Si existiera un mundial gastronómico, de esos en los que cada región saca lo mejor de su cocina para competir con identidad, sabor y tradición, Santander llegaría con una nómina capaz de pelear el título sin titubeos.

En Santander tenemos una ‘selección’ que se ha formado en fogones, plazas de mercado y recetas heredadas por generaciones.
Bastaría sentarse a la mesa para entender que aquí hay técnica, carácter y, sobre todo, memoria. Platos que alimentan, satisfacen y cuentan historias. Que nacen del campo, del ingenio y del ‘buen comer’.
Junto a la chef santandereana Diana Acevedo armamos este equipo ideal, una alineación de lujo con 11 platos que lo darían todo por traer la copa a casa. Una selección capaz de enfrentarse a cualquier rival, con sabores contundentes, identidad propia y esa ‘magia’ que convierte cada bocado en una victoria.

Arquero:
La fritanga de Girón nunca dejaría la portería sola. Siempre cae bien, al almuerzo o a la comida. Para celebrar, tendríamos el arco seguro. Un plato que nos da seguridad y evita las ‘sorpresas’ en el marcador.
Lateral derecho:
La hormiga culona. Un plato rápido, firme en defensa, capaz de responder con un buen golpe de sabor. Es símbolo de tradición y funciona perfecto “pa’ picar”, pero también se luce muy bien cuando sirve de acompañamiento. Eleva cualquier experiencia gastronómica.
Defensa central:
El frito sudado de Barrancabermeja. Un plato robusto y cargado de sabor. Son los que dan confianza y permiten ir a la fija.
Defensa central:
La arepa de maíz pelao no puede faltar en la alineación. Un plato con un sabor contundente.
Lateral izquierdo:
El sancocho de chorotas, en la defensa, jamás fallaría. Cubriría la banda para crear una defensa llena de sabor.
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Recuperador:
El sancocho trifásico de Barrancabermeja recupera y alimenta como ningún otro. El plato que nos levanta, que siempre está atento para dar una mano cuando la situación no nos favorece.

Volante izquierdo:
Cabrito con pepitoria, un infaltable de nuestras mesas, con variaciones según la provincia. Capaz de armar cualquier experiencia gastronómica, es un sabor tan fuerte como creativo, conecta perfectamente con otros manjares de Santander.
Volante derecho:
La carne oreada es nuestro ‘10’, el calidoso. Una preparación que requiere tiempo y conocimiento, con notas entre dulces y saladas. Nació como método de conservación y hoy es clave en la cocina santandereana.
Extremo izquierdo:
La sopa de ruyas, un infaltable de los fogones santandereanos, con todo el sabor del maíz y el amor de las abuelas. Habilidoso, encarador, de esos que ganan en el uno contra uno. Desborda sabor y lleva lo tradicional a otro nivel.
Delantero:
El mute Santandereano es el rey de la carta. Un plato para ir a la fija, para aprovechar las oportunidades que haya de sorprender con todos los sabores de Santander en un bocado. Sin duda sería ‘la figura’ del partido.
Extremo derecho:
La arepa de Liuda, sin lugar a dudas, un manjar gastronómico. Desde su sencillez y talento ‘innato’ para conquistar paladares puede lograr cualquier hazaña.
















