Independientemente de quién sea el próximo presidente de la República, los retos fiscales que tendrá que asumir son preocupantes. Además, algunas medidas que deberá tomar, si quiere corregir el rumbo, podrían ser impopulares.

Publicado por: JUAN CARLOS CHÍO OI
Advierten que el déficit primario se triplicó en los últimos años. Que se rompió la regla fiscal. Que la calificación de riesgo de Colombia bajó a BB-. Que el Ministerio de Hacienda colocó $2 billones en TES con tasas altas cercanas al 13 %. Esas son algunas de las alertas que los economistas han expresado en los últimos meses, pero para el ciudadano de a pie es como si le estuvieran hablando en ‘chino’.
Centros de estudios y organizaciones como el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF), el Observatorio Fiscal de la Javeriana o ANIF han advertido sobre los problemas fiscales que tendrá que enfrentar el próximo presidente, pero pocos colombianos entienden cuáles son las dimensiones de esto y cómo los puede afectar en su vida cotidiana.
¿Qué tan grave es la situación? En resumen, el problema es estructural. Colombia gasta más de lo que recauda. Y para cubrir ese ‘hueco’, el Estado se está endeudando cada vez más y a tasas cada vez más altas.
¿Qué tan grave es la situación? En resumen, el problema es estructural. Colombia gasta más de lo que recauda. Y para cubrir ese ‘hueco’, el Estado se está endeudando cada vez más y a tasas cada vez más altas.
Esto también se ha traducido en problemas de liquidez (falta de efectivo o dinero para pagos inmediatos). Y quienes nos prestan el dinero confían menos en nuestras finanzas.
En ese contexto, acá les contamos, de manera concreta y en versión para ‘dummies’, cuáles son los grandes retos fiscales que deberá enfrentar el próximo mandatario nacional.

El elevado déficit fiscal
En 2025, el Gobierno cerró con un déficit equivalente al 6,4 % del PIB. En palabras concretas: gastamos mucho más de lo que recaudamos. En 2025, el gasto primario fue cercano a los $368 billones, mientras que el recaudo cerró en $296 billones.
En este ejercicio hay que agregar las obligaciones por la deuda pública y las transferencias de las entidades del Estado (como Ecopetrol o el Banco de la República). Pero en general hay un desfase entre lo que ingresa y lo que se gasta.
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Pero ahí es donde entra el indicador que, para los economistas, es el más preciso para medir la salud fiscal de un país: el déficit primario.
Este mide una cosa sencilla: si el Gobierno es capaz de pagar sus obligaciones con sus propios recursos, sin el peso acumulado de deudas pasadas o la necesidad de adquirir nuevas deudas.
Antes de la Ley de Garantías se contrataron $6 billones más en CPS frente al año 2022 (un incremento de 66,7 %).
¿Por qué es importante bajar el déficit primario? Para hacer un símil, es como si un hogar recibiera ingresos por $4’000.000, pero gastara $4’100.000 en sus gastos básicos, es decir, alimentación, arriendo, servicios, etc.
Todos los meses, esta familia tiene un desfase de $100.000. Y para cubrir ese ‘hueco’ tiene varias opciones: recortar gastos, buscar otra fuente de ingresos o endeudarse.
Pero debe haber un equilibrio, porque si se prioriza y se acude a la deuda todos los meses, esto se puede convertir en una bola de nieve y su pago se vuelve insostenible. Es como pagar una deuda con otro crédito.
En el caso de Colombia, el déficit primario se triplicó en los últimos años, al pasar de 1 % del PIB en 2022 a 3,5 % del PIB en 2025.
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Se trata del nivel más alto en dos décadas (excluyendo los años de pandemia). Esto se traduce, según el CARF, en un hueco de $31,1 billones (el equivalente a dos reformas tributarias) en el déficit primario.
Recorte en el gasto público
Es, quizás, la principal recomendación de la mayoría de economistas: recortar el gasto público. Es lo que le han pedido al Gobierno de Petro, pero el Ejecutivo se ha mantenido en su filosofía de que es mejor un gasto público alto para dinamizar la economía y garantizar la inversión social.
Para ello, activó la ‘cláusula de escape’ y rompió la regla fiscal, que no es otra cosa que el mecanismo para controlar el endeudamiento y el gasto público.
En un hogar, cuando el dinero no alcanza, la familia usualmente recorta los gastos que no considera necesarios. Se restringen las salidas a restaurantes, la compra de ropa o los llamados ‘gastos hormiga’.
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El mayor error es endeudarse para seguir gastando, especialmente si ya se tiene una deuda con altas tasas de interés.
En el caso de Colombia, el reto está en hacer un recorte en el gasto, pero sin afectar tanto la economía, pues una reducción muy radical también puede ser perjudicial.
Se trata de una medida impopular, que si se implementa debe guardar un equilibrio que garantice la correcta operación del Estado y la inversión social en los sectores que más lo requieren.
Un dato no menor es que entre 2022 y 2026 el gasto agregado asociado al empleo público ha aumentado cerca de 31 %. Además, el número de contratos del orden nacional creció cerca de 100.000 vinculaciones, al pasar de 220.178 en 2022 a 317.949 en 2025.
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El difícil reto del recaudo
Otra alternativa es mejorar los ingresos del Estado, pero esto ha demostrado tener sus dificultades. En este cuatrienio se promovieron iniciativas como la lucha contra la evasión. Para ello se amplió la planta de la Dian, pero aun así no se alcanzaron las metas de recaudo en 2023, 2024 y 2025.
Otra opción es una reforma tributaria, pero este no parece el momento ideal para una iniciativa de este tipo, especialmente si se tienen en cuenta los antecedentes con el Gobierno Petro, que vio cómo el Congreso le ‘tumbó’ sus últimos proyectos.
La situación se vuelve más desafiante si se tiene en cuenta que los ingresos de algunas empresas estatales han disminuido considerablemente. Mientras en 2022 Ecopetrol reportó utilidades por $33,4 billones, en 2025 fueron de solo $9 billones.

Altas tasas de endeudamiento
Si en un hogar el dinero que ingresa no alcanza para cubrir los gastos, otra opción es endeudarse, pero hay que hacerlo de manera prudente y las alternativas se van limitando si las tasas que se ofrecen son elevadas. No es igual obtener un préstamo con una tasa del 6 % que al 12 %.
En ese contexto, Colombia enfrenta un enorme desafío: la calificación crediticia del país se encuentra en territorio especulativo (grado de no inversión), debido a los desafíos fiscales, la alta carga de deuda y la inflación. Esto lleva a que la banca internacional sea menos propensa a otorgar créditos con bajas tasas a nuestro país.
Esto también afecta al ciudadano de a pie o a las empresas, pues arrastra a la baja la calificación de los bancos y organizaciones en territorio nacional y el Banco de la República puede verse tentado a mantener elevadas las tasas de intervención.
Además, para recaudar el dinero que le está haciendo falta y financiar sus gastos, el Estado colombiano ha recurrido a los TES (Títulos de Tesorería), que son los bonos de deuda pública. El problema es que lo está haciendo a tasas relativamente altas, cercanas al 13 %, con un horizonte de 10 años, lo que pone más presión fiscal sobre la economía del país.















