En la quebrada Curití se planteó desde 2023 establecer 11 puntos de control, siendo el del Ragonessi a cargo del Colegio Nuestra Señora de la Presentación el único que estaba pendiente. Las mediciones en los diferentes sectores iniciaron en 2024.

Publicado por: Jorge Rios
Los estudiantes del Colegio La Presentación de San Gil se suman este año al grupo de instituciones, organizaciones, empresas y comunidades que desarrollan labores de monitoreo en la cuenca de la quebrada Curití.
El grupo de alumnos y docentes de la institución educativa serán responsables de tomar muestras cada 15 días en el sector del Ragonessi y para ello contarán con unos kits entregados por la Corporación Autónoma de Santander, CAS.
Rodolfo Sánchez Ruíz, profesional especializado de la CAS, explicó que las herramientas para medir la calidad del agua son prácticas y fáciles de usar, por lo que estudiantes y docentes podrán utilizarlas y recolectar la información sin mayores tecnicismos.

El proyecto Inspiragua que se adelanta en la quebrada Curití se hace en alianza entre la CAS y la Autoridad Holandesa del Agua.
La vinculación del colegio se da en el marco de Inspiragua, un convenio que, según la CAS, se desarrolla en Santander desde 2019 junto con la DWA (Dutch Water Authorities), en el marco de la estrategia Blue Deal y con apoyo de la Gobernación de Santander.
Vigilancia y gobernanza participativa del agua

Uno de los objetivos del proyecto es vincular a las comunidades al cuidado y la toma de decisiones sobre las fuentes hídricas, a partir de un piloto en tres territorios: la quebrada Curití, el río Tona y el corredor del manatí antillano, en las ciénagas de Puerto Wilches.
En el caso de la quebrada Curití, la CAS ha venido consolidando una red de monitoreo participativo con cerca de 10 puntos definidos, entre ellos el sector de Ragonessi.
En este proceso están participando empresas del sector avícola, juntas de acción comunal, una institución educativa de Curití y otros colaboradores, dijo Sánchez, resaltando el valor que tiene la recolección de esta información de forma periódica para conocer realmente las condiciones de esta importante quebrada.
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Antes del proyecto, los controles y las mediciones de turbiedad, contaminación y otros parámetros se realizaban con menor frecuencia. Ahora, en cada punto se toman muestras cada 15 días, es decir, 24 al año.
Sánchez explicó que toda esa información que recogen en campo los voluntarios la pueden subir de forma inmediata a una aplicación de la corporación en donde está disponible y se está utilizando para el análisis de todos los resultados.
Ante la buena participación de la comunidad y los resultados del proyecto, la CAS evalúa aplicar esta metodología en otras quebradas de la región y avanzar en el análisis del impacto de las aguas residuales.
El profesional de la CAS indicó que, además, dentro del cronograma de trabajo está previsto entregar equipos como microscopios y estereoscopios al colegio vinculado en Curití, con el fin de fortalecer las evaluaciones hidrobiológicas sobre los ecosistemas de la quebrada.














