Bucaramanga
Jueves 20 de septiembre de 2018 - 12:01 AM

‘Se bajó el telón’ del Teatro Municipal de Bucaramanga

Lo bautizaron como Teatro Municipal, pero al final se conoció con el nombre de ‘Sotomayor’. Hacemos referencia a una mítica edificación que estuvo a cargo de Próspero Chinchilla Pico, un reconocido arquitecto de San Joaquín, Santander, quien en los años 50 decidió irse a estudiar a Brasil.

‘Se bajó el telón’ del Teatro Municipal (Foto: Enrique Flórez /VANGUARDIA LIBERAL)
‘Se bajó el telón’ del Teatro Municipal (Foto: Enrique Flórez /VANGUARDIA LIBERAL)

Compartir

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Él, inspirado por los creativos que edificaron a mitad del siglo pasado la ciudad ‘utópica’ de Brasilia, le dio vida a una curiosa edificación en el sector de la carrera 27, entre la calle 37 y la otrora Quebrada La Rosita.

La función del teatro no comenzó sola. De hecho, al lado de la sala de cine existía la famosa Heladería Tropicana, cuya inauguración, por allá en 1954, se convirtió en el gran acontecimiento de la época.

Con el paso del tiempo los helados se fueron ‘derritiendo’ debido al cálido y acelerado empuje de los negocios en la creciente Bucaramanga. Fue entonces cuando el teatro fue alquilado a la familia Pava, a mediados de los años 60.

La edificación se mantuvo así durante dos y medio décadas más, hasta que el cine de la 27 se quedó vetusto frente a las modernas salas que llegaron con los centros comerciales del área metropolitana.

Una nueva película comenzó a grabarse allí, en el viejo Teatro Sotomayor. Por estos lados se pensaba construir un gigantesco planetario, el mejor de todos los tiempos. La producción aspiraba a reestrenar a nuestro Sotomayor y a llevarse la más grande de todas las taquillas de la otrora sala de cine.

Al menos esos fueron los ‘trailers’ que en su tiempo emitió la Sociedad de Mejoras Públicas, justo cuando se anunció la adecuación de este terreno de la cañada de La Rosita para ejecutar sobre él una nueva fase del Parque Cultural del Oriente.

El ‘filme’ nunca se terminó de grabar, pues no hubo plata para pagar la obra y, por supuesto, jamás se vio la ‘premier’.

Durante varios años, las únicas imágenes que se reflejaron por estos lados fueron las de los mendigos y los drogadictos apostados sobre el frío pavimento de lo que alguna vez fuera la taquilla. La escena terminó ahí.

La maleza, las basuras y un edificio deteriorado por el tiempo convirtieron a esta película en un largometraje de abandono oficial.

Hoy, por fortuna, ese lugar tiene una cara bonita. Allá existe un gigante edificio denominado Green Gold, el cual recuperó esta céntrica vía.

No hubo planetario y el teatro, como era de esperarse, tampoco garantizó su reestreno. ¡Ni modo!

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad