Bucaramanga
Lunes 07 de diciembre de 2020 - 05:05 PM

Nuestra Memoria: ¿Qué costumbre de Navidad nunca olvida?

Para muchos esta es la mejor época del año. En un tiempo para volver a las tradiciones que aprendimos de niños. Un momento para reencontrarse con los seres queridos y seguir las tradiciones decembrinas, que nunca pasarán al olvido.

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Publicado por: Luisa Fernanda Melgarejo

En Bucaramanga, desde la última semana de noviembre, el alumbrado y la decoración en las casas, barrios y centro comerciales anuncian que, se aproxima la fecha más especial para los colombianos. En la primera y segunda semana de diciembre, en los hogares, se arma el árbol de Navidad, que con los años, se ha convertido en un legado familiar. Lo único que se renueva, son las bombas, las piñas brillantes, la estrella y los regalos navideños que se cuelgan.

César Florez / Vanguardia Liberal
César Florez / Vanguardia Liberal

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Azucena Arias, tejedora desde los 15 años de adornos navideños, recuerda que, cuando vivía en el campo, el árbol de Navidad era un chamizo de arrayán. “Se cubría con cabello de ángel blanco o se le enrollaba algodón. Se decoraba con hilos brillantes de colores y bombas de Navidad escarchadas. Se solían colgar figuras que representaran los deseos para el año nuevo y todo se alumbraba con una extensión de luces”.

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En la casa de los Villamizar Ávila, “a las luces navideñas, como es costumbre, se les dedica un día completo para desenredar sus extensiones”. Los coloridos destellos, avivan la silueta del árbol, la corona navideña y las guirnaldas que se descuelgan de los balcones. “Recuerdo que, cuando estaba pequeña, uno tenía que estar muy pendiente de no caminar descalzo, porque sin querer, llegaba a pisar una de las piñas que cubrían los bombillos de las instalaciones, y le quedaba incrustada en el pie'', aseguró Blanca Ávila, madre del hogar.

Colombiano que se respete ha tenido un Papá Noel, que al ser encendido, produce un sonido navideño, acompañado de movimientos rítmicos y una luz que refleja el aspecto del tradicional adorno. En su mayoría de veces, era ubicado sobre la mesa redonda de la que descolgaba un mantel en el que se combinan los colores característicos de la Navidad: rojo, verde y blanco.

Montar el pesebre para la llegada del ‘Niño Dios’, es el acto de mayor ocurrencia en las familias. Hacer las compras de casas, pozos, ovejas, animales y figuras que representan el nacimiento, se vuelven la prioridad del momento.

Las abuelas y tías, se reúnen durante el primer fin de semana de diciembre, para armar con cajas, papel de azúcar y aserrín, el altar del 24. Entre más grande y llamativo sea el montaje, mayor elogios reciben por parte de los familiares y las visitas.

El 7 de diciembre, día de ‘Las Velitas’, sobre los andenes y jardineras que rodean el frente de las casas, se observa el brillo de coloridas velas, aseguradas con la misma cera que se derrite de ellas, a rústicas tablas guardadas celosamente, casi siempre por las abuelas, para evitar desastres sobre los pisos en los que se lleva a cabo este ritual.

Aunque es una costumbre muy arraigada a la religión, es el primer encuentro familiar, en el que se recuerdan momentos, se comparten risas y abrazos.

Luis Eduardo Noriega / EFE
Luis Eduardo Noriega / EFE

Simbólicamente, el color de las velas que iluminan las cuadras bumanguesas, tienen un significado, según lo explica Luz Helena Bermúdez, vendedor de velas en el centro.

“Las velas amarillas significan abundancia; las velas azules, tranquilidad; las velas blancas, pureza y paz; las velas rojas, amor; las velas verdes, esperanza y salud; las velas rosadas, unión y amistad”.

La energía que se vive durante la época, invade a las personas de optimismo y felicidad. Del 16 al 24 de diciembre, no solo se celebran las novenas navideñas. En muchos de los hogares y cuadras de los barrios, se escuchan apuestas por los juegos de aguinaldo.

- El sí y el no.

- La pajita en boca.

- Tres pies.

- El beso robado.

Las espigas de trigo que lucen en los floreros que decoran la sala y el comedor, es uno de los adornos más vendidos en las calles de la ciudad. Atraen la abundancia para los hogares.

En las cocinas de Bucaramanga, los buñuelos se estallan por la temperatura del aceite, la natilla no cuaja porque la persona que la hizo, “no le echó la maicena suficiente” y el masato en ocasiones no fermenta, porque la toalla con la que se cubre el balde, no conserva las propiedades necesarias para el proceso.

En Navidad, no solo se come, se reciben regalos y se estrena ropa. Diciembre, es el mes en donde se intensifica el amor y la felicidad. En el que se olvidan las deudas y los malos momentos. Es el mes en el que prevalecen las tradiciones, que con fortuna se pueden vivir un año más.

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Publicado por: Luisa Fernanda Melgarejo

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