domingo 20 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga del ayer: La extinta casa de las tías Barco

Estamos desempolvando el baúl de los recuerdos para rememorar la historia de la capital santandereana. Recuerden que en el ayer se descubren esos ‘pilares’ que nos acompañan hoy y que, con seguridad, regirán nuestro futuro.
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Era una bonita casona. En ella se escribieron memorables páginas de la otrora Bucaramanga. Y aunque durante décadas se resistió a caer, al final fue el desarrollo urbanístico el que la hizo trastabillar, tanto que terminó sepultada.

Hablamos de la casa de las famosas tías Barco: María Adelina y Andrelina, quienes fueran las parientes lejanas del ya desaparecido Presidente de Colombia, Virgilio Barco Vargas.

La hermosa vivienda, de acuerdo con la nomenclatura antigua, estaba en la Carrera 26A con Calle 50. Hoy, en ese mismo sitio, pero con el rótulo de la Carrera 27 con Calle 48, se adecuó un edificio bautizado Portal del Parque. Es de diez pisos.

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La casa del ayer era muy distinta a lo que hoy apreciamos en ese mismo lugar: solo tenía dos pisos y estaba en un área esquinera. De su estructura fueron muy famosos sus balcones.

Los historiadores aseguran que esa vivienda fue construida por la Familia Barco Rodríguez, en la década de los años 20. Para entonces el lugar era algo así como una zona ‘retirada’ del Centro de Bucaramanga.

Aunque no lo crea, se veía como una casa de veraneo y al mejor estilo de las grandes haciendas. Su localización era y sigue siendo estratégica; también se recuerda que fue una de las primeras casas de la ciudad que se construyó con dos pisos.

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La calidad de la ornamentación y el respeto que se profesaba en ese entonces por el espacio público la hacía ver imponente. Pertenecía a un tipo de diseño urbano, cuando se pensaba en una Bucaramanga abierta con perfiles de vías totalmente humanizados, donde aparecían los jardines interiores, rematados por el típico antejardín, así como el andén.

Fue hecha con tejas de barro, pero su diseño estaba inspirado en las edificaciones europeas de finales del Siglo XIX.

En ella también resaltaban los diseños del trabajo de madera y los de su fachada, a través de arcos. La severa elegancia, la prudente disposición de sus áreas y los altos grados de limpieza que en ella se respiraban, hacían de su arquitectura algo sobresaliente y destacado en la capital santandereana.

De hecho, todo el que pasaba por allí tenía que ver con esta casona. Además, una hermosa lámpara urbana, acondicionada sobre el jardín de la casa, impactaba y le daba mucha luz a la cuadra.

¡Claro está que también era bella por dentro! En su interior los pisos y los muebles eran importados; lo propio pasaba con las cortinas y demás enseres.

A pesar de la variedad estilística, en ella se manifestó una gran transformación en la vida cotidiana, pues el predio mostró la separación del área del núcleo familiar, del servicio doméstico. Una característica era que el patio interior desaparecía y los jardines exteriores rodeaban la residencia.

De acuerdo con las estadísticas de comienzos del siglo pasado, en la ciudad existían apenas 112 autos y uno de ellos era de los Barco. También ‘rodaban’ 44 carros de servicio particular, apenas 13 motocicletas, 66 carros de dos ruedas, 236 de mano y 100 bicicletas.

Vale decir que la casa pasó de manos de los Barco a la prestigiosa familia de Zoilo Zuleta.

¡Hasta aquí la historia de otra edificación histórica!

Quienes vivimos con la añoranza de conocer y poder ver a Bucaramanga con otros ojos, los del ayer, tenemos la sensación de que algo se debe hacer antes de seguir perdiendo la memoria urbana de nuestra capital santandereana.

Porque la historia de la arquitectura e ingeniería colombiana ha sido de manera periódica victimizada por las generaciones que, de manera sucesiva, han destruido los rastros del pasado. Aunque nos tienen en un presente moderno, estamos sin raíces.

LAS CONSTRUCCIONES, A TRAVÉS DEL TIEMPO

1920-1930

La crisis económica produce un estancamiento en la actividad constructora y ella no se reanuda sino hasta bien entrados los anos 30. El proceso de sustitución de importaciones, que se cumple en varios renglones de la industria colombiana, se hace sentir también en la construcción.

AÑOS 30 y 40

La arquitectura en los años 30 y 40 se hace con base en modelos extraídos de la arquitectura de diversos países. Aún así y en medio de tantas ‘copias’, la construcción local adquiere un estilo propio que, incluso, logra robarse la admiración de la comunidad bumanguesa.

AÑOS 40 Y 60

En la ciudad se produce una considerable densificación por la subdivisión de los solares existentes, creando un nuevo tipo de lote alargado. Las antiguas casas se dividen para darle paso a una renovación urbana espontánea, de grandes proporciones.

AÑOS 70

El gobierno adopta importantes medidas financieras con el fin de poner la industria de la construcción como motor de desarrollo. Por eso, aumenta de manera vertical la cantidad de edificaciones en Bucaramanga. La arquitectura, en su mayoría, se pliega a las nuevas condiciones económicas.

AÑOS 80-90

Las necesidades de nuevas viviendas aumentan a mayor velocidad de la que pueden proveer los organismos estatales. La Ciudadela Real de Minas invade de edificios las antiguas pistas del aeropuerto Gómez Niño. Las urbanizaciones se multiplican.

EL NUEVO SIGLO

La ciudad crece a pasos agigantados. Los expertos sostienen que no hay espacio para la construcción de nuevos barrios. Hay 302 sectores constituidos de manera formal. Al lado de ellos se han levantado 310 conjuntos residenciales, sin contar los edificios habilitados como áreas comerciales.

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