Santander
Domingo 18 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Niños, enfermos y campesinos cruzan en una tarabita por falta de un puente en Santander

La falta de un puente dificulta el transporte de café, limón Tahití y otros productos agrícolas, afecta el turismo hacia la Laguna de Ortíces y complica el acceso a servicios de salud y educación en zona rural de San Andrés.

En cinco veredas y un corregimiento de San Andrés, Santander, cruzar el río es una travesía diaria.
Foto: Katterine Dimas/Vanguardia
En cinco veredas y un corregimiento de San Andrés, Santander, cruzar el río es una travesía diaria. Foto: Katterine Dimas/Vanguardia

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Publicado por: Katterine Dimas

A las cinco de la mañana, cuando todavía la oscuridad cubre las montañas de San Andrés, Pedro Hernández comienza a preparar el paso de quienes necesitan atravesar el río. Es el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda El Caracol y también quien administra la tarabita. Sabe mejor que nadie lo que significa cruzarla.

“Pues tenemos ahí una tarabita, algo artesanal y por ahí nos estamos transportando, pero es demasiado, demasiado tráfico de personas y carga. Estamos bregando. Cuando llueve se pone más complicado todavía. Es bien difícil para pasar niños, para pasar enfermos. Es bien complicada la situación”, cuenta Hernández.

De un lado y del otro del río se repite la misma rutina. Por ese cable cruzan a diario los niños que estudian en la sede H de El Caracol del colegio Fray José de las Casas Novas. Cruzan los caficultores de una de las zonas que más café produce en San Andrés y los cultivadores de limón Tahití, que incluso se exporta. Cruzan adultos mayores que buscan atención médica. Y cruzan, cada sábado, quienes llevan el mercado a sus casas.

“Es triste ver el día sábado, que es el día de mercado, adultos mayores, niños, todos pasando por ahí para llevar sus víveres. Es el único medio que hay. He conocido casos de personas que se han enfermado a la una de la mañana y, gracias a Dios, está la tarabita y han pasado para ir hasta el hospital”, expresa Kendy Jaimes, habitante del sector. Lea además: “Ya estamos cansados”: 1.500 familias llevan tres años incomunicadas por puente que no terminan en Santander

Una tarabita artesanal es su principal conexión mientras esperan la reconstrucción del puente El Congreso.
Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.
Una tarabita artesanal es su principal conexión mientras esperan la reconstrucción del puente El Congreso. Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.

Casi cuatro años después de aquella avalancha la movilidad continúa dependiendo de soluciones provisionales y de la paciencia de quienes esperan un puente que no termina de llegar.

Existen caminos alternos, pero salen caros. Tomar la vía por Molagavita o la de Petaquero–Santa Cruz encarece el transporte y multiplica las horas de viaje. Además, según Pedro Hernández, la ruta por Petaquero debe cerrarse el 15 de noviembre para construir placa huellas. Entonces solo quedaría la vuelta por Molagavita: casi cinco horas hasta el casco urbano de San Andrés.

La Laguna de Ortices, que movía la economía con visitantes, está en pausa. Y la comunidad siente el peso de lo que ocurre en pleno siglo XXI.

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“Uno no imaginaba en pleno siglo XXI tener esos medios de transporte y que se conviertan en la única opción de poder movilizarse: la gente ir a estudiar, ir al médico, llevar los productos del mercado. Es compleja la situación”, dice Kendy.

Más de tres años de promesas

Tres años y medio después de que una avalancha se llevara dos puentes y, con ellos, la tranquilidad, más de 2.000 familias campesinas de San Andrés, Santander, cruzan el río metidas en una canasta de metal que cuelga de un cable y que aguanta, como máximo, 350 kilos. La nueva promesa es entregar el puente el 15 de diciembre de 2026. Le sugerimos leer: Puente El Congreso: Así es el peligroso trayecto de comunidades en San Andrés

La falta de un puente dificulta el transporte de productos agrícolas, afecta el turismo hacia la Laguna de Ortíces y complica el acceso a servicios de salud y educación.
Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.
La falta de un puente dificulta el transporte de productos agrícolas, afecta el turismo hacia la Laguna de Ortíces y complica el acceso a servicios de salud y educación. Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.

El 11 de abril de 2023, la quebrada El Congreso bajó convertida en avalancha y arrasó dos puentes: el vehicular, que comunicaba cinco veredas las veredas, y el peatonal conocido como El Planchón. Los campesinos recuerdan un fenómeno que nunca había ocurrido en la zona. En cuestión de horas quedaron aisladas El Caracol, La Ramada, Pablo VI, El Ciral y el corregimiento La Laguna de Ortices.

Hoy el único hilo que une las dos orillas es una tarabita artesanal. Funciona con un motor eléctrico entre las 5:00 de la mañana y las 7:00 de la noche, para subir a este rudimentario transporte hay que pagar entre 2.000 y 5.000 pesos, el precio varía si pasan motocicletas o cargas o cargas pesadas. Si llueve con fuerza o se va la luz, se detiene.

Al principio, la comunidad intentó resolver la emergencia por sus propios medios. Construyeron pasos de madera para atravesar el afluente, pero las lluvias los destruían y obligaban a comenzar de nuevo.

La situación es todavía más difícil durante los aguaceros. El barro vuelve resbaloso el terreno, las piedras bajan con la corriente y el paso se torna peligroso, especialmente para los menores de edad y los enfermos. Si llueve demasiado o se interrumpe el suministro eléctrico, el mecanismo debe detenerse.

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Tras la emergencia, la Gobernación de Mauricio Aguilar (2020 -2023) declaró la urgencia manifiesta y contrató la reconstrucción con la Unión Temporal Los Ortices. En noviembre de 2023 se firmó un contrato por 9.385 millones de pesos, con plazo de seis meses, que a fines de diciembre se prorrogó por ocho meses más. En julio de 2024, con un avance físico del 30,07 %, el contratista pidió suspender la obra por grietas y erosión en el estribo izquierdo. Un mes después retiró la maquinaria. También lea: Ejército y Gobernación preparan la instalación de puente militar en el río ‘El Congreso’ en San Andrés, Santander

La tarabita opera entre las 5:00 de la mañana y las 7:00 p.m. todos los días.
Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.
La tarabita opera entre las 5:00 de la mañana y las 7:00 p.m. todos los días. Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.

En diciembre de 2024 llegó un puente militar, recibido con pólvora y papayera. En julio de 2025 la obra se reactivó con una adición de más de 5.000 millones y la promesa de entregarla en septiembre de ese año. No se cumplió. En abril de 2026 el contratista se comprometió a entregar en agosto. Ese mes, según Pedro Hernández, hasta la Contraloría llegó a la zona.

“Dicen que en mayo, después que en agosto, y en agosto hasta la Contraloría de la Nación vino, que si no nos entregaban el 12 de agosto había sanciones, y pasó el 12 de agosto y no sucedió nada. Se siente impotente uno de que no se pueda hacer mucho más para que nos entreguen eso”, reclama el presidente de la JAC del El Caracol.

Entre agosto y septiembre de este año, el puente militar fue desmontado y llevado a otro punto de Santander por una nueva emergencia. Los habitantes quedaron de nuevo solo con la tarabita. En mayo, las autoridades habían advertido que la solución definitiva requeriría cerca de 20.000 millones adicionales para estabilizar la montaña con muros de contención, recursos que ni el municipio ni la Gobernación tenían.

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“Anuncian fechas y llega la fecha y nada, no entregan. Lo que lo mantiene a uno es como la fe, porque la esperanza sí la empieza uno a perder, porque hay tanta promesa”, así lo resume Kendy Jaimes.

Las comunidades de El Caracol, La Ramada, Pablo VI, El Ciral y La Laguna de Ortíces enfrentan dificultades para movilizarse.
Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.
Las comunidades de El Caracol, La Ramada, Pablo VI, El Ciral y La Laguna de Ortíces enfrentan dificultades para movilizarse. Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.

Diciembre, la fecha a la que se aferra la comunidad

El 15 de septiembre, una comitiva de San Andrés se sentó con autoridades departamentales. La Gobernación de Santander reinició la obra tras el rediseño por el deslizamiento del talud del estribo izquierdo y aseguró que supera el 50 % de avance: 30 metros de estructura metálica instalados desde el estribo derecho y otros 30 ensamblados en taller.

El compromiso es entregar el puente en menos de 90 días, es decir, el 15 de diciembre. También se acordó verificar el avance de los trabajos y revisar las condiciones de acceso para transportar la infraestructura pendiente. La secretaria de Infraestructura reconoció que aún falta estabilizar vías y terrenos aledaños.

La comunidad permanece pendiente de que los compromisos se traduzcan en avances concretos. En la obra, el presidente de la JAC de El Caracol ve movimiento: “Actualmente hay varios trabajadores; si no paran la obra, sí, claro, pueden entregar a tiempo”, admite.

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Sin embargo, don Pedro Hernández y Kendy Jaimes reconocen que la esperanza se ha desgastado con cada plazo incumplido. Aun así, diciembre representa una nueva oportunidad para recuperar la movilidad.

“Yo les diría que nos miraran con compasión, porque sinceramente luchamos por esa obra, porque es la única alternativa que tenemos. Y a la Gobernación, que nos colabore, que ellos son los que pueden presionar más al contratista para que nos cumpla”. No olvide leer: Obras en puente ‘El Congreso’ en San Andrés, Santander, están ‘varadas’ y con un avance de solo 7 %

La comunida paga entre 2.000 y 5.000 pesos para hacer uso de la tarabita.
Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.
La comunida paga entre 2.000 y 5.000 pesos para hacer uso de la tarabita. Foto: Katterine Dimas Herrera/VANGUARDIA.

En estas montañas de Santander, cada mañana a las cinco el motor de la tarabita se enciende de nuevo. Y las 2.000 familias, una canasta a la vez, siguen cruzando con la necesidad de asistir a clases o citas médicas, el esfuerzo de sacar una cosecha y el deseo de volver a casa sin tener que sortear una travesía.

Publicado por: Katterine Dimas

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