Vanguardia emprendió un recorrido por el Magdalena Medio santandereano en busca del jaguar, el ‘rey del agua’, que encontró en estas tierras un refugio, un lugar para prolongar su existencia en medio de las ‘trampas’ que el ser humano le ha tendido.

En una finca ubicada cerca de la vía entre Bucaramanga y Barrancabermeja, en donde las palmas de aceite y la ganadería regenerativa son protagonistas, se descubrió un hábitat estratégico para cerca de ocho jaguares de la zona.
Se trata de la finca San Isidro, en donde un grupo de protectores del felino estableció un centro de operaciones para continuar y reforzar el monitoreo de los jaguares, afianzar la producción sostenible, proteger el hábitat de los felinos y establecer un territorio para que los investigadores continúen con los estudios de la biodiversidad que hay en este sector. Lea también: Esperanza para la biodiversidad: avistan hermosa jaguar hembra en Santander
Lo primero que hay que decir es que en el Magdalena Medio se encuentra la población más vulnerable de jaguares del mundo. En este lugar, la caza de las presas de las que se alimenta el felino, las muertes de la especie por retaliación de los humanos y las vías 4G que los dejaron encerrados, se combinan para que su vida corra peligro.
Jaguares ‘cazados’ en video
Una de las iniciativas que se implementó para hacer seguimiento en San Isidro fue la de instalar varias cámaras ‘trampa’ para registrar especies nativas, entre ellas el jaguar, con el fin de conocer en qué estado se encuentra.
Precisamente, hasta este predio llegó un equipo periodístico de esta redacción para seguirle el rastro al jaguar, conocer su hábitat y comprender los desafíos que tiene que afrontar para sobrevivir entre las amenazas.
El recorrido arrancó desde Bucaramanga hacia las 5:00 a.m. del pasado 10 de septiembre. Luego de cerca de dos horas de viaje, periodista y reportero gráfico llegaron hasta las puertas de San Isidro, en donde se ubica el territorio del jaguar. Le puede interesar: Con ‘uñas y dientes’, protegerán al jaguar en Barrancabermeja
En este lugar se encontraba Gustavo Gutiérrez, líder de investigación de Ipacarai, y quien se convirtió en uno de los protectores del jaguar. Él fue el encargado de guiar al equipo en la ruta felina.
Este hombre, por boca de trabajadores y habitantes de la zona, se enteró de que, entre las palmas y los pastizales del predio, se habían visto merodear a varios felinos de gran tamaño en innumerables ocasiones. Con la curiosidad a flor de piel, mandó instalar cámaras ‘trampa’ para constatar la veracidad de los rumores.
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Un día, mientras revisaba el material audiovisual, vio que la lente de aquel dispositivo había ‘capturado’ a un animal grande, de pelaje brillante, de piel con manchas. Sin duda, se trataba de un jaguar. Ese encuentro fue ‘amor a primera vista’.
“Fue un motivo personal y la conciencia de saber que él estaba acá. Es algo inexplicable, esa energía que puede transmitir el jaguar y con la que generé una conexión especial”, manifestó Gutiérrez Jaimes. Vea además: Video registró a un imponente jaguar en una finca de Barrancabermeja
Con esa misma energía, Gustavo Gutiérrez explicó que, entre los cultivos de palma de aceite y en zonas de bosque protegidas, varios jaguares tienen su ruta de viaje o su hogar y fueron identificados a través de las cámaras ‘trampa’.

Jessy ‘la reina’; Luka, que era el macho dominante y fue asesinado; Balám, quien llegó a reemplazar al animal fallecido; Eireté, Princesa Yuma y Onca, las crías; El Rey Opón y Pipatón fueron avistados en el caño La Vizcaína, fuente de agua que alimenta a la ciénaga San Silvestre de Barrancabermeja.
Para llegar a donde se encuentran los dispositivos de grabación se vivió una verdadera travesía. Primero hubo que llegar hasta un punto ubicado entre las plantaciones de palma. El recorrido tardó cerca de 15 minutos y se requirió transporte en camioneta. También es posible llegar hasta allí a caballo.
Acto seguido, tuvimos que armarnos de valor, paciencia, fuerza, hidratación y un buen sombrero para cubrirnos del inclemente sol, característico del Magdalena Medio. Con una temperatura que promediaba los 37 grados caminamos cerca de hora y media entre terreno fangoso, hierba e inmensas palmas.
Durante el recorrido pudimos avistar, entre otros, búfalos usados para cargar el fruto de la palma, una comunidad de monos capuchinos que se balanceaba en las ramas de las plantas oleaginosas y varios halcones peregrinos, que aguardaban sigilosos por una presa.
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Mientras nos adentrábamos en la vegetación, Gustavo Gutiérrez narró cómo él o los trabajadores de la finca se han topado con varias huellas de jaguar en el lodo tras días lluviosos. “En horas de la mañana del pasado 8 de agosto, un trabajador nos reportó unas huellas de jaguar en una zona boscosa de la finca. Cuando bajé a revisar, algo me dio mucha curiosidad. El rastro encontrado era más pequeño que las huellas que deja Pipatón, un macho que recorre constantemente la zona”, señaló.
Un encuentro cercano con el jaguar

Luego del extenuante recorrido y de caminar sigilosos entre la vegetación, con el anhelo de avistar a alguna de estas maravillas manchadas, llegamos hasta el lugar en el que se instalaron las cámaras. Tras su revisión, el protector de los felinos reportó un sorprendente hallazgo: justo tres días atrás por allí había pasado un jaguar, pasadas las 7:00 p.m.
La emoción de verlo allí fue inmensa. Saber que justo por donde caminamos había estado uno de estos animales. Reconocer su esplendor y saber que, pese a las dificultades, están vivos es esperanzador. Conozca también: ‘Triángulo de La Vida’: la estrategia para salvar a especies de atropellamientos en Santander
Igual de esperanzadores resultan los continuos reportes de avistamiento de los felinos. Desde diciembre pasado, los dispositivos de grabación han registrado constantemente a un jaguar macho, bautizado como Pipatón. “Cada dos o tres días está dando rondas por el lugar en el que se encuentran las cámaras ‘trampa’. Su presencia es reiterada y nos ha permitido apreciarlo de cerca”, manifestó Gustavo Gutiérrez, líder de investigación en Ipacarai.
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Gutiérrez dijo que “es posible que el animal busque refugiarse en estas zonas boscosas para protegerse de las altas temperaturas. Además, este es un lugar en el que hay muchas presas de las que se alimenta”.
Asimismo, el hombre dijo que el mes pasado “nos dirigimos a revisar una cámara trampa ubicada cerca del caño El Zarzal y nos dimos cuenta de que era un jaguar nuevo. Viéndolo en detalle, me di cuenta de que era una hembra, de cerca de dos o tres años de edad, por el brillo de su piel”.
Gutiérrez agregó que la hembra caminaba con paso lento, oliendo y conociendo el terreno. Estaba asumiendo el territorio como su nuevo hogar de paso.
“Al parecer hay una sucesión generacional. La nueva hembra llegó a ocupar el territorio que estaba dominado por Jessy. Es más joven y es probable que sea heredera de Jessy. Nos da esperanza porque ella puede ayudar a garantizar la supervivencia de la especie en esta zona”, explicó el profesor Jhon Mario Flórez, director científico de la fundación Cuidar La Tierra.
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Esta hembra fue bautizada Yarima porque era la reina del Cacique Pipatón, líder de los indígenas Yariguíes. Este nombre le fue puesto para asociarla con el jaguar Pipatón y, energéticamente, buscar que se encuentren y generen descendencia.
Cabe decir que desde 2016 un grupo de amantes de la naturaleza y defensores del ecosistema tiene entre sus banderas la protección del jaguar y de su hábitat en el Magdalena Medio.
















