Mientras millones de ciudadanos deciden no votar, las maquinarias políticas celebran en silencio. Para el politólogo Óscar Parra Gaitán, la abstención no castiga a los corruptos: les allana el camino para seguir capturando el poder con elecciones cada vez más baratas.

Publicado por: John Arias
Cuando casi la mitad del país no vota, las maquinarias electorales ganan con unos pocos ‘votos arreglados’. El profesor Óscar Parra Gaitán, del Instituto de Estudios Políticos de la Unab, explica por qué el abstencionismo no es un acto neutral, sino el mayor aliado de la politiquería.
“Yo nunca voy a votar. Un voto menos no cambia nada.” La frase es común en cualquier esquina del país. Pero detrás de esa convicción, los que más celebran no son los ciudadanos inconformes, sino los políticos que ya tienen sus votos asegurados.
En Colombia, la abstención electoral ha oscilado históricamente entre el 40 %y el 60 %, una cifra que las maquinarias electorales conocen de memoria y usan a su favor. Así lo explica el profesor Óscar Parra, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.
De acuerdo con el politólogo, “estos porcentajes son bien conocidos por las redes clientelistas de las regiones. Tienen una población cautiva que movilizan para la votación y pueden generar los resultados esperados”. Lea también: Fiscalía acusó a Hugo Aguilar por irregularidades en un contrato por $600 millones cuando fue Gobernador de Santander
¿Por qué no votamos?
Para el profesor Parra, las razones del abstencionismo se dividen en dos grandes grupos. Las individuales incluyen la apatía, el desinterés, el rechazo hacia actores políticos específicos o hacia las instituciones en general, y también factores socioeconómicos como el nivel educativo. Las estructurales, en cambio, tienen que ver con la infraestructura que facilita o dificulta el acceso a las urnas, y con el grado de cultura política e información con que cuenta la ciudadanía.
“Normalmente las democracias tienen el valor de la participación ciudadana. Cuando esto no sucede en los escenarios electorales puede obedecer, entre otras razones, a una suerte de apatía frente a los actores políticos o derivar en algo que denominamos una desafección total de la política”, recalcó el experto.
Esta desafección, advierte el experto, también se puede leer como un castigo silencioso: la ciudadanía que no encuentra eco en las instituciones responde no asistiendo a las urnas. El problema es que ese castigo, al final, no recae sobre los políticos que la decepcionaron, sino sobre la democracia misma.
El silencio que sí tiene consecuencias
Una de las consecuencias más graves del abstencionismo es la pérdida de legitimidad de los gobernantes elegidos. Parra lo señala con claridad: sectores enteros de la sociedad dejan de sentirse representados por quienes fueron elegidos con una participación mínima, lo que genera inestabilidad política y una permanente sensación de que las decisiones públicas les fueron impuestas.
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Además, la baja participación le abre las puertas a las estructuras clientelistas. Con menos votantes en juego, las maquinarias políticas requieren movilizar una cuota mucho menor de seguidores para copar los cargos. “Las maquinarias saben que pueden llegar a una cuota de votantes de tal manera que obtengan los cargos para los cuales se están postulando”, explicó Parra. En últimas, cuantos menos ciudadanos participen, más barato y fácil resulta comprar una elección.
¿Voto obligatorio? Un debate aún abierto
En perspectiva latinoamericana, Parra recordó que Colombia presenta un escenario particular: el voto es estrictamente voluntario y no existen sanciones para quien no lo ejerza. Países como Argentina, que tienen voto obligatorio, registran niveles de participación mucho más altos. México, en cambio, tiene voto obligatorio en su legislación pero sin mecanismos de castigo, lo que se refleja en abstenciones moderadas.
En cuanto a la discusión sobre si Colombia debería adoptar el voto obligatorio, Parra aseguró que la posibilidad está abierta, pero advierte que tampoco sería una solución mágica. “Para algunos es simplemente un derecho que podemos ofrecer y no ejercer el voto también es una manera de participar en democracia y no debería ser una obligación porque cercena los derechos democráticos”.
La crisis de representación
Desde hace décadas, los diagnósticos sobre la democracia latinoamericana coinciden en un punto: la crisis de representación. Los ciudadanos se han ido alejando de los partidos políticos tradicionales y también de los emergentes. El abstencionismo es una de las formas más visibles en que esa crisis se materializa.
“Parte de resistirse al sistema político o del discurso antipolítica encuentra un terreno fértil en las elecciones. ¿Cómo lo hace? No saliendo justo a las elecciones”, afirmó el profesor Parra. Sin embargo, aclaró que la participación ciudadana no se agota en las urnas: existen otros espacios de deliberación política donde la ciudadanía puede involucrarse para fortalecer la democracia.
Pero de cara a las elecciones del 8 de marzo, cada colombiano que decide quedarse en casa le está cediendo su voz a una maquinaria que ya sabe muy bien cómo usar este fenómeno a su favor. La abstención no castiga a los corruptos, los premia.
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