Varios planteles de Bucaramanga han sufrido daños con los aguaceros de los últimos días.

El torrencial aguacero que cayó sobre Bucaramanga el pasado 12 de julio no solo dejó calles inundadas y árboles caídos. También evidenció la vulnerabilidad de varias instituciones educativas de la capital santandereana, que hoy afrontan graves afectaciones en su infraestructura.
Una de las más golpeadas fue la planta física del Dámaso Zapata, más conocido como el Tecnológico, donde la lluvia y los fuertes vientos dejaron huellas profundas. Allí, parte del techo colapsó y varias zonas fueron clausuradas preventivamente. La escena al día siguiente era desoladora: aulas mojadas, escombros en los pasillos y profesores recogiendo lo poco que se salvó del agua.

La sede A del Liceo Patria también sufrió serios daños, entre ellos el derrumbe de varios muros. Sin embargo, de inmediato se activó una respuesta institucional.
“En el caso del Liceo Patria, se hizo la recolección de escombros y estamos trabajando de la mano del Ejército para levantar los muros caídos”, explicó la secretaria de Educación Municipal, Martha Cecilia Guarín Lizcano.
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El panorama no es muy distinto en la sede B del Bicentenario, donde cañerías colapsadas y filtraciones han hecho inoperables varios salones. La funcionaria señaló que ya se estructuró un proyecto para hacer los debidos ajustes a la infraestructura dañada, que será gestionado ante las instancias correspondientes.
En la sede A del INEM, por su parte, los daños se concentran también en los muros y zonas comunes. “Allí estamos trabajando junto a la Secretaría de Infraestructura Municipal para avanzar con prontitud en las reparaciones necesarias”, indicó Guarín Lizcano.
La sede A de la institución La Malaña se suma a la lista. Techos desprendidos y aguas estancadas son parte del paisaje gris que dejó la ola invernal. No obstante, ya hay un plan estructurado para intervenirla.
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La Secretaria de Educación afirmó que tanto en este plantel como en el Tecnológico, “existe un diseño y un proyecto preestablecido para sacar adelante las obras de mitigación”.

Aunque aún falta mucho por hacer, desde la administración municipal se ha hecho un llamado a la calma: “Estamos atendiendo cada caso en particular, con prioridad en los que presentan mayor riesgo para los estudiantes y docentes”, concluyó Guarín Lizcano.
Entre tanto, mientras avanzan los estudios técnicos y las primeras intervenciones, en varias de estas instituciones se evalúan alternativas para no interrumpir el calendario escolar, con opciones como clases virtuales o reubicación temporal.
En síntesis, la emergencia climática volvió a poner en evidencia el rezago en el mantenimiento de la infraestructura educativa de Bucaramanga. Un problema que, más allá de la coyuntura invernal, requiere soluciones estructurales y sostenibles. Porque cuando la escuela se moja, también se empapan las esperanzas de miles de estudiantes que sueñan con un futuro mejor.

















