Un equipo periodístico de Vanguardia Liberal sobrevoló la zona del desastre y llegó al kilómetro 34+800 metros, conocido como 'Trincheras', en la vía entre Rionegro y El Playón, epicentro de la avalancha que el miércoles en la noche cobró la vida de un policía, sepultó tres viviendas, arrastró seis vehículos de carga, desapareció a ocho personas y literalmente 'borro' la carretera.

Publicado por: Julio César Alvarado
En la zona casi dos centenares de personas desean salir ante el temor de que las lluvias regresen y la situación empeore, ya que los alimentos empezaron a escasear y sólo hasta dentro de diez días la carretera podría ser reabierta.
Aunque 'Trincheras' es el punto más crítico de la emergencia que se desató tras el torrencial aguacero que cayó en la zona durante cerca de cinco horas, en los 25 kilómetros de carretea que hay entre Rionegro y El Playón se registraron 55 derrumbes que mantienen represados alrededor de 300 vehículos y a cerca de 400 personas que intentan salir de la zona.
Desde las 6:00 de la mañana de ayer la Policía dispuso de cuatro helicópteros que ya han logrado evacuar a 55 personas, en su mayoría mujeres embarazadas, niños enfermos y adultos mayores, que son atendidos en diferentes centros asistenciales de Bucaramanga y el área metropolitana.
Durante las últimas horas a la zona de la tragedia ha sido enviada una tonelada de ayuda humanitaria entre alimentos no perecederos, frazadas y colchonetas, que servirán para las cerca de 100 familias que lo perdieron todo en El Playón y que desde ayer están siendo reubicadas en albergues temporales.
El comandante de la Policía de Carreteras, brigadier general Rodolfo Palomino y el director de la Policía de Santander, coronel Mario Aurelio Pedroza Sandoval, permanecen en la zona coordinando los trabajos y se espera que en mínimo diez días sea reabierta la carretera.
Los rostros de la tragedia
Sentados en una montaña de escombros, lodo y troncos, donde antes de la tragedia estaba la casa de sus seres queridos, los hermanos Barrera no podían creer que un riachuelo de no más de un metro de diámetro hubiese servido de caudal para la avalancha que el miércoles a las 9:30 de la noche arrasó con la casa donde vivían su mamá y su tía, quienes al cierre de esta edición seguían desaparecidas.
En la casa que fue sepultada por la avalancha vivían desde hace seis años Flor Ángela González, de 60 años y Adelaida González, de 70. Allí funcionaba uno de los paraderos preferidos por los viajeros de la transitada vía que conduce a la Costa Atlántica, conocido como 'Las Torres Gemelas', famoso por las ensaladas de frutas, el queso, los chorizos con papa y las empanadas.
"Acá donde estamos sentados quedaba el techo de la casa y ahora es una montaña de lodo y tierra. De ellas no sabemos nada, algunos vecinos nos dijeron que cuando empezó a llover les dijeron que salieran pero ellas no quisieron y pasó lo que pasó", dijo Hugo Barrera, uno de los cuatro hijos de Flor Ángela González.
Testigos de la tragedia recordaron que el miércoles a las 9:25 de la noche, ante la negativa de las hermanas González por abandonar, el patrullero Juan Carlos Báez Cáceres, de 25 años intentó convencerlas de que evacuaran la vivienda cuando más de 50 toneladas compuesta por lodo, piedra y árboles, sepultaron la zona. El cuerpo del patrullero Báez Cáceres fue hallado horas después pero dos días después el paradero de las hermanas González aún es incierto.
Y como si la tragedia de perder a su mamá y su tía fuera poco, los hermanos Barrera también desconocen el paradero de su padre, Emiro Barrera, de quien aseguran algunos habitantes del sector de 'La Chapa' ubicado a 15 minutos de casco urbano de El Playón, se lo llevó la corriente del río Playonero.
"De él no sabemos nada. Los vecinos nos dicen que la noche del aguacero salió de la casa para avisarles a los vecinos que evacuaran el lugar cuando se lo llevó la corriente del río. Estamos desesperados porque no sabemos qué hacer", dijo uno de los hermanos Barrera.
Desolación y angustia
Desde el miércoles, tras el fuerte aguacero, en El Playón, municipio ubicado por carreta a hora y media de Bucaramanga y a 10 minutos en helicóptero, todas las actividades fueron suspendidas, por lo que su alcalde decretó el máximo estado de alerta.
"Tenemos luz por ratos y con el servicio de agua también hay dificultades pues nuestro acueducto sufrió serios daños. Acá hay cien familias, es decir, casi 400 personas que lo perdieron todo y las estamos acomodando en albergues temporales", dijo Luis Ambrosio Alarcón López, alcalde de El Playón.
En la cabecera municipal de El Playón los alimentos escasean y en el mercado ya se empieza a especular con los precios de los elementos de primera necesidad.
Y si la situación en el casco urbano del municipio es grave en las 56 veredas y cuatro corregimientos el panorama es crítico pues además de que las carreteras de acceso están destruidas, los campesinos ya no tienen alimentos, están aislados por completo y con la amenaza latente de más desprendimientos de tierra.
"Estamos esperando qué reporte nos entregan porque hasta el momento no hemos podido llegar a las veredas, pero sabemos que allí la situación es delicada", dijo el alcalde Alarcón López.
Otro drama lo viven los viajeros que quedaron atrapados en buses, camiones y vehículos particulares que llevan tres días en la zona, algunos de ellos ya sin dinero para alimentarse.
"No sabemos qué hacer, estamos desesperados, lo peor es que esto va para largo. Por ahora la Policía nos ha brindado agua y comida pero créame que la situación es desesperante", aseguró uno de los cientos de viajeros represados en la zona.
Empanadas a $1.000
En medio de la tragedia y la emergencia, algunos habitantes de El Playón, como Yuleida Renualda, de 25 años, hicieron gala del rebusque, propio de nuestro país, y se puso las botas pantaneras para salir a ofrecer empañadas y café con leche a lo largo de los 15 kilómetros de carretera que hay desde El Playón hasta 'Trincheras'.
"Salí a las 5:00 de la mañana, con 55 empanadas y dos termos de café con leche. Ya es la 1:00 de la tarde, he caminado tres horas pero ya he vendido 30 empanadas y un termo de café", dijo con una expresando una sonrisa y mientras se secaba el sudor de su frente la humilde vendedora.
Sorteando todo tipo de obstáculos, barro, lodo e incluso arriesgando su vida, esta mujer se convirtió en la única esperanza de alimento para los conductores de los camiones que están represados en la vía.
Y pese a que es la única vendedora de la zona de la tragedia, donde ante la escases una empanada se convierte en banquete, ella ha entendido que a sus clientes se les está acabando el dinero y por eso solo cobra a $1.000 la unidad y $1.500 con café.

















