En el corazón de Bucaramanga permanece un parque que guarda siglos de memoria, historia y homenaje a la identidad santandereana. ¡Así ha sido su transformación a través del tiempo!

Antes de hablar del Parque García Rovira es preciso recordar al hombre que inspiró su nombre: José Custodio Cayetano García Rovira, uno de los grandes protagonistas de la gesta independentista y un patriota nacido en Bucaramanga. Su trayectoria lo llevó a ocupar importantes cargos durante los primeros años de la República, entre ellos el de gobernador del Socorro en 1812, y posteriormente a convertirse en una figura representativa de la lucha libertadora.
El homenaje que se le hizo a él y que hoy permanece en el corazón de la ciudad no fue gratuito, pues García Rovira nació muy cerca del lugar donde fue construido el parque. Su casa, situada en la carrera 9 con calle 35 esquina, una cuadra más abajo del actual escenario, permanece como un testimonio histórico que, lamentablemente, enfrenta un preocupante deterioro por la falta de conservación.

Antes de convertirse en uno de los espacios públicos más emblemáticos de Bucaramanga, este lugar tuvo una función muy distinta. Durante el siglo XIX allí funcionó una improvisada plaza de mercado a la que llegaban labriegos para ofrecer sus productos, en una época en la que la ciudad apenas comenzaba a consolidarse como una pequeña comunidad.
Entre las décadas de 1870 y 1880, el sitio se transformó en el principal centro de intercambio comercial y también en un punto de encuentro para las actividades políticas y sociales de la población. No era parque, era una plaza.
Entre palmeras y recuerdos

En la sección de ‘Bucaramanga, Ayer y Hoy’ se evoca precisamente esta historia, la transformación de un antiguo espacio de comercio en un escenario destinado al encuentro ciudadano y a la memoria colectiva.
La idea de convertir esta zona en un parque surgió hacia 1886, cuando las autoridades decidieron trasladar la plaza de mercado a otro sector de la ciudad y renovar el lugar para crear un espacio dedicado al recreo público. Así comenzó la construcción de uno de los primeros parques de Bucaramanga, concebido como un símbolo de renovación después de los difíciles años que dejó la Guerra de los Mil Días.

En 1900, el Concejo de Bucaramanga destinó cerca de diez mil pesos de la época para la adecuación del parque y la construcción del monumento dedicado a García Rovira. Sin embargo, las dificultades relacionadas con el terreno retrasaron el inicio de las obras, que finalmente comenzaron en 1902 bajo la gestión del gobernador Alejandro Peña Solano. El proyecto buscaba devolverle a la ciudadanía un espacio de reunión y esperanza.

El parque fue inaugurado oficialmente el 2 de enero de 1907, aunque para ese momento aún faltaba su elemento principal: la escultura del prócer santandereano.
Publicidad

La obra fue encargada al escultor alemán Xavier Arnold, quien la elaboró en sus talleres de Hamburgo. Debido a problemas económicos y logísticos para trasladarla hasta Colombia, la estatua permaneció durante varios años en un muelle de Alemania, donde llegó a ser conocida por algunos habitantes como “el navegante”, pues parecía esperar su viaje mirando hacia el océano. Finalmente, en 1910 llegó a Bucaramanga y fue instalada en el centro del parque.

La escultura representa a García Rovira de pie, vestido con uniforme militar, mirando al frente y señalando hacia el oriente con su brazo izquierdo, mientras sostiene una espada con la mano derecha. Su figura descansa sobre un elaborado pedestal compuesto por piedra blanca calcárea, granito rojo, cuarzo azul y mármol. En la parte frontal aparece un águila imperial en relieve y la inscripción “¡Firmes Cachirí!”, frase que durante mucho tiempo fue atribuida al prócer, aunque investigaciones históricas posteriores han señalado que no existe evidencia de que García Rovira hubiera pronunciado esas palabras.

Con el paso del tiempo, el Parque ha experimentado varias transformaciones. En sus primeros años estuvo rodeado por rejas y acompañado de pequeños árboles que protegían el monumento.
La primera gran remodelación ocurrió en 1928, cuando se retiraron el jardín y las cercas que rodeaban la escultura, además de instalarse cuatro leones de piedra en sus costados.
En 1960 estas figuras fueron retiradas y posteriormente el parque continuó recibiendo intervenciones relacionadas con sus bancas, iluminación y senderos.

A pesar de las modificaciones realizadas por diferentes administraciones, el parque conserva la esencia de su diseño original, inspirado en las plazas tradicionales de Europa. Vista desde lo alto, su estructura mantiene una forma cuadrada atravesada por senderos diagonales que convergen en el monumento de García Rovira, rodeado por zonas verdes y grandes palmeras que han acompañado su historia durante más de un siglo.

Más que un espacio físico, el Parque García Rovira representa una parte fundamental de la memoria de Bucaramanga. Rodeado por instituciones como la Gobernación de Santander y la Alcaldía de Bucaramanga, ha sido escenario de actos oficiales, encuentros ciudadanos y momentos importantes de la vida política y cultural de la región. Por allí han pasado varias generaciones de bumangueses y visitantes que han encontrado en este lugar un punto de referencia de la identidad local. (Le puede interesar / Una joya centenaria vuelve a latir en Bucaramanga: ¡Restauran la Casa Streithorst!)
Su valor no está únicamente en la belleza de su arquitectura o en la presencia de la primera gran escultura pública de la ciudad, sino en las historias que guarda cada rincón. Conservar y reconocer espacios como el Parque García Rovira significa proteger la memoria, el patrimonio y el vínculo de una comunidad con los acontecimientos que ayudaron a construir su historia.
















