La fiebre de Pokemón Go se tomó a la ciudad. Cientos de jóvenes juegan hasta bien entrada la madrugada y se convierten en parte de un movimiento, que hoy tiene atrapado a todo el mundo.

Publicado por: Paola Esteban
No se trata solo de cazar los Pokémones: algunos tienen más poderes que otros, más energía o son claves para encontrar herramientas que permitan avanzar en el juego.
El sol se eleva hacia el infinito. Son las cinco y treinta de la mañana de un lunes de agosto y Fernando, uno de los más hábiles jugadores de Pokémon Go -está en el nivel 18-, está listo para atrapar a los animalejos imaginarios con su celular de alta gama. “Lo compré exclusivamente para jugar Pokémon Go”. Fernando tiene 30 años. Es alto, desgarbado y ha pasado los últimos 15 años encerrado tras una consola.
Michael Parra, jugador de Pokémon, explica que “lo que me gusta es que puedo salir, encontrarme con otra gente, y no estar pegado a una pantalla. Esto fue lo que hicieron las consolas. Lo que se viene ahora es la realidad aumentada”. Es decir, interactuar con el mundo de verdad, pero a través del celular.
Ahora que el sol ya está pleno en el cielo, Fernando entiende que es hora de descansar. Aunque sea una hora. “Mañana… bueno, hoy, tengo que ir a la oficina”, dice Fernando, quien es abogado. Con suerte, sus casos no serán resueltos por la pequeña rata amarilla. “Es una mezcla entre rata y conejo. Y no, en el trabajo no busco Pokémones”.
Así comenzó
Alguien puso un cebo en la Unab a la medianoche. ¿Qué es un cebo? Un cebo es una especie de “trampa” o módulo que atrae Pokémones por alrededor de 30 minutos o menos. A veces un Pokémon muy importante –como Pikachú- solo permanece cinco minutos en un lugar y es allí donde los jugadores deben correr para atraparlo una vez que está en el sitio.
Sin embargo, no es como si los animales llegaran solos: el software diseñado por John Hanke, un estadounidense de 49 años, tiene esta función. Cuando el software se descarga en cada país, este ya tiene el mapa de la ciudad donde será jugado y allí se encuentran ‘Pokeparadas’: lugares donde aparecen determinados Pokémones y ‘gimnasios’ donde pelean por equipos.
“Hay tres: el equipo amarillo, el azul y el rojo. Yo soy el amarillo. Nosotros nos organizamos en un grupo de Facebook para que nos reuniéramos en un parque. Jugar es fácil: bajas la aplicación, mediante una cuenta de Google, te registras y cargas. Comienzas con tres Pokémones: uno de fuego, uno de agua y una planta. Hay un truco para conseguir a Pikachú, que es caminar cuatro cuadras alrededor de un lugar. Todos los Pokémones son importantes, pero depende del gusto”, explica Fernando.
Juliana Zapata es una colombiana que vive en California y fue fiel jugadora de Pokémon Go. “Debo confesar que mientras jugaba me gané unos cuantos enemigos, recibí miradas que matan, me estrellé contra árboles y hasta discutí con mis amigos. Sin embargo, esto nunca me detuvo. Con la versión que salió el 30 de julio atrapar a un Pokémon era demasiado frustrante. Hasta el Pidgey o Zubat (otros Pokémones) más insignificante se salían de la ‘pokebola’, cosa que para una entrenadora nivel 18 era difícil de entender”, comenta.

Después de jugar por más de un mes, Juliana ya sabía cómo atrapar a los Pokémones indefensos que estaban en cada esquina. “Sin embargo, la actualización (del software del juego) hizo que toda la práctica que adquirí en las últimas semanas fuera inútil. No soy la única que notó esto. Reconozco que el juego ha logrado grandes cosas, como obligar a los pequeños a salir a las calles, generar más clientela a negocios y atraer más visitantes a los museos. Espero que para aquellos que siguen disfrutando del juego llegue una próxima actualización que vuelva a revolucionar el mundo y tal vez atraiga de nuevo a jugadores como yo”, concluye Juliana.
En Bucaramanga, el juego es legal hace apenas dos semanas. Durante un mes, los bumangueses estuvieron cazando Pokémones de manera ‘pirata’.
Fernando fue tras el cebo a la medianoche en la Unab, cazó sus Pokémones y estaba dispuesto a irse. Pero el rumor de que Pikachú estaba en el barrio El Jardín -y solo contaban con diez minutos para cazarlo- fue su perdición. Quedaban aún en pie unas cincuenta personas. Todas corrieron a buscarlo.
La parada en Cañaveral
San Pío no es la única ‘pokeparada’. Jesús, un abogado que decidió que podía ganarse algunos pesos ayudando a la gente a divertirse, explicó cómo se juega Pokémon en el Área Metropolitana.
“Se juega saliendo a las calles. Hay que ir a atrapar los Pokémones que se ponen en diferentes partes. Es un poco peligroso porque la gente va pendiente del celular y no se da cuenta del semáforo, de las personas que van pasando. Ya hay establecimientos de comercio que no permiten atrapar Pokémones. Un ejemplo claro es el Centro Comercial Cañaveral, que ya nos tiene limitado el juego”.
Curiosamente, el parqueadero de ese establecimiento reúne cada domingo a alrededor de 200 jugadores de Pokémon Go que son fáciles de reconocer: siempre pegados a su celular.
“El boom comenzó, estalló y todo el mundo está muy emocionado. Conozco gente muy adulta que juega con la nostalgia de la serie de televisión, pero también es chévere ver a los niños muy entusiasmados. Hace dos semanas hicieron un evento, pero no estaba muy bien organizado. No contamos con el apoyo gubernamental”, comenta Jesús.
Un evento de Pokémon Go consiste en pagar una inscripción de cinco mil pesos y participar en una competencia para cazar Pokémones en un tiempo limitado. Jesús premia a los ganadores con ‘Pokemonedas’ que se compran con tarjeta de crédito, no accesible para todos los jugadores bumangueses y que hacen interesante el juego.
Y no solo Jesús hace su “agosto”, precisamente.
El éxito sin precedentes del juego motivó a algunos a vender cuentas de Pokémon Go a la carta por un millón de dólares.
Estos vendedores son grupos de personas que, dependiendo del encargo del jugador, intentan capturar una serie de criaturas y alcanzar el nivel que el cliente demande.
No parece tener mucho sentido, pero ya hay compradores.
Natalia López Quintero, ávida jugadora de Pokémon Go, se animó a hacer un video sobre cómo se juega Pokémon en Bucaramanga, debido a la fascinación que vio en la ciudad.
“Desde pequeña me encantaba Pokémon y tengo el CD. Me encantó la idea del juego y como estuve en el lanzamiento en Nueva York, vi a miles de personas en Central Park jugando, así que apenas volví a Bucaramanga me di cuenta de la gran acogida que tenía el juego aquí”, explica Natalia.
Cuenta que jugó un par de semanas “y estuve activa en el grupo de Pokémon Bucaramanga, porque me encantaba ver cómo extraños se volvían los mejores amigos gracias al juego. Me parecía increíble ver a la gente a la media noche compartiendo carro y parqueadero en San Pío o en otros lugares... La gente sigue jugando y es fascinante”.
¿Peligroso?
Jugar Pokémon no es del todo fácil y divertido. Uno de los jugadores explicó que en Bucaramanga han sufrido varios robos y el temor continúa. Sin embargo, aseguran que en San Pío, por ejemplo, los policías están pendiente de los jugadores. “Al principio estaba más lleno de jugadores, pero como se ha hecho inseguro y hay cebos en otros lugares, pues la gente va acompañada. En la Unab se arma un buen parche con música y se pasa bastante bien, aunque se ha ido acabando”.
Por su parte, Claudia, una de las jugadoras que se dejó enganchar por el juego a sus 36 años, manifestó que para las mujeres puede ser inseguro. “Estaba bien cuando iba acompañada, pero cuando quise jugar sola, porque se me acabaron las pokebolas, sentí inseguridad de andar sola con un smartphone y por ser mujer”.
Entre tanto, en el grupo de Facebook de Pokémon Go Bucaramanga ya se ofrecen trucos para subir de nivel en el juego, así como accesorios, camisteas, pokebolas y demás para alegría de los fanáticos.

Pero no todos aman a Pokémon Go. El fabricante automovilístico alemán Volkswagen prohibió a sus empleados jugar en todo el recinto de su sede central en Wolfsburgo. La “falta de atención” y la “distracción” al jugar a Pokémon Go aumenta el riesgo de sufrir un accidente en el lugar de trabajo. Es mejor que Pokémón cobre solo tiempo y no vidas.














