Bucaramanga
Domingo 15 de marzo de 2026 - 07:30 PM

Un siglo después: el mismo rincón, otra Bucaramanga

Comparamos dos fotos, separadas por un siglo, las cuales muestran la cuadra que bordea al parque Antonia Santos Centro.

Fotografía, en inmediaciones del Parque Antonia Santos Centro, fue comparada con otra tomada en el mismo lugar, hace ya 100 años. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Fotografía, en inmediaciones del Parque Antonia Santos Centro, fue comparada con otra tomada en el mismo lugar, hace ya 100 años. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

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La comparación de dos fotografías, tal y como lo hemos hecho durante las últimas ediciones en esta sección de El Recuerdo de Vanguardia, suele ser un ejercicio silencioso, pero al mismo tiempo profundamente elocuente. Basta detener la mirada unos segundos para entender que las imágenes, aunque inmóviles, están cargadas de historias.

Frente a frente aparecen dos fotografías tomadas en el mismo lugar, en el sector del parque Antonia Santos Centro. Ambas imágenes miran hacia la misma cuadra, como si el tiempo hubiera decidido detenerse un instante para compararse a sí mismo.
Frente a frente aparecen dos fotografías tomadas en el mismo lugar, en el sector del parque Antonia Santos Centro. Ambas imágenes miran hacia la misma cuadra, como si el tiempo hubiera decidido detenerse un instante para compararse a sí mismo.

Esta vez vimos dos registros instantáneos, captados desde el costado norte del Parque Antonia Santos Centro, entre las calles 33 y 31. Una de las fotos fue tomada hace un siglo, en 1926; la otra, apenas ayer. Separadas por los referidos cien años, ambas retratan el mismo rincón de Bucaramanga, aunque el tiempo, paciente y obstinado, ha ido dejando su huella en cada detalle.

En la fotografía antigua la escena parece respirar calma. El suelo, lejos del asfalto actual, muestra una vía modesta, casi doméstica, bordeada por viviendas que parecían pensadas para la vida tranquila del barrio. No se percibe el apuro de la ciudad moderna. El tránsito era inexistente y el paisaje urbano se construía más con el sonido de las conversaciones entre vecinos y el paso ocasional de algún carruaje que con el rugido de los motores que hoy dominan la ciudad.

La imagen actual, tomada ayer desde el mismo punto, cuenta una historia distinta. El asfalto domina la escena y sobre él reposan carros estacionados mientras otros vehículos cruzan el sector con prisa. No es casualidad: este punto se convirtió con el paso de los años en un engranaje clave para la movilidad del centro de Bucaramanga. Lo que antes fue un rincón sereno del vecindario hoy es un corredor urbano donde el movimiento parece no detenerse. (Le puede interesar: Bucaramanga, Ayer y Hoy: dos fotos, una calle que se ‘partió’)

Entre ambos tiempos, sin embargo, hay un testigo que se resiste a desaparecer: el propio Parque Antonia Santos Centro. Aunque ha sido objeto de remodelaciones y ajustes propios del paso de los años, todavía conserva parte de su estructura original. En ese costado hoy se levanta otras áreas y se notan las mejoras que trae cada época, pero también hay que decirlo: el escenario sigue cargando ese aire de abandono que a veces envuelve a varios espacios históricos del centro de la ciudad.

Las viviendas que en la vieja fotografía formaban una tranquila hilera residencial de casonas también cambiaron su destino con el paso del tiempo. Con el avance del desarrollo urbano, casi todas dejaron de ser casas familiares para transformarse en locales y espacios de uso comercial. Donde antes había puertas abiertas al vecindario, corredores frescos y ventanas que daban a la calle, hoy aparecen vitrinas, avisos y el incesante ir y venir propio del comercio del centro.

Viejo registro de la Casa Wessels. (Archivo/VANGUARDIA)
Viejo registro de la Casa Wessels. (Archivo/VANGUARDIA)

Pero si se observa con detenimiento el fondo de ambas imágenes, aparece una presencia que conecta el pasado con el presente. Allí se distingue, casi intacta, una de las edificaciones más emblemáticas de la Bucaramanga de antaño: la Casa Quinta Wessels.

La construcción, aunque ha tenido ligeros retoques inevitables con el paso de las décadas, conserva su esencia. Ha logrado ‘sobrevivir’ al desarrollo urbanístico que transformó el sector. Hoy funciona como sede de la Liga Santandereana contra el Cáncer y sigue siendo una verdadera joya arquitectónica que resguarda, entre sus muros, la memoria de la familia alemana que un día decidió echar raíces en Bucaramanga.

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Sus paredes, sus balcones y su silueta inconfundible parecen recordarle a la ciudad que no todo desaparece con el paso del progreso. Algunas edificaciones, como los viejos árboles, permanecen firmes mientras a su alrededor cambia el paisaje, los sonidos y hasta la manera de habitar la ciudad.

Al final, estas dos fotografías no solo muestran cambios en calles y edificaciones. Son, en realidad, un espejo del paso del tiempo. En ellas conviven la Bucaramanga tranquila de ayer y la ciudad dinámica de hoy, separadas por un siglo, pero unidas por pequeños vestigios que se niegan a desaparecer y que todavía susurran historias a quienes se detienen a mirar con calma, como si en cada rincón aún quedara suspendido un fragmento de la memoria de la ciudad.

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