Bucaramanga
Martes 26 de agosto de 2025 - 04:32 AM

Conozca a estos ‘héroes’ de las trochas en Santander

Personajes del común, y con un alto sentido de responsabilidad, asumieron funciones que el Estado abandonó y se transformaron en guardianes de la movilidad en vías vitales, pero olvidadas del departamento.

Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

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Imagine por un instante que usted es un conductor de vehículo y la única condición para maniobrarlo es que tiene que hacerlo con los ojos cerrados y en una transitada carretera. ¿Visualiza el resultado? No es algo alentador, ¿verdad?

Pues eso mismo ocurre en dos importantes vías de Santander: la Transversal del Carare y la vía Palenque–Zipaquirá. Dos fallas geológicas que el Gobierno Nacional no ha atendido con efectividad se convirtieron en puntos álgidos de accidentalidad.

Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

La primera de ellas se ubica en la provincia de Vélez, entre los municipios de Barbosa y Güepsa. Allí, el río Suárez socava los taludes, el terreno cede y la tierra se encuentra en constante movimiento. En la zona se registra un deslizamiento de tierra continuo que restringe la movilidad a un solo carril.

Para terminar de complicar la situación, la falla geológica está ubicada en una curva y el tránsito en los dos sentidos se hace imposible, para pasar hay que hacerlo de manera escalonada. Allí se han registrado choques, volcamiento de tractocamiones y hasta algunos vehículos han quedado enterrados en el terreno fangoso. Vea también:Video: Transversal del Carare, la vía del olvido en Santander

No obstante, por azares del destino, hasta allí llegó un día un caminante venezolano que ayudó a regular el paso de vehículos, a tapar huecos y a prestar guardia para que los deslizamientos sobre la vía no generaran tragedias.

Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

Su nombre es Franklin Jean Carlos Cortés León y desde hace cerca de cuatro años sirve como paletero voluntario en este tramo de la vía Palenque–Zipaquirá.

“Yo iba caminando para Venezuela a pie. De repente llegué hasta aquí y me di cuenta de que el paso era todo un caos. Me paré, me quité la gorra y comencé a dar paso ordenado de un lado y del otro. La gente me reconoció la labor y con lo que recogí esa noche pude dormir en un hotel”, narró Cortés León. Le puede interesar: Video: radiografía de la vía Curos-Málaga, la carretera de Santander con más de 700 muertes registradas

Al siguiente día el hombre regresó y el sitio de la falla geológica se convirtió en su puesto de trabajo. Tras ver la labor social que prestaba, el propietario de una estación de servicio le regaló una paleta con los símbolos de “Pare” y “Siga”. Aún la conserva.

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Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

“Aunque hay personas que son desagradecidas, que me amenazan con armamento, que me dicen sapo, otros reconocen que aquí se hace una labor importante, por eso me dan monedas y hasta me traen comida”, indicó el caminante.

Asimismo, cuando la lluvia arrecia, este hombre se arma de pala y balde para recoger el material o, en su defecto, para tapar los huecos que se forman en la zona.

La labor de esta persona trascendió a su familia y hasta a otros caminantes. Para cubrir las 24 horas, él y su hijastro se turnan de día y de noche. Además de ser su sustento diario, con lo que recaudan han podido ayudar a otros caminantes.

Paletera en la vía del ‘olvido’

Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

Si usted quiere conocer de frente el olvido del Estado, debe recorrer la Transversal del Carare. Unos kilómetros más arriba de Landázuri se encuentra el sector conocido como El Borrascoso. En este punto, la estrecha vía se enfrenta a dos problemas. El primero es una inestable montaña que se cae a pedazos sobre la calzada y, en el otro extremo, la banca se desmorona hacia un abismo. Vea además: Anillo Vial Girón - Floridablanca: con más huecos que una flauta

El paso quedó reducido a un carril y, ante la desidia gubernamental, desde hace cerca de dos décadas una mujer compró una paleta con insignias de “Pare” y “Siga” y se encargó de ponerle orden al paso vehicular.

Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

Ella es Nancy Vargas, una mujer cabeza de hogar y reguladora voluntaria del tránsito de vehículos. Aunque su labor es recompensada con una moneda o billete, su valiosa labor va más allá. Por un lado, acabó con el conflicto entre conductores que se peleaban por pasar a la vez y, por otra parte, se convirtió en cuidadora de la vía. Cuando la carretera sucumbe ante el invierno, ella pide una cuota a los conductores para contratar maquinaria amarilla y garantizar la movilidad.

“Voy para 20 años prestando este servicio. Cuando el paso está muy feo, les pido a los conductores de a $5.000 o de a $10.000 para que así podamos contratar maquinaria particular y arreglar la carretera”, señaló Vargas.

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Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia
Comunidad asumió tareas de Estado en vías abandonadas de Santander. Juan Ortega/Vanguardia

La mujer indicó: “Nos sentimos olvidados. Esta es una vía importante para sacar los alimentos. No entiendo por qué nos tienen rezagados”.

La labor social de estas personas, además de ser importante para facilitar la movilidad, evidencia el atraso y la falta de inversión efectiva en las bravas, pero frágiles, carreteras de Santander.

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