Santander
Miércoles 25 de febrero de 2026 - 12:05 PM

Dos niños santandereanos conquistan el país como Guardianes de las Aves

Dos niños de Santander fueron elegidos entre los diez Guardianes de las Aves del país. Su compromiso con el departamento parte de la conservación, el aviturismo y el liderazgo.

Suministrada/Vanguardia
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En Santander, uno de los departamentos más megadiversos del país, dos niños decidieron alzar la voz por nuestras más de 900 aves registradas a lo largo y ancho de las siete provincias.

Thomas Torres, de Lebrija, y Edinson Javier Niño Cucaita, de Encino, quedaron seleccionados entre los diez ganadores del país en la séptima versión del Concurso Guardián de las Aves, una iniciativa de la fundación que lleva el mismo nombre y que fue creada por Niky Carrera Levy y Mauricio Ossaque. Desde 2019 han apostado por los niños y jóvenes como el centro de la conservación.

La versión 2025, que se premió la semana pasada, recibió 92 postulaciones de niños, niñas, jóvenes y adolescentes entre los 7 y los 15 años, provenientes de 20 departamentos y 36 municipios de Colombia. El reto era ser creativos y responder una pregunta clave: ¿cómo convencería a alguien de la importancia de las aves?

En total se han entregado 70 kits pajareros, uno para cada ganador en cada uno de las ediciones. Desde su creación, el concurso ha convocado a 1.382 niños en 214 municipios.

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Este kit incluye binóculos, guía de aves de Colombia, morral, libreta de campo, camiseta, gorra, chaleco, cuello y certificado. Estas herramientas buscan formar líderes capaces de transformar la relación de los adultos con la naturaleza.

En esta versión se rindió un homenaje especial a Samuel Aristizábal, uno de los primeros guardianes de Colombia, quien falleció en los últimos días. Su nombre estuvo presente como símbolo de un legado que hoy continúa en otras voces jóvenes.

Thomas Torres, del Cerro de la Aurora al título nacional

Thomas Stict Torres Rojas tiene 13 años. Vive en el Cerro de la Aurora, una vereda de Lebrija. Su historia con las aves empezó en casa.

“He tenido la fortuna de crecer en un lugar privilegiado por su biodiversidad, he crecido en medio del canto de las aves y en algún momento de mi vida siendo aún muy pequeño en mi vereda nació un proyecto llamado Manantial de la Aurora donde inicialmente fue mi papá Leonel Torres, quien decidió hacer un gran cambio en su vida sobre todo en la forma en que se relacionaba con la naturaleza”, esta historia surgió luego de varias salidas a pajarear, pues no pudieron evitar enamorarse de las aves.

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“Ahí, poco a poco, fue creciendo su pasión y el amor que también nos fue transmitiendo. Él colgó su escopeta y yo mi cauchera y así fue como fui encontrando mi vocación. Descubrí que quería hacer de mi entorno un lugar de protección para las aves”, comparte Thomas.

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Su conexión especial se dio con el carpintero bonito, un ave endémica. “Nos necesita mucho porque en el campo a veces lo persiguen porque come cacao y otras frutas, y además se ha visto afectado por la cacería”, expresa este joven pajarero.

Sin embargo, Thomas también ha podido evidenciar que hay comunidades que encuentran en las aves un camino para escribir una nueva historia. “Empiezan a valorarlas, por ejemplo, quienes hacen aviturismo comunitario en la Serranía de la Paz. Siento que cuidar al Carpintero bonito es cuidar nuestro territorio y demostrar que en Santander podemos vivir del bosque con compromiso y respeto”.

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Antes de ganar este título Thomas ya tenía un compromiso inquebrantable con las aves, pero está absolutamente fascinado con la idea de poder compartirlo con otros niños.

“Me siento muy feliz y orgulloso de lograr ser un guardián de las aves y para llevar este título con honor. Me propongo no solo seguir aprendiendo, sino también compartir lo que he aprendido. Quiero hacer unos semilleros con niños para que ellos también amen y cuiden la naturaleza, comprendan su importancia, lleven el mensaje a sus casas y ojalá podamos ser muchos los guardianes de las aves”.

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Cuando imagina el futuro del departamento, lo hace con esperanza. Confía en poder transmitir a los adultos un mensaje de profundo amor por la fauna y flora del territorio.

“Me imagino a Santander como un lugar donde el aviturismo comunitario sea un ejemplo para todos, donde cuidar las aves sea motivo de orgullo y los bosques estén protegidos”, puntualiza.

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Edinson Niño, el guardián del inca negro

A más de 100 kilómetros de Lebrija, en Encino, Edinson Javier Niño Cucaita, de 9 años, también levantó la mano por las aves. Muchos lo conocen como el guardián del inca negro.

“Desde hace 5 años, mi familia empezó a recibir a personas que llegaban a la finca para ver aves y me gustó mucho como ellos tomaban fotos y se podía ver lo bonitas que son. También me enseñaron que son muy importantes para el medioambiente porque ellas no están ahí por estar, cumplen un rol muy importante en cada ecosistema”, cuenta Edinson.

Su conexión especial es con el inca negro, pues es el invitado de honor en la reserva que ha construido con sus padres y hermana. “Él ha sido el principal objetivo con el que llegan los pajareros, ya que está amenazado por la destrucción de su hábitat, es muy importante para la conservación”.

Edinson reconoce la responsabilidad que implica el título por el que había aspirado desde que conoció el mundo del pajareo. “Cuando tenía 4 años conocí a Niky y a Mauro y me motivaron mucho, entonces me preparé para postularme. Siento que es una responsabilidad que debo continuar en la conservación de estos lugares donde hay aves amenazadas”, expresa el guardián del inca negro.

Al pensar en Santander dentro de algunos años, Edinson apuesta por soñar con el equilibrio. “Si más niños y más familias se unieran para cuidarlas, también habría más bosques y más especies de otros animales tranquilos, porque del cuidado depende que un animal se desarrolle mejor. Tendríamos también lugares más sanos y armonía con los animales”.

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