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Editorial
Lunes 15 de junio de 2026 - 01:00 AM

La basura erosiona el futuro de la meseta

Publicado por: Editorial

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La escarpa occidental de Bucaramanga es una especie de muro natural que sostiene, en muchos sectores, a duras penas, la estabilidad de cientos de cuadras de nuestra ciudad y esto, en lugar de preocupar a la institucionalidad o a la comunidad, simplemente se desestima, como ocurre en barrios como Girardot, 23 de Junio y Nariño, donde la comunidad alerta sobre basureros ilegales que crecen con descaro, lo cual es una situación que requiere respuestas inmediatas y profundas, que aún no se ven.

Hace medio siglo, Bucaramanga logró un avance significativo en el control de la erosión gracias a una gestión técnica, seria y transparente de la CDMB, que incluso entonces fue destacada a nivel latinoamericano. Esa fue una época de logros concretos, de ciencia aplicada al suelo y de voluntad política responsable, pero ese éxito se diluyó y, durante las últimas dos décadas, grupos y dirigentes políticos infiltraron la entidad no para mejorarla, sino para contaminar su esencia y reducir casi a cero su capacidad técnica, produciendo las consecuencias que hoy sufrimos.

El crecimiento urbanístico y demográfico acelerado ha multiplicado la amenaza de la erosión, pero también lo han hecho otros factores desencadenantes, como la incultura y la inconsciencia ciudadana, que operan como motores silenciosos de destrucción, porque, como ocurre con la infraestructura de Metrolínea, cuando la gente percibe abandono o ausencia institucional, reacciona agrediendo el entorno, ya sea con intención o por simple ignorancia, que, en este caso, no les permite comprender que arrojar basura en las faldas de la escarpa es un acto de autosabotaje colectivo.

Todo esto también evidencia la pérdida del vínculo ético con el territorio que habitamos, que se demuestra con casos como el de la cañada entre los barrios Alfonso López y Girardot, donde toneladas de residuos sepultan un área protegida, un Distrito Regional de Manejo Integrado que debería ser sagrado.

Contener esta tragedia exige regresar con toda seriedad y vigor al trabajo científico sobre el suelo, pues se requieren estudios rigurosos, monitoreo constante y acciones de restauración basadas en evidencia, todo lo cual debe también acompañarse de una transformación cultural, pues la ciudadanía debe entender que provocar y no controlar la erosión lleva a deslizamientos, pérdida de vidas, colapso de viviendas y un daño ambiental muchas veces irreversible.

Cultura y ciencia son las dos columnas sobre las que debe basarse cualquier política ambiental ambiciosa y esto incluye contenidos en la educación básica y campañas permanentes de educación ciudadana que involucren a las comunidades en la defensa activa de su entorno. Hay que formar desde la escuela una conciencia ecológica que entienda la escarpa no como un basurero gratuito, sino como un pulmón y un escudo protector.

Publicado por: Editorial

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