Niños, adultos, ancianos y hasta mujeres embarazadas tienen que subirse cada día a una de las dos viejas canastillas de metal que son impulsadas manualmente para pasar sobre las aguas de un caudaloso cuerpo hídrico.

Publicado por: Jorge Andrés Ríos
Todos los días, más de 200 familias de las veredas Socorrito y La Victoria de El Peñón arriesgan sus vidas cuando tienen que salir a comprar un medicamento, ir a pagar un servicio público o asistir al colegio, debido a la falta de un puente peatonal en adecuadas condiciones.
En su lugar tienen que subirse a una de las dos viejas canastillas de metal y pisos de madera, que son impulsadas manualmente por los mismos residentes con una polea. Esto lo hacen para poder pasar sobre las aguas de un afluente que recoge las aguas de los ríos Blanco, Horta y Aventadero, que desembocan más adelante en el río Sogamoso.
Las dos canastillas están ubicadas en sectores diferentes: El Helecho y Siete Ranchos. Ambas son igual de inseguras, pero sirven para conectar a la vía principal por la que llegan a El Peñón o Landázuri.
En el sector de Siete Ranchos la situación es más crítica, porque además de la canastilla, las familias deben atravesar otro tramo en un puente peatonal que va por encima de un brazo del río Horta, el cual está con buena parte de su andamiaje podrido, con varias tablas faltantes y una de sus bases inclinadas, lo que implica un posible riesgo de colapso.

Jaqueline Franco Ruiz, habitante de la vereda Socorrito, dijo que ni los accidentes, porque son frecuentes los hechos en los que las personas que van en las canastillas se caen, ni la persona que se ahogó hace unos siete años han servido para llamar la atención de las autoridades municipales, departamentales o nacionales. Según ellos mismos, es como si ‘literalmente’ no existieran o no tuviesen ninguna importancia para el Estado.
Antes de las canastillas construidas por la comunidad hace unos seis años los habitantes de esta zona rural, dedicados al cultivo del cacao y la ganadería, cruzaban colgados de un cable o debían esperar a que bajara el caudal. La otra opción es caminar río arriba para buscar un lugar más seguro.
Ruiz relató cómo, cuando se presenta una emergencia de salud como las mordidas de serpientes, las enfermedades que asaltan a medianoche o cualquier accidente en el campo, el paciente debía esperar varias horas hasta recibir el auxilio médico necesario.
Además, si la persona enferma o lesionada no puede caminar, montarse en una moto o una mula, hay que llevarla en una camilla artesanal hasta la zona de la canastilla (pueden ser varias horas dependiendo de la zona donde se encuentre), subirla a la estructura improvisada, que otra persona se suba también y jalar la soga para cruzar hasta el otro lado. Después hay que caminar por un ramal que ellos mismos construyeron y esperar a que pase un carro o llamar a alguien conocido para que los recoja.
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Por si fuera poco, hasta Landázuri son cerca de tres horas de distancia y hasta El Peñón son cuatro o cinco horas, todo dependiendo del estado de la carretera. “Mi hija se cortó, salí con ella corriendo y cuando llegamos no la pudieron coser porque ya había pasado mucho tiempo”, contó Ruiz.
Estos relatos representan solo una parte de las muchas necesidades que pasan cada día estas familias, todo porque, según ellos, nadie les presta ni les ha prestado atención.
Oneida Rojas Ruiz, habitante de Socorrito y concejal de El Peñón, dijo que llevan años “tocando puertas y no pasa nada”. La corporada recordó que en 2024 hablaron la Gobernación de Santander y la Unidad Departamental de Riesgo, pero aún están esperando que les entreguen un informe técnico que les permita avanzar en las soluciones. “Nunca llegó”, confirmó.
Mientras esto sucede, la vida de los habitantes de Socorrito, La Victoria y otras zonas aledañas seguirá en riesgo, a menos que por fin una entidad los atienda, los escuche y les construyan el puente vehicular en la zona de El Helecho.

“No tienen que ser un puente grande, puede ser uno militar”, dijo Ruiz. Hasta ese momento todo seguirá pasando en las canastillas, hasta las motos, las cargas de cacao y los mercados, todo con sobrecostos, porque sin vías para llegar o salir de las casas con carga toca pagar flete por el alquiler de las mulas.
Ferney Santamaría Hernández, alcalde de El Peñón, dijo tras una visita al sector que se necesita ayuda de las autoridades departamentales o nacionales, porque el municipio no tiene los recursos para adelantar la construcción de un puente vehicular.
Por el ahora, el mandatario expresó que se realizará la evaluación del puente peatonal en la zona de Siete Ranchos para evaluar la inversión de recursos y lo mismo sucederá con las canastillas, aunque en ese caso se tiene que analizar muy bien los asuntos legales.













