Bucaramanga
Domingo 21 de diciembre de 2025 - 08:15 AM

¿Sabe cuál es el origen de los nombres de los barrios de Bucaramanga? ¡Aquí le contamos!

Algunos barrios de Bucaramanga tienen nombres de próceres, otros de fechas históricas, algunos son fusiones de otros, en fin... ¡Conozca algunas de sus historias!

Las historias de los nombres de los barrios de Bucaramanga.
Las historias de los nombres de los barrios de Bucaramanga.

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Algunos afirman que en la tierra del cacique ‘Bucarica’ se inspiró el nombre con el que se bautizó a nuestra ciudad, aquel 22 de diciembre de 1622. Y si bien es cierto que la expresión ‘Bucaramanga’ proviene de la lengua de los indígenas Guane, los historiadores escribieron en letras de molde que una cuadrilla de indios chitareros se llamaba así: “Bucaaimanga”. ¡No es que hubiésemos digitado mal la expresión, es que así se escribía!

Pero, seamos más precisos. Como el término procedía de la lengua ‘Guane’, se cree que la palabra “Bucaramanga” terminó derivándose así: “Bucar”, que significaba señor; y “amanga”, que traducía casa. Mejor dicho: Nuestra ciudad fue bautizada de la misma forma como se le conocía a la casa del “amo y señor”.

Más allá de que nuestra capital santandereana siga siendo tan señorial como la del pasado, muchos olvidamos los nombres de los barrios en donde están nuestras casas.

Evocando la historia oculta y ancestral, habría que decir que los nombres utilizados por los fundadores de nuestros barrios también encierran bellas leyendas que recuerdan a hombres grandes e incluso hacen referencia a episodios simpáticos ocurridos en nuestros vecindarios.

Porque, así como el nombre propio de una persona tiene un significado especial, como continuar con el nombre paterno, manifestar el gusto por un santo, el nombre de cada barrio de Bucaramanga tiene su razón de ser y esconde la huella de las vivencias del ayer.

Y como el único deber que tenemos con la historia es el de escribirla, fiel a esa consigna, Vanguardia.com plasma en letras de molde lo que hemos llamado como la ‘toponimia’ de nuestros barrios. Para ello escudriñamos el baúl de los recuerdos y recopilamos esos detalles que ennoblecieron el ayer comunitario.

¡Acompáñenos a este recorrido por las pilas bautismales de la comunidad!

Chorreras de Don Juan

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Las Chorreras de Don Juan fue un antiguo acueducto de Bucaramanga, ubicado la ladera de la hoy calle 45, mejor conocido en la época como ‘Tres B’; Bobo, Barril y Burrito. Foto de 1889.
Las Chorreras de Don Juan fue un antiguo acueducto de Bucaramanga, ubicado la ladera de la hoy calle 45, mejor conocido en la época como ‘Tres B’; Bobo, Barril y Burrito. Foto de 1889.

Por el centro de sus calles embarradas corrían las aguas, las mismas que venían de un viejo acueducto de Bucaramanga conocido como el de las ‘Tres B’; es decir, Bobo, Barril y Burrito.

¿Por qué se llamaba así? Porque de una manera simpática se decía que, “los más ‘bobos’ tenían que cargar los barriles llenos de agua en sus burros. Ellos transportaban el preciado líquido a zonas distantes como Piedecuesta y Girón”. Era el año de 1898. El clásico acueducto estaba en la ladera de la hoy calle 45.

Se trataba de una fuente subterránea, la cual abastecía a toda la ciudad desde cuatro pozos grandes: Las Chorreras de Don Juan, Los Escalones, Los Aposentos y Las Piñitas. Esos eran los centros de concentración de ‘bobitos’ y lavanderas.

Cada uno debía respetar su turno para llevar sus barriles cargados. Dicen que en ese sector, que adoptó el nombre de ‘Chorreras de Don Juan’, se conocían los secretos de las familias más pudientes de la ciudad y que allí se entretejía esa red sutil de la ‘chismografía’.

Buenos Aires

Buenos Aires
Buenos Aires

Los aires soplaban y devoraban las lenguas como el ogro del cuento. Para entonces, el desatinado gemir del viento sacudía los cerros de Morrorrico en la otrora finca ‘Santa Helena’. Era 1980, la época en que Don Mariano Álvarez se mostraba como ‘amo y señor’ de las cumbres del kilómetro 1 de la salida a Cúcuta. Él y otros fundadores oficializaron uno de los asentamientos más populares del oriente de la ciudad: Buenos Aires. “No era cualquier barrio, era Mi Buenos Aires Querido, el lugar perfecto para que el tiempo soplara y bañara nuestro hogar”, cuenta Bernarda Báez de Meza, otra de las personas que colonizó la ladera.

‘Alfonso López’

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Alfonso López
Alfonso López

Al principio le decían ‘San Laureano’. Luego se conoció como ‘Barrio Piñitas’ y al final terminó con el nombre del político que presidiera la República de 1934 a 1938 y de 1942 a 1945: ‘Alfonso López Pumarejo’.

Pero más allá de evocar la historia y recordar al fundador de la Ciudad Universitaria y al promotor de la reforma tributaria de 1935, está el ayer de un barrio bien ‘añejo’. Los historiadores sostienen que después de los barrios Chorreras de Don Juan, García Rovira y San Francisco, el Alfonso López aparece como otro de los sectores más ‘curtidos’ en años. Y mucha razón se debe tener, porque según la ‘barriografía’ del Alfonso López, él data de 1932.

La Joya

La comunidad de este sector tiene un gran sentido de pertenencia por el barrio La Joya.
La comunidad de este sector tiene un gran sentido de pertenencia por el barrio La Joya.

Así como los collares, las pulseras y las sortijas tienen la forma de un anillo, las casas de un barrio parecían los eslabones de una cadena brillante que colgaba a lo largo de la escarpa occidente de Bucaramanga. ¡Por eso el barrio se llamó La Joya! Y en realidad ese fue el nombre que se inventaron los primeros pobladores del sector, los cuales consideraron que acceder a una casa propia, a comienzos de los años 60, era “una joya que muy pocos podían lucir”. Esa urbanización se fundó hace más de 50 años en las vías que se conocieron como los remates de las arterias viales del centro de la ciudad: Las calles 36 y 37.

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Los Alpes

Los Alpes
Los Alpes

La expresión ‘Alpes’, más allá del nombre dado a la conocida cadena montañosa, procede de ‘albus’. Ese es un término latino, usado para definir el color blanco. Por eso, a mediados de los años 70, todas las casas del barrio Los Alpes eran de esa tonalidad. Y salvo algunas excepciones, como las de los apartamentos y una que otra vivienda, buena parte de la comunidad ha conservado esa tonalidad a través del tiempo. Así las cosas, la uniformidad, la limpieza y en general el entorno del sector lo convierten en uno de los lugares más bonitos de la Comuna 13 de la capital santandereana. No es un sector muy conocido que digamos, porque está como ‘escondido’ detrás de un barrio más popular que él: Hablo del Álvarez Restrepo.

San Francisco

San Francisco
San Francisco

San Francisco de Asís, el fundador de la orden monástica y quien predicara la doctrina de la fraternidad, inspiró a un viejo vecindario para bautizar a su barrio con el nombre de este importante personaje del siglo XII.

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Por eso, cada año esta comunidad celebra el aniversario del sector un 4 de octubre, justo la fiesta de este patrono que inmortalizara las letras del Himno del Sol.

La historia de este añejo barrio, está atada a la llegada de los Franciscanos a la capital santandereana, los cuales iniciaron su misión evangelizadora a comienzos del siglo pasado.

Para ubicarse en la ciudad, los sacerdotes escogieron un terreno que en su tiempo se conoció como el ‘Llano de la Mutualidad’. Con la presencia eclesiástica, el sector se pobló y se fue consolidando hasta inscribir el nombre del monasterio en letras de molde y en la partida de bautismo del barrio San Francisco.

San Martín

Barrio San Martín, Comuna 9
Barrio San Martín, Comuna 9

El nombre de pila del barrio está inspirado en un santo que en el mundo católico es el símbolo de la humildad: San Martín. Y así es el sector: sencillo, modesto y al mismo tiempo cívico. Si bien su pasado está atado a una gran lucha por un terreno digno, hoy es un barrio que es ejemplo de superación.

Las Américas

Ni eran las 2 de la madrugada del 12 de octubre de 1492, ni mucho menos rondaba por ahí la Flota de Colón. En ese entonces la única tierra que existía era la de Alfredo Peña Puyana y la flota que merodeaba estos lares colgaba un letrero verde de una ruta de autobús denominada Álvarez Restrepo. Sin embargo, sí se registró el ‘descubrimiento’ de Las Américas. Dice don Miguel Jaimes, uno de los vecinos más antiguos, que partiendo de la conformación de la Junta de Acción Comunal, el barrio data solo del año 1962: “Sin embargo, mucho antes del organismo cívico existió el famoso barrio obrero del Álvarez”. Y el nombre del barrio se tomó como consecuencia del título que se le dio a la carrera 33, es decir: ‘La Avenida de Las Américas’. Algunos hoy día se atreven a decir que de no existir la vía, el barrio, literalmente nunca se habría conocido como tal.

Villa Helena

Una hendidura muy grande, de esas que rasgan la esperanza, atraviesa al libro que consigna la ‘barriografía’ de Villa Helena. El prólogo, para la época en la que se escribió este documento, era halagüeño. En el mismo se leía una frase escrita por el entonces presidente de la República, Belisario Betancur, quien decía: “Sí se pueden construir casas sin cuota inicial”.

Y sí se pudo escribir el libro y, por supuesto, las habitaciones también se pudieron construir. Su primera edición arrancó en 1984 cuando el desaparecido Instituto de Crédito Territorial, ICT, edificó viviendas para familias que no tuvieran ni un peso para pagar las onerosas cuotas iniciales. Fue tanto el éxito del barrio que se alcanzaron a vender 234 ‘copias’; mejor dicho 234 viviendas. El primer capítulo se llamó Villa Helena, un nombre inspirado en la primera dama del país, Doña Rosa Helena de Betancur (q.e.p.d)

¿Pablo VI o Paulo VI?

Barrio Pablo VI, algunos le dicen Paulo VI.
Barrio Pablo VI, algunos le dicen Paulo VI.

El mismo día que por primera vez un pie sobre la luna, Don Santiago Arévalo hacía su propio ‘alunizaje’ en los estériles terrenos de Pablo VI. Y aunque el sector no pretendió ser un ‘satélite’ de la tierra, su suelo sí parecía lunar, pues estaba salpicado de cráteres, carecía de agua y ni siquiera se le vislumbraba alguna ‘atmósfera’ de barrio.

No era para menos. Eso era una finca de la desaparecida Hercilia Ordóñez de Niño, una matrona que se había dedicado a parcelar sus tierras y a venderlas al mejor postor.El ‘Apolo XI’ de Don Santiago, para entonces era muy incipiente: unos cuantos ladrillos, una que otra lata, muchos cartones y, eso sí, ganas enormes de ‘echar raíces’ en su lote. Nuestro ‘astronauta’ Arévalo, quien sabía que debía tener los pies bien puestos sobre la tierra, logró lo que muchos no habían podido: construir una casa en la escarpa suroccidente de la meseta.

Su ‘conquista espacial’ causó revuelo, pero a la vez sirvió de modelo para que muchos otros hogares llegaran con sus ‘cohetes’ a iluminar las crecientes de esta comuna, que a duras penas tenía de vecina a la urbanización La Victoria. Como el barrio no tenía nombre ni mucho menos escrituras, fue necesario bautizar la ‘expedición espacial’. Para esa época, la comunidad quiso rendirle un homenaje a un hombre que había llegado a Colombia a clausurar un congreso eucarístico: el Papa Paulo VI Montini.

- ¿Pero el barrio se llama Pablo VI, no Paulo VI? - “No queríamos un nombre italiano; se trataba de ser un poco criollo y por eso lo bautizamos como Pablo VI”, replica Don José T. González.

Altos del Progreso

El barrio Altos del Progreso se encuentra en la Comuna Norte.
El barrio Altos del Progreso se encuentra en la Comuna Norte.

Pareciera que el desarrollo fuera una necesidad de ‘sangre azul’, porque 24 años después de haberse fundado este barrio, aún no se le ve el ‘progreso’. Y aunque la vieja ladera que se utilizó para que la comunidad ‘echara raíces’ ya está bombardeada de viviendas, aún parece un barrio ‘tercermundista’. Es Altos del Progreso, un humilde sector enclavado en el kilómetro 3 de la vía al mar que, una década después de fundado, sigue padeciendo los males de la pobreza. Su nacimiento se remonta al año 1990, cuando tres familias procedentes de municipios vecinos decidieron ‘trastear’ sus vidas a Bucaramanga. Según cuenta, bautizaron así a su comunidad porque llegaron a la capital santandereana dizque con el afán de ‘sacar la pata del barro’.

Los Colorados

Más por sencillez que por otra cosa, los vecinos del barrio tenían la particularidad de que, cada vez que hablaban con extraños, brotaban en sus rostros los colores de la espontaneidad. No era ni el frío ni mucho menos que se avergonzaran de algo. Simplemente era humildad. Fue por eso, porque tenían la capacidad de sonrojarse, que un hombre llamado Samuel Gómez decidió bautizar el barrio así: Los Colorados. De eso ya hace 53 años y la historia fue incluso objeto de varias notas periodísticas. Y aunque Don Samuel ya murió, el nombre de la comunidad que él vio crecer sigue ahí sonando con la magia de la sencillez.

Del ‘ponche’ a La Gloria

  • En 1974 Don Pablo Emilio Cifuentes Vargas se la pasaba vendiendo ponche por los lados del popular barrio Gaitán. Las ‘babas de sapo’, como le decían al esponjoso ron que él mezclaba con limón y azúcar, se hicieron famosas. Tanto, que se convirtieron en su ‘tiquete’ de entrada a La Gloria.
  • Se podría decir que en una las visitas promocionales del ‘Ponche de Pablo’ se gestó el barrio. En ese entonces, hace 40 años, en un mes de agosto, varios vecinos le propusieron hacer lo que algunas familias tejían de una forma sigilosa: armar su rancho en la parte baja del Gaitán.
  • Era la época en que el presidente Alfonso López Michelsen tenía el timón de la República y, de alguna forma, “ese señor era un gran hombre, muy social y no molestaba tanto con eso de ordenar operativos para erradicar las invasiones”. Fue entonces cuando Don Pablo Emilio decidió armar el ‘ponche’. Invadió parte de la escarpa occidente de la meseta, en una época en que el barro untaba más de la cuenta a la gente pobre.

Pan de Azúcar

Foto histórica de Cabecera, captada en los años 60. En lo alto se ve el Cerro de Pan de Azúcar, aún sin urbanizar. (Archivo/ VANGUARDIA)
Foto histórica de Cabecera, captada en los años 60. En lo alto se ve el Cerro de Pan de Azúcar, aún sin urbanizar. (Archivo/ VANGUARDIA)

¿Sabe usted qué significa ‘P de A’? No intente descifrarlo como si se tratara de una fórmula química o de algún ejercicio de álgebra. Tampoco se imagine que es un jeroglífico.

‘P de A’ es simplemente el recuerdo de esas gigantescas letras que durante años dominaron el horizonte de los bumangueses. Todo el que levantara su mirada hacia lo más alto de la comuna Suroriente, contemplaba la sencillez de esas singulares letras, que reflejaban las iniciales del nombre del barrio que allí se construyó: Pan de Azúcar.

Hablamos de 1965, cuando ese cerro era una virgen montaña, en donde sólo se anidaban los halcones del recuerdo. Esta montaña se mantuvo intacta, hasta cuando Urbanas decidió construir las primeras cien casas del barrio Las Terrazas. Para entonces, el Instituto de Crédito Territorial se había inventado la singular forma de construir viviendas bajo la modalidad de ‘terceras partes’, que no era otra cosa distinta a la de levantar barrios a pedazos. Por ese ‘novedoso’ modelo fue que el sector de Las Terrazas tuvo un hermano ‘gemelo’, el mismo que después se conocería como La Floresta.

Era la época en que tomaba fuerza el gran proyecto de Cabecera del Llano, el cual había sido concebido desde 1946, pero que por cosas del destino no había interesado a los inversionistas. En aquellos tiempos se suponía que al alejarse la carrera 33 y ascender la cota a la altura de la montaña, los lotes se irían haciendo más grandes, de tal forma que los estratos altos irían a poblar los cerros surorientales de la capital santandereana. Alrededor de 1966 ya se habían iniciado los proyectos de desarrollo urbanístico en el Cerro de Pan de Azúcar, en donde predominó el diseño arquitectónico de grandes edificios, que permitían a las familias disfrutar de una de las mejores panorámicas de la ciudad. Así nacieron barrios como Los Cedros, Altos del Jardín e, inclusive, el mismo Altos de Pan de Azúcar. La famosa ‘P de A’ fue devorada por los años.

Cuentan que las letras fueron a parar al borde pedregoso de un picacho desigual del cerro que, pese a los años, sigue siendo una de las escaleras que conduce al cielo de los bumangueses.

Los Cedros

Barrio Los Cedros.
Barrio Los Cedros.

Fue construido por la firma Urbanas, en uno de los cerros aledaños a Pan de Azúcar. Los vecinos más antiguos recuerdan que cada casa tuvo un valor cercano a los $220 mil, una cifra considerable para esta época de los años 70. El nombre escogido para el barrio obedeció a que por estos lados se sembraron, en ese entonces, dos ‘Cedros’.

San Rafael

Barrio San Rafael, de Bucaramanga.
Barrio San Rafael, de Bucaramanga.

‘Rafaeles’, si así se puede decir, hay muchos: Está el corregimiento del municipio de Rionegro, el famoso ‘arcángel’ de las leyendas bíblicas y el de la ciudad argentina de la Provincia de Mendoza.

Sin embargo, para Doña Mercedes Ortiz, ninguno de ellos se compara con la belleza de su barrio natal: ‘Mi San Rafael Querido’. Ella se refiere a un sector popular, ubicado metros abajo de la carrera 15 de la capital santandereana, que tiene más de medio siglo de vida.

Recurriendo a su buena memoria, Doña Mercedes le confesó a Vanguardia.com que “nuestro San Rafael adoptó ese nombre del asilo que bordea a la 15. Ese santo nos inspiró porque era como tener un ángel guardián para nuestra gente”.

Zarabanda

Zona de Zarabanda
Zona de Zarabanda

Zarabanda era el nombre de una vieja telenovela colombiana, que contaba la historia de un pueblo desconocido y refundido entre los matorrales de la selva. Ese fue el motivo que llevó a un vecindario de la Comuna Occidente, a bautizar así a su barrio. Y es que la topografía de este asentamiento, es muy similar a la del pueblo de la comedia de la pantalla chica. Zarabanda es eso: Un barrio escondido entre los gigantescos árboles que se levantan en la escarpa que bordea a La Feria. La verdad no es fácil entrar ni salir de allí. De hecho, la puerta de acceso al barrio es un viejo taller de mecánica. Para ingresar a sus casas, los residentes están obligados a atravesar las instalaciones de lo que se conoce como ‘La Carrocería de La Feria’.

Después de refundirse entre carros, motores y montallantas, los vecinos toman un atajo que los conduce hacia sus hogares. Es una vía polvorienta que, mediante desniveles, tiene sus remates en cada una de las viviendas de la comunidad.

Alarcón

Barrio Alarcón
Barrio Alarcón

Pedro Alarcón es el astrónomo mexicano; Hernando Alarcón, el navegante español; Abel Alarcón, el escritor boliviano.... ¿Y el Alarcón de Bucaramanga?

La verdad nadie sabe con exactitud por qué lo bautizaron así. Los vecinos más antiguos sostienen que Alarcón, fue el ilustre apellido del antiguo propietario de la finca en donde se levantó el barrio.

Sin embargo, la anterior tesis pierde fuerza cuando se recuerda que el terreno escogido para urbanizar al sector, hacía parte del famoso Llano de la Mutualidad, donde al parecer nunca vivió ninguna familia Alarcón.

Sea como sea, Alarcón es una reconocida área residencial de la Comuna Tres que, a pesar de los vertiginosos desarrollos urbanísticos, da fe del pasado histórico de nuestro municipio.

Este barrio se encuentra en la zona histórica del ‘mítico’ Llano de la Mutualidad, muy cerca de donde alguna vez funcionara el ‘Luna Park’, un lujoso lago que contaba con botes de remo y gasolina, los cuales permitían ratos de sano esparcimiento a niños y adultos.

Neptuno

Urbanización Neptuno
Urbanización Neptuno

Al igual que nuestro sistema solar, la capital santandereana descubrió hace 35 años su propio ‘barrio planeta’, al cual llamó Neptuno. Y aunque no estaba oculto más allá de Urano, ni se detectó con el telescopio del astrónomo Le Verrier, sí hace parte activa del ‘cosmos local’. Nuestro Neptuno se levantó al lado de otro gigante, el Viaducto García Cadena; además fue descubierto por la constructora Higuera Escalante y sus ‘satélites’ son cinco bloques que, por supuesto, también son ‘siderales’. Es cierto. A lo largo de sus torres bautizadas con los nombres de las Diosas Diana, Venus, Minerva, Vesta y Ceres se ubicaron los 102 apartamentos que, en su época fueron la sensación por tener grandes espacios y ser lo suficientemente cómodos como para albergar a familias grandes.

Primero de Mayo

Primero de Mayo
Primero de Mayo

El tiempo, que huye a pasos agigantados y que todo lo devora, no ha podido detener el avance de un barrio de Bucaramanga que salió adelante a punta de ‘esfuerzo obrero’.

Y es que el Primero de Mayo, integrado por vecinos que en cada esquina le rinden un homenaje al trabajo, cumplió 44 años consolidándose en los terrenos que conformaran alguna vez la hacienda Quinta Estrella, del desaparecido Juan B. Silva. El terreno en donde se levantó el barrio era un gran predio lleno de maleza y caminos de atajo. Hoy, son las calles 44 y 45, entre carreras 11 y 12ª Occidente.

Don Jorge Román Ramos, el albañil de grandes obras maestras, fue quien bautizó en 1972 el barrio: “Tiene que tener el nombre del sudor, el de la colmena aprovechada por la abeja y el del esfuerzo de los hombres laboriosos. Por eso se debe llamar Primero de Mayo”. Así consta en el acta de bautizo, que no fue otra cosa que el registro de la constitución del barrio el cual, pese haberse creado en 1970, sólo recibió el título oficial en mayo de 1972.

La Feria

Sector antiguo de La Feria. (Archivo / VANGUARDIA)
Sector antiguo de La Feria. (Archivo / VANGUARDIA)

Hace muchas décadas, cuando Pericles Carnaval era solo un inquieto adolescente, nuestro vecindario también vivía su propia fiesta. Un torrente de vecinos se apostaba a lo largo y ancho de la prolongación de la calle 28, en un barrio de la Comuna Occidente, que se convirtió en la cuna de la feria de nuestra ciudad. Por supuesto, la algarabía de esos tiempos terminó por bautizar al popular sector de la siguiente manera: La Feria. “Sí, fue en mi barrio en donde nació La Feria. Recuerdo que toda Bucaramanga se reunía en cuatro manzanas a rumbear”, dice Don Maximino González.

Gracias a su buena memoria, sabemos que la fiesta realmente tuvo su pilar en la famosa ‘sabatina’.

Esa era una especie de ‘junta campesina’, la cual congregaba los sábados, a docenas de labriegos que ‘le madrugaban’ al domingo de campo. A finales de los años 40, era normal ver la calle 28 convertida en una especie de finca llena de vacas, cerdos, chivas y gallinas, de propiedad de los campesinos.

Los Naranjos

Los Naranjos
Los Naranjos

A comienzos de la década de los años 80, cuando se diseñó el sector de Los Naranjos, en el gremio de los arquitectos corrió la ola de que en Bucaramanga se construirían casas estilo ‘twon house’.

Aunque su traducción no era del todo literal, en realidad el nombre popular era el de casas de pueblo norteamericano, que tendrían tres pisos.

Por allí existía uno que otro ‘naranjo’, el cual le dio vida al nombre de esta viviendas, que incluso no contaban con antejardines y solo disponían de un pequeño parque interior con andenes especiales, los cuales darían una trama urbana de una riqueza excepcional.

Así se pensó y así se construyó la urbanización Los Naranjos que contó con cerca de 600 unidades habitacionales. Todas las casas fueron levantadas en un inmenso lote de forma triangular, el mismo que existía en la zona en donde alguna vez funcionó una pista del viejo aeropuerto Gómez Niño. La Empresa de Desarrollo Urbano de Bucaramanga, más conocida como la EDUB, echó a rodar el proyecto al punto que en 1982 ya existía lo que en su momento se llamó la tercera urbanización de La Ciudadela Real de Minas, después de Macaregua y Plaza Mayor.

Diamante II

Vía al Diamante
Vía al Diamante

Casas grandes, jardines delicadamente cuidados por sus habitantes e incluso pasos peatonales que comunican a algunas cuadras convierten al Diamante II en un acogedor barrio de la capital santandereana. Fue concebido a finales de la década de los años 60 como un lugar que en ese entonces quedaba en las ‘afueras’ de la ciudad. Pocos años después de su fundación, con la inauguración del gigante Viaducto García Cadena, en el gobierno del fallecido Presidente Misael Pastrana, el Diamante II terminó anexado de manera definitiva a la meseta. Y aunque las constructoras ‘Cinca’ y ‘Martínez Villalba’ fueron las que le dieron vida al lugar, es preciso reconocer que la historia del Diamante II no habría sido la misma sin la construcción del templo Divino Salvador. Con la entrega de dos ‘manzanas’ y la posterior presencia de la comunidad de los Padres Salvatorianos, a comienzos de los años 70 se fortalecieron los lazos comunitarios, bajo la tutela del recordado sacerdote Bernardo Ospina. De hecho, su parroquia quedó justo en el corazón del Diamante II y desde ahí se encargó de unir a un pujante vecindario que hace gala de civismo y de sana convivencia, al punto que fue concebido como un Diamante que se fue puliendo con el tiempo.

Villa del Prado

Villa del Prado
Villa del Prado

El barrio no tiene ni barrotes ni patios. Tampoco hay cordones, ni guardianes, ni mucho menos medidas de máxima seguridad. Es más, en lugar de fríos paredones, posee hermosos jardines que le dan un color verde al lugar.Sin embargo, Villa del Prado está ‘preso’. Ese, de entrada, es el sentimiento de un vecindario que lleva más de 20 años soportando la intranquilidad que le genera su vecino más cercano: la Cárcel Modelo.

La comunidad, en ningún momento, critica a esas personas que por cosas del destino quedaron presas de la libertad. Sin embargo, no entiende “por qué Villa del Prado tiene que pagar por problemas que no le competen. Hablamos de la inseguridad, los taponamientos de la vía y en general la intranquilidad.

Pese a todo, Villa del Prado es un barrio que reverdece. Recorrerlo es encontrarse con hermosos jardines que reconcilian a la gente con la naturaleza. En cada cuadra, los vecinos se esmeran por sembrar árboles y cultivar flores. Tanto que esta comunidad ostenta el honroso título de la más ecológica de la capital santandereana.

La Libertad

Barrio La Libertad
Barrio La Libertad

La Libertad es uno de los barrios más patrióticos de la capital santandereana. De hecho, su fundación se remonta a una fecha importante para todos los colombianos: el 20 de Julio.

Echándole un vistazo al ayer, recuerda que con banderas y palos en mano, varios hogares llegaron a un inmenso lote para armar los cambuches que se convertirían en sus hogares. Así ‘germinó’ ese sector. Por eso, este es un barrio en donde 104 humildes familias demostraron que La Libertad, más que un privilegio que se otorga, es una necesidad que se adquiere y se respeta.

Los Sauces

En uno de los cerros de ‘Morro’, tal como le dicen a la escarpa oriental de la meseta de la capital santandereana, se construyó el barrio Los Sauces. Este sector, que adoptó el nombre de un árbol adorado por los carpinteros por su madera, se encuentra a lo largo y ancho de la escarpa que bordea la salida a Pamplona.

Barrio 12 de Octubre

Barrio 12 Octubre, parte alta. (Registro del ayer)
Barrio 12 Octubre, parte alta. (Registro del ayer)

Esta fecha, que recuerda el calendario del Día de la Raza, es muy especial para un humilde vecindario que construyó su barrio justo en esta fecha. Nació como un asentamiento hace 59 años y a pesar de los problemas que afrontan, sus habitantes han logrado un importante liderazgo en la Comuna 4 de Bucaramanga. El barrio 12 de Octubre está situado unas cuadras abajo del reconocido sector del Girardot. Los allí residentes han tenido que sortear varias dificultades para garantizar su permanencia y el bienestar en esta parte de la meseta. El 12 de Octubre tiene dos caras: la parte alta, que está consolidada y que cuenta con la totalidad de los servicios públicos; y la parte baja, adecuada con viviendas humildes que requieren con urgencia de las escrituras de legalización para poder acceder a importantes obras de infraestructura.

Puerto Rico

Barrio Puerto Rico
Barrio Puerto Rico

Le dicen el barrio ‘boricua’. Y solo así se le puede llamar a un lugar que lleve el nombre de la famosa isla del mar de las Antillas: Puerto Rico. Casi nadie lo conoce. Es más, pocos se imaginan que en Bucaramanga exista un barrio con tal denominación.

El sector se encuentra sobre la escarpa nororiente de la capital santandereana, metros arriba del colegio Tecnológico. Allí, en la ladera, está Puerto Rico, casi que escondido.

Su panorámica permite apreciar un bello cañón, de tal forma que el barrio se convierte en un auténtico mirador.

Puerto Rico fue en el pasado una inmensa finca. Hace 21 años fue incorporado al sector urbano y apareció en el mapa de las comunas.

Bucaramanga

Entrada del barrio Bucaramanga, Comuna 8.
Entrada del barrio Bucaramanga, Comuna 8.

Y dejamos para finalizar el nombre con el que empezamos: Bucaramanga. Porque ha de saber que aquí existe un barrio con el nombre nuestra capital santandereana. Se construyó sobre los terrenos empinados de una vieja finca que algunos llamaban ‘El Bueno’ y que otros apellidaban ‘Del Silencio’.

Alberto Sandoval, quien creciera en medio de los peñascos y los matorrales que surcaron al sector, recordó que de esa urdimbre de relatos nació el título del “El barrio de la Patasola”. Era la leyenda de una monstruosa mujer que deambulaba por las calles llorando y asustando a los niños que iban a las cisternas a tomar el agua.

La historia de esta bruja tomaba fuerza cuando el reloj marcaba las 8:00 de la noche: “A esa hora sonaban los lastimeros quejidos. Los más asustadizos decían que era el alma en pena de la vieja Galinda, quien se escondía entre los matorrales”.

Ese fue sólo uno de los míticos cuentos que acompañaron al barrio. Sin embargo, detrás del curioso relato, está el asentamiento se bautizó con el nombre de Bucaramanga por dos razones.

La primera: la forma y la topografía del barrio se asemejaban al mapa de la capital santandereana; es decir, estaban llenas de escarpas. La otra versión: el sector se ubicó justo sobre la vía que llevaba a Girón y en este punto exacto comenzaba el límite con Bucaramanga.

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