En el Día Mundial del Cóndor, el fotógrafo santandereano Juan Diego Pinzón revive el asombroso avistamiento de 27 cóndores y refuerza el llamado a conservar esta especie emblemática.
Este 7 de julio se conmemora el Día Internacional del Cóndor. Esta fecha es oficialmente un llamado urgente a la preservación de esta especie majestuosa y ancestral que enfrenta múltiples amenazas.
En el marco de esta conmemoración, conversamos con el santandereano Juan Diego Pinzón, documentalista, fotógrafo de naturaleza y autor del libro El viaje del Cóndor. Él vivió uno de los momentos más impactantes para la conservación del cóndor en Colombia: el avistamiento más grande del que se tiene registro audiovisual en el país.

La danza de 27 cóndores: una escena irrepetible en el cielo de Cruz de Piedra, San Andrés, Santander
Todo ocurrió el 27 de julio de 2021. Juan Diego y su equipo, que venían trabajando en la creación del libro El viaje del cóndor desde hacía dos años, se encontraban en su última expedición cuando fueron informados de que no podían ingresar a la vereda que tenían planeada. Esa limitación los llevó a improvisar y recordar un lugar del que alguna vez le habló Fausto Sáenz, de la Fundación Neotropical: Cruz de Piedra, en el municipio de San Andrés, al límite con El Cerrito, en Santander.

“Era la última expedición del proyecto. No sabíamos cómo llegar, buscamos en Google Maps y comenzamos a preguntar. Cuando llegamos muy temprano al lugar, no sabíamos que el destino nos tenía preparada una sorpresa extraordinaria”, recuerda. Lo que vieron superó cualquier expectativa: 27 cóndores volando en sincronía sobre el Páramo del Almorzadero. La razón: una vaca muerta, carroña fresca que había atraído a la bandada.
Ese número de ejemplares no era menor. Justo semanas antes se había realizado el censo nacional del Cóndor Andino, en el que se registraron 63 individuos en todo el país. “Ese día vimos casi el 40 % de los cóndores registrados, todos reunidos en ese punto”, dice Juan Diego, aún con la emoción intacta.
Los tesoros que aguardan en los paisajes de Santander
El registro visual que quedó del evento quedó plasmado para siempre en un libro, pero la vivencia fue profundamente espiritual. “Fue un momento sublime, de gratitud y plenitud. Uno siente que la naturaleza te premia por todo el esfuerzo, como si todo estuviera en perfecta armonía”, expresa.

Para él, ese instante se convirtió también en una lección: “no estamos solos, hemos invadido el espacio de otras especies. Nos toca agachar la cabeza, reconocerlo y buscar cómo convivir sin dañarnos entre todos”.
Ese aprendizaje marcó el inicio de su trabajo posterior, un libro sobre el río Magdalena, que lanzará próximamente. “La naturaleza me dejó un mensaje muy claro: buscar vivir en armonía, no solo con otros seres humanos, sino con todas las especies”, asegura.
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La amenaza que enfrenta el cóndor andino
En su recorrido, Juan Diego fue testigo de una de las principales amenazas que enfrenta el cóndor: la carroña envenenada. Esta práctica, usada históricamente contra depredadores termina afectando directamente a aves carroñeras como el cóndor. “Nos contaron que con una buena cantidad de carroña, una bandada puede sobrevivir durante un mes. Pero si está envenenada, se convierte en un arma letal”, advierte.
Sin embargo, en El Cerrito, por ejemplo, la gente ha empezado a ver el valor de proteger la fauna. “Ya hay quienes hacen turismo de avistamiento de cóndores y jaguares. Los dueños de fincas entendieron que, si todos estamos en la misma sintonía, hay más beneficios para todos”, añade Juan Diego.
El reto ahora es seguir fortaleciendo esa conexión entre conservación, turismo comunitario y educación ambiental. “Hay que formar equipos, poner ideas sobre la mesa y ejecutarlas. Si uno espera que todo venga de arriba, se le va la vida esperando”, dice con firmeza.
















