anhelan un gobierno de restauración nacional para un país golpeado por los errores de la administración que termina.

En las regiones donde obtuvo la victoria lo esperan como presidente. Allí existe la expectativa legítima de que, por fin, se atiendan las necesidades históricamente aplazadas y se cumplan los compromisos pendientes con la provincia. A Cepeda hay que dejarlo seguir su camino. Ya parece haber llegado a su techo electoral y difícilmente podrá ampliarlo. Además, carga con el peso político de ser heredero de los desaciertos del gobierno Petro y de una visión del país que muchos colombianos rechazan.

Nos corresponde ahora trabajar con serenidad, inteligencia y entusiasmo. La victoria no se alcanzará con la confrontación permanente, sino con la capacidad de sumar voluntades y generar confianza. La segunda vuelta será el escenario definitivo. Por eso, con optimismo y convicción, vamos a votar por Abelardo presidente

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