Publicado por: Editorial
En la madrugada de mañana, a las 5:30, la selección femenina de fútbol de nuestro país enfrenta a Inglaterra, en cuartos de final del mundial de mayores, un partido histórico dado que nunca se había llegado tan lejos en el máximo torneo de la rama. Para sorpresa de muchos aficionados, pero también para los mismos directivos de la Federación Colombiana de Fútbol, FCF, el equipo no sólo avanzó hasta donde no se esperaba, sino que ha recaudado las mejores opiniones de prácticamente toda la prensa que cubre el certamen.
En otras palabras, las mujeres, con su calidad y determinación sobre la cancha, han tapado la boca de muchas personas, de muchos aficionados al fútbol que no creían que las seleccionadas pudieran mostrar un nivel tan alto; de los mismos participantes en el torneo, que no veían a Colombia en cuartos de final; de un amplio sector de los periodistas deportivos que han abordado siempre el tema del fútbol femenino con desgano y pesimismo; pero, sobre todo, las jugadoras de la selección le han demostrado a la misma dirigencia nacional que nunca se justificó el abierto desprecio y la mezquindad con que han mirado el fútbol femenino en Colombia.
En el mundial de Australia se ha puesto en evidencia la gran ironía de contar con uno de los equipos más elogiados, el único representante de las tres Américas que queda en la competencia con elevadas calificaciones, proveniente de un país que no organiza una competencia nacional permanente, que no tiene prácticamente ningún respaldo de la empresa privada y que de manera bastante marginal, solo cuenta con unos pocos equipos profesionales que trabajan en la formación de categorías menores de mujeres. Somos el peor país posible para formar jugadoras de fútbol y ellas han logrado ya el excelente resultado que han obtenido en el mundial de este año.
No importa el marcador con el que termine el partido con Inglaterra en las próximas horas, las jugadoras de la selección femenina de fútbol ya hicieron historia en Australia, ya merecen nuestro reconocimiento y felicitación, pero, sobre todo, ya es hora de que sean oídas y respetadas por la dirigencia del fútbol nacional, tanto en la Federación, como en la Dimayor y en los equipos profesionales masculinos, que deben entender, como sucede en otros continentes, que el fútbol femenino en Colombia tiene calidad mundial y, además de merecimiento, ellas, al igual que los hombres, tienen el derecho de practicar este deporte profesionalmente y convertirlo en una opción digna y productiva de trabajo.











