En el Día Mundial de los Animales, Santander celebra con orgullo el ser hogar de especies únicas e indispensables para el equilibrio de los ecosistemas. Sus montañas, ríos y páramos son refugio de una fauna que necesita protección.

Santander es reconocido por sus montañas, cuevas y ríos. El Cañón del Chicamocha, el Parque Nacional Natural Serranía de Los Yariguíes o el Páramo de Santurbán son escenarios que maravillan a hijos de esta tierra y a quienes llegan desde distintos rincones del mundo.
Nuestro departamento acoge a turistas de aventura, quienes llegan buscando ‘rafting’ en el río Fonce, o parapente en Aratoca, Curití y San Gil. Hay quienes vienen por experiencias de espeleología y terminan maravillados con el Hoyo de los Pájaros, en Mogotes. Y otros que recorren extensas rutas de senderismo por montañas y páramos.
Aunque el objetivo siempre es apostarle a atraer visitantes, aprender a disfrutar de la naturaleza sin poner en riesgo la fauna que la habita es el verdadero reto. Los paisajes de nuestros 87 municipios son el refugio de aves, mamíferos, reptiles, anfibios y una larga lista de flora.
Antes de ser el destino de millones de turistas que han pisado este territorio, de los más de 20.633 visitantes extranjeros, que solo entre enero y julio de este año eligieron a Santander como su destino; Santander es primero el hogar de centenares de especies endémicas, es decir, que son exclusivas de nuestro departamento.

“El turismo puede ser una herramienta de conservación cuando genera beneficios reales para la fauna y sus hábitats. Esto significa que las experiencias aporten a programas de investigación y restauración, prevengan impactos negativos en ecosistemas frágiles y promuevan la responsabilidad social de visitantes y operadores”, apunta Elkin Briceño, especialista en conservación y líder de Biótica Consultores.
El mejor regalo que le puedan dejar los turistas a Santander, cuando visiten este territorio, es convertirse en guardianes.
“Cuando las comunidades locales se convierten en guardianas de especies emblemáticas y los viajeros asumen un rol consciente, pasamos de solo vivir momentos para transformarse en actos de protección real y compromiso con la biodiversidad”, destaca Briceño, quien adelanta iniciativas de conservación en pro de la perdiz santandereana y el oso andino, con las familias campesinas de Virolín (Charalá), un paraíso natural que también merece un espacio en el itinerario.

Una radiografía de la fauna amenazada
En Santander conviven especies que hoy están en peligro crítico de desaparecer. Con el objetivo de promover su conservación, Vanguardia comparte algunas de especies que requieren especial atención por la categoría de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en la que se encuentran. Arranquemos por el listado de las aves, las reinas que han posicionado al país.
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Vale la pena destacar que recientemente se conoció que Colombia registró el mayor crecimiento de aviturismo a nivel mundial, durante el período 2010-2022. Según un estudio liderado por la ecóloga colombiana Natalia Ocampo Peñuela e investigadores de la Universidad de California, Santa Cruz, somos el país que más crece en la ‘lista de deseos’ de los turistas que quieren ‘pajarear’ y disfrutar de estas especies en su hábitat natural.
El paujil colombiano es una especie endémica y el ave más amenazada de nuestro país. Se encuentra en peligro crítico de extinción, por ello la Fundación ProAves lidera varias iniciativas para su conservación, dado que la caza y el tráfico ilegal amenazan con una pérdida que resultaría irreparable para Colombia.
El cóndor andino, el ave insignia nacional, que aún vuela en el páramo del Almorzadero, también se encuentra en peligro crítico de extinción. Cada vez enfrenta más amenazas por la cacería y pérdida de su hábitat.

El cucarachero del Chicamocha, que vive en los bosques secos del cañón, es otra joya endémica que se encuentra en peligro crítico. La fragmentación y pérdida de hábitat en bosques secos y subandinos del Cañón del Chicamocha y los Cerros Orientales de Bucaramanga amenazan su existencia. Hoy depende de campañas comunitarias de conservación como las que adelanta la Sociedad Ornitológica del Nororiente Andino, Sonora.

El colibrí ventricastaño, declarado ave insignia del departamento; la perdiz santandereana, el águila andina, el torito dorsiblanco y la cocha de montaña son otras de las aves que se encuentran en peligro.



Al listado se suman el hormiguero pico de hacha, una especie avistada en pocas localidades del departamento, y el chavarrí, que se encuentran en estado vulnerable.

En los ríos y humedales, los mamíferos cuentan otra historia. El manatí del Caribe es una especie indicadora de la salud de los ecosistemas acuáticos que se encuentra en peligro. Su estado en Santander es crítico por la pérdida acelerada de bosques, desecación y contaminación de las ciénagas.
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El jaguar, nuestro gran felino, se mueve silencioso por el Magdalena Medio, pero su corredor natural se fragmenta cada vez más. El oso andino, el tapir y la danta de montaña enfrentan el mismo dilema.
En primates, Santander también guarda dos de las especies más amenazadas del país: la marimonda del Magdalena, que se encuentra en peligro crítico de extinción y el mono cariblanco del Magdalena que se encuentra en peligro. Ambas especies son endémicas y sufren por la cacería y la pérdida acelerada de su hábitat.

Los reptiles y anfibios también se suman al listado. La tortuga del río Magdalena y el caimán del Magdalena son víctimas de la contaminación y la cacería. Por su parte, la coral sangileña se encuentra en estado vulnerable por su pérdida de hábitat y cacería de control.

La rana arlequín y la rana de Lynch, ambas son endémicas y se encuentran en peligro crítico. La salamandra y la rana roja, ambas de Virolín (Charalá), también están en peligro.
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Buenas prácticas en el turismo de conservación
No alimentar ni manipular animales silvestres, no participar en actividades que exhiban fauna en cautiverio, preferir operadores turísticos con certificaciones de sostenibilidad y participar en experiencias de senderismo, aviturismo y turismo comunitario que protejan la biodiversidad son acciones claves.
“La conservación de la fauna silvestre empieza en la comunidad. Proteger bosques y fuentes de agua, reducir la cacería, manejar responsablemente la tenencia de perros y gatos —que ejercen presión sobre la fauna— y restaurar corredores ecológicos son acciones esenciales”, explica el especialista en conservación.
La sostenibilidad del turismo de naturaleza, explica el experto, depende de que las comunidades puedan transformar la conservación en bienestar social y económico.
“Iniciativas como la educación ambiental, la ciencia participativa y el monitoreo comunitario fortalecen el rol de campesinos, jóvenes y mujeres como guardianes de especies emblemáticas. Así, cada práctica cotidiana —desde un cultivo sostenible hasta un sendero bien manejado— se convierte en una medida concreta para mitigar amenazas y asegurar que la biodiversidad siga siendo motor de identidad y desarrollo local”, añade Briceño.
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Competitividad turística: avances y retos
En el más reciente informe del Índice de Competitividad Turística Regional de Colombia (ICTRC, 2024), Santander se ubicó en la décima posición nacional con una calificación de 5,31 sobre 10. Este resultado representó una leve disminución frente a 2023, cuando el departamento obtuvo 5,46. Bucaramanga, por su parte, alcanzó el octavo lugar entre las capitales con un puntaje de 6,28.
Uno de los componentes centrales del estudio es el criterio ambiental, que mide la interacción entre los ecosistemas y la actividad turística. Allí Santander pasó de 4,76 puntos en 2023 a 4,80 en 2024.
Hay puntajes que dejan en evidencia la riqueza biológica del departamento y el acompañamiento institucional a iniciativas de turismo de naturaleza. Los indicadores más sólidos se encuentran en el apoyo técnico a la oferta de productos de naturaleza (8,95), la concentración de especies endémicas (7,76) y la diversidad de fauna y flora (7,41).
Sin embargo, aún hay retos por superar en aspectos clave. La adaptación al cambio climático obtuvo cero puntos, igual que el indicador de reconocimientos ambientales internacionales. A esto se suman bajos resultados en áreas naturales de uso turístico (1,89) y en planes de manejo para áreas protegidas (2,69).
La tarea es fortalecer la planificación ambiental y las acciones de conservación en el territorio.
Por otro lado, Bucaramanga alcanzó 6,94 puntos en el componente ambiental, con altos puntajes en gestión del riesgo (10,00), calidad del agua (9,21) y apoyo técnico (10,00). Sin embargo, la capital tampoco registra avances en adaptación al cambio climático.
El informe del Centro de Pensamiento Turístico de Colombia (CPTUR), integrado por la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) y la Fundación Universitaria Cafam (Unicafam), concluye que para mejorar su competitividad “se sugiere brindar un acompañamiento a los prestadores de servicios turísticos con el fin de poder contar con las respectivas certificaciones en calidad y sostenibilidad turísticas y garantizar un servicio de calidad y competitivo”, reza el informe.
















