El sistema de transporte masivo enfrenta incendios, vandalismo, desmantelamiento y usos indebidos de estaciones, agravando el deterioro, la inseguridad y el abandono; mientras tanto los ciudadanos solicitan que se proteja la infraestructura pública y se recupere la movilidad.

Durante los últimos meses, la infraestructura del Sistema de Transporte Masivo ha sido blanco de hechos que evidencian un alarmante deterioro, abandono y falta de control efectivo, encendiendo las alertas entre autoridades y ciudadanía. Lo que en su momento fue presentado como eje articulador de la movilidad en el área metropolitana de Bucaramanga hoy enfrenta una sucesión de incidentes que erosionan su imagen institucional y dejan en evidencia fallas estructurales que no han sido corregidas a tiempo.
Uno de los episodios más graves fue el voraz incendio en el portal de Girón, que causó cuantiosos daños y reavivó el debate sobre la seguridad del sistema. Las llamas no solo consumieron parte de la infraestructura, sino que profundizaron la sensación de vulnerabilidad en estaciones y portales que operan con restricciones o permanecen cerrados, sin que se conozcan planes claros y públicos de recuperación.
A ello se suma el progresivo desmantelamiento de estaciones por parte de personas que ingresan para sustraer materiales. En distintos puntos se observan estructuras metálicas corroídas, vidrios destrozados y componentes eléctricos arrancados. La ausencia de vigilancia permanente y de acciones contundentes ha convertido estos espacios en presa fácil del hurto y del vandalismo.
La problemática social también se refleja en el uso indebido de paraderos, transformados en dormitorios y sanitarios improvisados por personas en situación de calle. Aunque se trata de una realidad compleja que exige respuestas integrales y políticas sociales sostenidas, la infraestructura continúa degradándose, afectando la salubridad y la percepción de seguridad de los usuarios.
La polémica más reciente surgió tras conocerse la grabación de videos con contenido indebido en una estación fuera de servicio. ¡Era lo último que faltaba! El hecho generó rechazo y volvió a cuestionar el control efectivo de bienes públicos que, aun sin operación, siguen siendo patrimonio colectivo y símbolo de un sistema que no puede reducirse a ruinas expuestas al irrespeto.
Resulta evidente que la crisis no solo obedece a la falta de inversión, sino también a la debilidad en las estrategias de seguridad y a la escasa cultura ciudadana frente al cuidado de lo público. Sin presencia institucional constante ni campañas pedagógicas eficaces, las estaciones se convierten en territorios sin control, donde el vandalismo y la indiferencia terminan imponiéndose.
El gerente de Metrolínea, Emiro José Castro Meza, afirmó que “el deterioro no puede normalizarse ni convertirse en escenario para conductas ilegales”. Reiteró el llamado a la Policía, a las administraciones municipales y a los organismos de control para reforzar vigilancia y judicialización.
Sin embargo, más allá de los pronunciamientos, la ciudadanía exige resultados verificables, inversión transparente y decisiones firmes que frenen el deterioro antes de que el sistema colapse definitivamente.
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Los cuatro últimos golpes
- Desmantelan las estaciones: Hemos sorprendido a chatarreros y a personas en situación de calle desmantelando varias de las estaciones abandonadas del transporte masivo. Testigos han alertado sobre el retiro de láminas metálicas, cableado y otros elementos de infraestructura que aún permanecían en pie, lo que acelera el deterioro de estos espacios. La imagen más reciente fue captada en Provenza, donde se observó a varias personas desmontando estructuras a plena luz del día. La escena vuelve a encender las alarmas sobre la falta de vigilancia y el abandono progresivo de unas instalaciones que, hasta hace poco, hacían parte esencial de la movilidad en el área metropolitana.

- Grabación de material indebido: Aunque se trató de una estación que estaba fuera de servicio y no tenía acceso al público, Metrolínea rechazó de manera categórica los hechos relacionados con la grabación y difusión de un video con contenido inapropiado en ese lugar. La entidad aclaró que dichas conductas no ocurrieron en una estación activa ni durante la prestación del servicio de transporte masivo, sino en una infraestructura abandonada operativamente que ha sido objeto reiterado de vandalismo y consumo de sustancias psicoactivas, situaciones denunciadas en múltiples ocasiones ante las autoridades. La empresa explicó que la ausencia de vigilancia permanente y de acompañamiento efectivo por parte de algunos entes territoriales, responsables del control del espacio público y la seguridad ciudadana, ha facilitado este tipo de hechos. Como Ente Gestor, Metrolínea no cuenta con facultades de policía ni fuerza coercitiva, por lo que su capacidad de acción depende del respaldo institucional y de la presencia de la Fuerza Pública. “Las estaciones son patrimonio público del Área Metropolitana de Bucaramanga y su deterioro no debe normalizarse ni convertirse en escenario de conductas ilegales”, dijo Metrolínea. La entidad reiteró el llamado a la Policía Nacional, a las administraciones municipales y a los organismos de control para reforzar la vigilancia y la judicialización de quienes atenten contra la infraestructura pública, e invitó a la ciudadanía a denunciar oportunamente estos comportamientos y a respaldar la labor de las autoridades.

- Deflagración: Un voraz incendio, que redujo a cenizas 15 buses, habría sido intencional. Así lo dio a conocer el gerente de Metrolínea, Emiro José Castro Meza, quien indicó que el caso continúa bajo investigación por parte del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía. La emergencia se registró en la noche del pasado 22 de febrero, cuando unidades del Cuerpo de Bomberos atendieron la deflagración dentro del Portal de Girón. De acuerdo con el reporte preliminar entregado por las autoridades, no se reportaron personas lesionadas ni afectaciones en la estructura de la terminal. Castro Meza explicó que el fuego habría sido ocasionado por un grupo de habitantes de calle que permanecía dentro de uno de los automotores, al parecer mientras consumían o manipulaban sustancias psicoactivas. Las llamas se propagaron rápidamente y alcanzaron varios metros de altura, lo que generó alarma entre los vecinos del sector. Frente a lo sucedido, el Gerente de Metrolínea exhortó a los alcaldes del área metropolitana de Bucaramanga a asumir acciones concretas y superar, en sus palabras, la desatención administrativa que durante años ha afectado al sistema de transporte masivo.
- Dormitorio y sanitario de indigentes: Varias estaciones del Sistema de Transporte Masivo vienen siendo utilizadas con fines distintos a los previstos para el servicio público. En algunos puntos, especialmente durante la noche, se han convertido en dormitorios improvisados para habitantes en situación de calle, quienes encuentran allí un techo y cierta protección frente a la intemperie. La falta de control permanente facilita que este panorama se presente. Además, algunas estaciones son usadas como sanitario informal, como escenarios para consumo de sustancias alucinógenas e incluso como lugares de acopio de material reciclable. Estas prácticas no solo afectan la imagen y el funcionamiento del sistema, sino que también generan preocupaciones en materia de salubridad, seguridad y convivencia ciudadana entre los pasajeros y vecinos de los sectores aledaños.














