Publicado por: Redacción Vanguardia Liberal
Hace ya siete meses se decretó el aislamiento preventivo obligatorio y entramos en una circunstancia desconocida para todos, relacionada con la pandemia, que dio origen a la idea de que llegaría una ‘nueva normalidad’ al regresar a la calle. La mayoría pensó que, luego de la dura prueba del confinamiento general, esa nueva realidad nos traería a un nuevo ser social, más consciente, más solidario, un nuevo ciudadano que habría aprendido de la adversidad y se comportaría con un mayor sentido de pertenencia tanto a la ciudad, como a su comunidad. Así mismo, pensamos que los desafíos a la salud y la economía, principalmente, nos dejaría, a pesar del saldo trágico del COVID-19, una clase dirigente más capaz, sensibilizada, eficiente y unas instituciones eficaces y diligentes.
Pero, lamentablemente, nada de esto ocurrió. El confinamiento se levantó y hoy tenemos de vuelta a la ciudad de antes, caótica, desordenada, agresiva, y a la autoridad de antes, superada, desentendida, pasiva y evasiva. En la noche del viernes pasado, Bucaramanga y el área metropolitana volvieron a sufrir el paso delirante y amenazante de al menos 500 motocicletas, según denuncias ciudadanas, que se tomaron las vías, los parques, los puentes, los andenes en diferentes zonas como San Alonso, San Francisco, Cabecera, Puerta del Sol, Autopista a Bucaramanga, carrera 27 y Anillo Vial, desde donde residentes, conductores y peatones denunciaron en las redes sociales la peligrosa invasión de estos vehículos que circularon a toda velocidad, ejecutando maniobras de alto riesgo y violando todas las normas de bioseguridad.
Y, como ocurría antes, las autoridades fueron incapaces de controlar la arremetida de los irresponsables motociclistas, como se ha visto que también la autoridad brilla por su ausencia en el control de la invasión del espacio público, en el cumplimiento de las restricciones para evitar contagios de COVID-19, y en aspectos más estructurales como el estado de las vías en general, el incremento de la piratería en el comercio y el transporte, entre tantos otros problemas que afrontamos desde hace años y para los que en esta administración tampoco se ve una acción efectiva y decidida.
Como vemos, las expectativas de una nueva sociedad y una nueva actitud gubernamental luego de los duros meses que vivimos por la pandemia, prácticamente están perdidas y solo nos queda volver a exigir a nuestros dirigentes que ejerzan positiva y efectivamente el liderazgo y demuestren que los ciudadanos no se equivocaron cuando, hace un año, los eligieron para liderarlos.











