Un hombre de raíces campesinas regresó a las aulas y hoy lucha por su sueño de seguir estudiando y de graduarse como estudiante destacado de la UIS.



Publicado por: Milton Velosa Araque
Andelfo Gélvez Montes es un pamplonés nacido en 1949. Se crió entre cultivos de hortalizas, animales y herramientas para labrar el campo. Su papá le enseñó cómo hacer brotar vida de la tierra.
Por azares del destino llegó a sus nueve años cumplidos a Bucaramanga, en donde se desarrolló como deportista, ambientalista y ahora como universitario.
Fue boxeador con el profesor Rafael Luna, se apasionó con las pesas en el gimnasio Atlas y practicó gimnasia en el coliseo Atahualpa Ibarra de Bucaramanga. Don Andelfo también hace artesanías en madera, restaura bancas y farolas.
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Su amor por la tierra lo hizo buscar capacitación con la CDMB en cuidado de árboles y pastos, por lo que se convirtió en uno de los primeros cuidaparques de la ciudad, labor que desempeñó entre 2012 y 2015. Embelleció y restauró, entre otros, el parque Bolívar y los de los barrios Diamante II y La Floresta.
Por convicción, desde niño se consagró a Dios. No se casó, no tuvo hijos, pero dedicó su vida al servicio de los demás. Vivió y ayudó en Fundeluz, una asociación que cuida a ancianos, luego estuvo en el Asilo San Antonio donde fue jardinero, ayudó en la cocina y hasta llevó a los adultos mayores de este centro a citas médicas. Actualmente reside en el Centro de Bienestar Teresa de Jesús, donde colabora en tareas varias.
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Sin embargo, Gélvez Montes tenía un sueño más grande, prepararse en las labores de campo en las que ayudaba a su familia, pero esta vez de manera profesional.
En 2016 se preparó para volver a las aulas. Ese año presentó las Pruebas Saber y obtuvo un destacado puntaje que le sirvió para acudir a la Alcaldía de Bucaramanga y postularse para una beca. Salió favorecido.
Este ‘piloso’ estudiante arrancó, en 2017, sus estudios de técnico agropecuario en el Instituto de Proyección Regional y Educación a Distancia (IPRED) de la UIS en la sede de Piedecuesta. “Con la beca del 100% estudié cuatro semestres y en 2018 obtuve mi título”, expresó.
No obstante, la falta de oportunidades laborales en el mercado, achacadas a su edad por los empleadores, lo hizo suspender por cerca de cuatro años la continuación hacia la formación tecnológica.
El año anterior, una funcionaria de la Universidad Industrial de Santander lo llamó y le dijo que si quería continuar su carrera. Andelfo lo pensó, pidió direccionamiento a Dios, y adelantó las solicitudes para volver a las aulas.
El 29 de julio pasado arrancó con el quinto semestre enfocado hacia Tecnología Agroindustrial. Cada sábado asiste sin falta entre las 8:00 a.m. y la 1:00 p.m. a sus clases presenciales en la sede de Guatiguará.
“Es un desafío fantástico interactuar y estudiar con la gente joven. Algunos me ven como ejemplo, me dicen que soy un guerrero. También, un amigo de una fundación, al verme estudiar, me está ayudando con lo del desayuno y el almuerzo, por eso sigo adelante con una fe inquebrantable”, destacó el estudiante.
Aunque ha aprendido todo lo relacionado con manejo de animales y de plantas, don Andelfo tiene su horizonte claro: enfocará su proyecto de grado en el desarrollo de abono orgánico a base de boñiga, estiércol y heces de cabro para aplicarlo en cultivos de hortalizas.
Aunque su grado será en 2023, ya tiene ofertas de trabajo. Una amiga suya le ofreció administrar una finca de 33 hectáreas en Tona: “Quiero poner mis talentos y capacidades en esta tierra, pasar lo que me queda de vida allí y ponerla a producir lo que mi creador disponga”, aseveró.















