Bucaramanga
Jueves 18 de noviembre de 2021 - 04:47 PM

#ArchivoVanguardia: El surgimiento y el ocaso del Club de Profesionales de Bucaramanga

En la Bucaramanga de la década de los 50, cuando los clubes Campestre y del Comercio eran exclusivos para los empresarios y lograron una gran fuerza en la ciudad, también nació el club Profesionales.

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Publicado por: María Lucía Bayona Flórez

Quienes estuvieron vinculados a los comienzos del Club de Profesionales de Santander, que en su mayoría fueron jóvenes empresarios, cuentan que fueron aproximadamente 50 personas las que fundaron este espacio, que ya existía en otras ciudades del país. La mensualidad llegaba a ser la mitad de lo que se pagaba en otros clubes, lo que era más llamativo para los interesados.

Para ello fue instalada una sede, probablemente arrendada en sus inicios, en la carrera 27 entre calles 34 y 35 en una antigua casa de dos niveles, donde funcionó hasta 1966. Luego se logró la compra de los primeros lotes en la calle 44 con carrera 34, sede emblema que permaneció para los empresarios por más de 50 años hasta su cierre.

En este nuevo espacio se construyó la piscina, cuenta el abogado Iván Ortega Motta, donde la alberca era principalmente para los hijos de los socios. “Pero como la mayoría éramos solteros no teníamos a quien llevar. Después de que nos casamos pudimos llevar a nuestras familias”, agregó. Además, contó con un par de salones que conformaban una “L” alrededor de la piscina.

Con el tiempo fue creciendo y se compró casi la totalidad de la manzana, dice el arquitecto Antonio José Díaz.

Iniciando la década de los 80 se amplió la creación de espacios como el restaurante, billares, cuatro canchas de bolos americanos, un salón de espectáculos y zonas húmedas como turco, sauna y jacuzzi, zonas de completo entretenimiento para los cerca de 700 miembros que alcanzó a tener el club.

Incluso, quienes concurrían el lugar destacan el restaurante y los platos internacionales que allí se encontraban, que eran “únicos y deliciosos”, al igual que las empanadas que acompañaban los chapuzones en la piscina y las tardes en los bolos.

Fiestas y eventos que quedaron en el recuerdo

Entre lo emblemático que marcó al Profesionales están los bailes y actividades que allí se realizaron. El gestor cultural Omar Mateus, fue uno de los encargados de darle vida a las fiestas que cientos de bumangueses pudieron disfrutar por más de 20 años.

Orquestas, mariachis, agrupaciones famosas del momento y diferentes músicos visitaron el salón de espectáculos para ambientar cada encuentro de los socios y ciudadanos.

Díaz recuerda que entre las celebraciones más marcadas de este club estaba la simbólica fiesta ‘Rojo y Negro’, cuya condición de ingreso era vestir prendas de esos colores. “Si una persona iba y no cumplía con el código de color, no podía entrar. Por eso en el club se llegó a vender camisas y blusas para ‘salir del paso’ y solucionar el problema”, agregó Mateus.

También llevaban a cabo fiestas con diferentes temáticas: románticas con boleros, aniversario del Club, año nuevo, noches de tango, flamenco, e incluso fiestas infantiles.

“Pero poco a poco se acabaron las fiestas y la elegancia de estas, tal vez por las condiciones económicas de los socios que no querían comprar trajes ni vestidos costosos para una sola noche”, indicó Mateus.

Un declive sin retorno

El Club de Profesionales de Santander enfrentó diferentes crisis económicas que afectaron su funcionamiento, hasta el cierre que tuvo lugar hace cerca de cinco años.

Óscar Puentes, gerente del establecimiento a finales de los años 70, señala que la reforma Tributaria del Gobierno de Alfonso López Michelsen, afectó el funcionamiento del club.

“Con la reforma de López Michelsen se crearon los impuestos a las ventas y los clubes fueron grabados con el 35%, eso provocó un retiro masivo de casi 300 socios. Para esa época yo asumí la gerencia y tuvimos que hacer varias estrategias para mantener el club”, expresa Puentes.

En la década de los 80, para aumentar sus ingresos, se creó una taberna en el costado oriental de la entrada llamada ‘Grill’, cuyo ingreso era libre al público. Un bar, con música en vivo, un ambiente llamativo y de total diversión cautivó a los jóvenes de la época, por lo que fue un lugar bastante concurrido y un importante punto de referencia social de la ciudad.

Pero los últimos años predijeron su cierre. Hernán Hernández Peñalosa, quien fue socio los últimos 30 años, afirma que la crisis final se debió a las costumbres generacionales, pues las personas hoy en día no buscan un club como entretenimiento ya que muchos servicios que allí se ofrecen pueden encontrarse hasta en los conjuntos residenciales.

En 2018, la Universidad Industrial de Santander contempló adquirir el predio para ubicar allí una sede del Instituto de Lenguas y otra para los programas de posgrado. Pero no hay alguna decisión concreta.

Fabián Hernández
Fabián Hernández

A la fecha el predio se mantiene en abandono y no hay claridad de lo que sucederá con el lote, pues hace cerca de 10 años se creyó que por su ubicación podría ser un gran potencial para adecuar nuevos espacios como un centro comercial, pero hasta el momento no se ha definido su futuro.

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Publicado por: María Lucía Bayona Flórez

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