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Editorial
Lunes 01 de junio de 2026 - 01:00 AM

El peligroso juego de Petro

Publicado por: Editorial

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La victoria de Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda en la primera vuelta electoral puede interpretarse como la expresión de una ciudadanía que ayer decidió ponerle fin a la indiferencia y al cansancio y salió a las urnas a expresar su voluntad soberana. La jornada se desarrolló en completa paz, sin los fantasmas de la violencia que tantas veces en el pasado empañaron nuestros procesos democráticos, y con una transparencia en el preconteo que la Registraduría supo garantizar minuto a minuto.

Por ello, resulta inadmisible la postura del presidente de la República, Gustavo Petro, quien anoche manifestó su rechazo a los resultados del preconteo de esta primera vuelta presidencial. A través de un mensaje en su cuenta de X, el mandatario arremetió contra el proceso electoral afirmando, sin sustento ni pruebas, presuntas irregularidades relacionadas con el software utilizado para la consolidación de los resultados.

Con este pronunciamiento, el jefe de Estado incurre una vez más en una retórica de confrontación que polariza a un país cuya jornada electoral fue transparente y estuvo plenamente respaldada por cientos de observadores internacionales.

La declaración de Petro, sin precedentes en la historia política reciente del país, profundiza una polarización que fractura a la sociedad de cara a la segunda vuelta presidencial. En un momento en que el país requiere argumentos, debates estructurados y propuestas serias, sembrar dudas sobre el sistema electoral solo debilita la confianza ciudadana ante la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio.

En una democracia, la voluntad ciudadana encarna un mandato exigente, y quienes ahora comienzan el trabajo hacia la segunda vuelta deben entenderlo con la gravedad que el momento histórico reclama. Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda tienen por delante tres semanas que no admiten titubeos ni cálculos mezquinos, porque la ciudadanía les ha entregado una segunda oportunidad, no un privilegio simplemente.

La campaña que viene debe ser un ejercicio de honestidad, en el que las ideas se enfrenten a las ideas y los programas se expongan al escrutinio más exhaustivo posible, cerrándole el paso a los enfrentamientos incendiarios en las redes sociales, pues cualquier desvío hacia la descalificación personal o la declaración altisonante será una traición a la confianza depositada ayer por millones de colombianos que esperan que ahora sí se dé un debate de altura.

La segunda vuelta presidencial es la ocasión precisa para que cada aspirante presente ante la nación los contenidos concretos de su programa de gobierno, con argumentos sólidos y con la valentía de someterlos a la crítica del adversario. Los ciudadanos no aceptan que esta nueva fase proselitista se dé con medias verdades o promesas irreales; por el contrario, tienen derecho a conocer, comparar, sopesar y decidir con toda la información al alcance de la mano.

Por eso, los candidatos deben esforzarse porque en estos 21 días se den finalmente encuentros cara a cara en los que abunden los argumentos y se eliminen las injurias; la ciudadanía espera debates en los que sobresalga la claridad de quien sabe que gobernar es un asunto de responsabilidades, no de ocurrencias. La democracia madura se alimenta de contrastes, no de confrontaciones.

Pero, además, la transparencia no puede limitarse a los discursos ni a los debates televisados, sino que debe atravesar cada poro de esta meteórica campaña electoral. Los movimientos financieros, las fuentes de los recursos, los contratos con asesores, el acatamiento puntual a las autoridades electorales y de control: todo debe ser puesto sobre la mesa sin sombras ni evasivas. Cualquier opacidad en estas tres semanas sería una forma de traición a un país que ha luchado tanto por construir una democracia confiable, y los candidatos saben que la ciudadanía ya no tolera los viejos trucos de la política tradicional.

Si Iván Cepeda y Abelardo de La Espriella logran hacerlo, si realmente se deciden a debatir con altura, a exponer sus programas sin esguinces, a financiarse con transparencia y a respetar cada regla del juego democrático, entonces el 21 de junio podremos decir que Colombia ha vivido una jornada electoral seria y confiable.

Las mayorías que se expresen ese día no serán las del rencor ni las del miedo, sino las de una conciencia colectiva que habrá sopesado cada propuesta, cada perfil, cada compromiso. Será el triunfo de la madurez sobre la demagogia, de la responsabilidad sobre el oportunismo y de un país que por fin decide tomar las riendas de su destino sin atajos ni falsedades.

Publicado por: Editorial

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