El santandereano Fernando Ardila Plata, el decano de la locución, se retiró de RCN Radio, tras 41 años de un trabajo impecable y de servicio a la comunidad.

Durante más de cuatro décadas, el sonido de su voz fue compañía y referencia. Fernando Ardila Plata, el decano de la locución en Santander, decidió finalmente desconectarse del micrófono, ese amigo inseparable que lo acompañó durante 41 años en la Radio.

No fue una despedida triste, sino un acto de gratitud profunda hacia la vida, la locución y la gente. Porque si algo definió su paso por este oficio, además de su majestuosa voz, fue precisamente eso: la cercanía humana, el respeto y el amor por comunicar.
Desde su tierra natal, San Gil, aquel joven que soñaba con cantar para ganarse unas monedas y entrar al teatro del pueblo, encontró en la palabra hablada un destino.

Su fascinación por esa pequeña luz que decía “AL AIRE” fue el inicio de una historia entrañable con los micrófonos. De Radio Guanentá y Ondas del Fonce, pasó a Radio Bucaramanga, y más tarde, a RCN Radio, donde su voz se convirtió en parte de la memoria sonora de Santander y Norte de Santander.
A lo largo de su carrera, Fernando Ardila Plata no solo dirigió programas exitosos como La Hora 18 o La Noche de Gala del Bolero; también formó generaciones de periodistas y locutores que hoy lo recuerdan con admiración y gratitud. Era jefe, sí, pero sobre todo maestro, consejero y amigo. Su oficina fue, para muchos, una escuela de ética, rigor y pasión por la profesión.

Su trabajo dejó huellas más allá de las cabinas. Las comunidades del oriente colombiano encontraron en su voz un aliado que informaba con respeto y emoción. Desde Bucaramanga hasta Cúcuta, desde Barrancabermeja hasta Ocaña y San Gil, su nombre se asoció a la seriedad, la información, la música y el compromiso.
Condecoraciones para Fernando Ardila Plata
Por eso, cuando se anunció su retiro, hace algunas semanas, instituciones como la Gobernación de Santander, la Asamblea y el Concejo de Bucaramanga se unieron para rendirle tributo con las más altas distinciones, entre ellas la Condecoración Luis Carlos Galán Sarmiento, la Orden Civil al Mérito Periodístico Álvaro Gómez Hurtado y el Micrófono de Oro de RCN.

Al recibir estos reconocimientos, sus palabras fueron las de un hombre agradecido: “Ha pasado mucha agua por debajo de los ríos y mucha gente por encima de los puentes... lo único que tengo es gratitud: a Dios, a mi familia, a mis amigos y a esta tierra”.
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Así resumió, con humildad, una vida entera dedicada a servir desde la radio, el medio que tanto amó y que lo hizo eterno.
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Él le puso un gran volumen a una carrera bonita, de 41 años y un pucho más, de trabajo constante. Pero detrás de esas décadas hay algo más grande: la entrega de un ser humano que entendió que la radio no es solo un trabajo, sino una forma de vida. “La radio debe sentirse, debe amarse”, decía con frecuencia, convencido de que la esencia de este medio está en su capacidad para emocionar y unir.

En tiempos de pantallas y algoritmos, Fernando Ardila Plata defendió la autenticidad de la voz humana. Supo adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder la magia del contacto directo con el oyente. Por eso, su legado no pertenece solo al pasado, sino al futuro de quienes seguirán haciendo radio con corazón y con alma.
Hoy, al bajar el volumen de su micrófono, Don Fernando no se despide; solo cambia de frecuencia. Su voz -esa que acompañó madrugadas, tardes de trabajo y noches de bolero— quedará grabada en la memoria colectiva como la banda sonora de toda una región.
La voz que acompañó a toda una región se va con amor y aplausos, dejando tras de sí la calidez de quien entendió que comunicar es servir. Porque hay voces que no se apagan: se vuelven eco, inspiración y ejemplo. Y la suya, sin duda, seguirá en sintonía con el corazón de muchos de los que escuchamos radio.
















