Los niños fueron los grandes protagonistas de una jornada de salud liderada por la UDES.

El murmullo alegre de los niños llenaba los pasillos del Colegio Niño Jesús de Praga. No era un día cualquiera: la celebración del Día del Niño se convirtió en una oportunidad para algo más profundo que los juegos y las risas habituales. En medio de colores, dinámicas y curiosidad infantil, se tejía una experiencia que hablaba de cuidado, prevención y futuro.

Hasta allí llegaron los estudiantes del programa de Fonoaudiología de la Universidad de Santander, UDES, con una misión clara: acercar a los más pequeños al conocimiento de su propio cuerpo, específicamente al valor de la audición. Pero no lo hicieron desde la rigidez de una clase tradicional, sino desde el lenguaje que mejor entienden los niños: el juego.
Entre actividades lúdicas y momentos de interacción, los participantes comenzaron a descubrir que el oído no solo sirve para escuchar sonidos, sino que es clave para aprender a hablar, comunicarse y relacionarse con el mundo que los rodea. Cada dinámica despertaba preguntas, risas y, sobre todo, conciencia. (Lea además: En la UDES, más de 130 rectores hablan de los retos de la inclusión escolar en Bucaramanga)
En ese ambiente festivo, propio del Día del Niño, también hubo espacio para mensajes fundamentales. Los futuros profesionales de la salud compartieron recomendaciones sencillas pero esenciales: limpiar únicamente la parte externa del oído después del baño, evitar introducir objetos que puedan causar daño, alejarse de ruidos fuertes o del uso prolongado de audífonos a alto volumen, y reconocer señales de alerta como dolor, picazón o sensación de oído tapado.

Más que una lista de indicaciones, estas enseñanzas se integraron en juegos y actividades que permitieron a los niños apropiarse de ellas de manera natural. Así, mientras celebraban esta fecha especial, también aprendían a cuidarse.
La jornada dejó ver algo más allá de la actividad puntual: la importancia de sembrar hábitos saludables desde la infancia. Es en esta etapa donde las prácticas de autocuidado comienzan a arraigarse, marcando el camino hacia una vida más consciente y saludable.
De igual forma, el encuentro evidenció el valor del trabajo conjunto entre la escuela y los profesionales en formación, creando espacios que no solo educan, sino que también protegen. En medio de risas y aprendizajes, se fortaleció una red de cuidado que vela por el bienestar integral de los niños.

Al final del día, entre despedidas y sonrisas, quedó claro que celebrar la niñez también implica protegerla. Y en cada oído cuidado, en cada hábito aprendido, se construye una mejor forma de escuchar el mundo y de habitarlo.













